En el
año 1827, el rey Fernando VII, en consideración a los
numerosos servicios prestados en Cuba por el famoso pintor francés
Juan Bautista Vermay de Beaume, le concedió todo el área de
terreno comprendido entre las calles de Industria, San Rafael,
Consulado y San José, para la edificación de un teatro en La Habana,
que recibió poco después el nombre de "Diorama", debido a que
durante su construcción se exhibió en uno de sus salones un diorama
que representaba el cementerio del Padre La Chaisse, en París, y en
nuestro país, el ingenio Valvanera propiedad del gran intendente
habanero conde de Villanueva, más tarde vizconde de Valvanera.
Otros afirman que este coliseo recibió el nombre de "Diorama",
porque en sus principios sirvió por espacio de algún tiempo para
espectáculos de vistas ópticas.
Aunque
de madera, la construcción de este teatro era sólida y de un estilo
muy elegante. Sus tres puertas principales miraban al oeste, y fue
admirablemente pintado todo por el propio Vermay, su dueño y
director que recibió los honores de Pintor de la Real Cámara. Se
inauguró el "Diorama" con una gran función en que tomaron parte la
Galino, la Gombarino, el violinista don Toribio
Segura, don Enrique González, violoncellista afamado, y
otros muchos artistas. Más tarde, lo ocupó la compañía del célebre
trágico español don Andrés Prieto, acompañado de Garay,
Hermosilla, Avecilla, Viñolas, Iglesias,
Covarrubias, Juan de Mata, Duclos y las
celebradas Rosa Peluffo, María Cañete, Vicenta La
Puerta, y otros actores muy conocidos.
Vermay,
que era miembro de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos
del País de La Habana, secundó notablemente al famoso intendente don
Alejandro Ramírez y Blanco, de grato recuerdo en Cuba, no
sólo en la creación de la Escuela de Pintura y Dibujo de San
Alejandro, de la cual fue su director por espacio de diez y ocho
años, sino en el establecimiento de varias escuelas dominicales que
permitió en su "Diorama", el cual puso siempre a disposición con
gran entusiasmo y generosidad, al fausto y engrandecimiento de las
Bellas Artes.
Además
de gran pintor, Vermay, era arquitecto, escritor, músico y
poeta. Llegó a escribir versos castellanos bellísimos, y tradujo con
Tárraga el "Hernani" de Víctor Hugo, que quedó
inédito. Desde su fallecimiento ocurrido el 30 de marzo de 1833,
empezaron a ocupar el "Diorama" algunas compañías de versos de las
ambulantes que solían visitar a Cuba en aquella época, hasta que por
los años 1842 y 43, fue destinado este teatro para cuartel de
serenos con alojamiento para el comandante del Cuerpo, y su pequeña
oficina, y el de los comandantes de las brigadas de los mismos,
sirviendo también de depósito de sus luces, vestuario e
instrumentos, medida que se adoptó a causa de que el teatro de
"Villanueva", fabricado por ese tiempo, había dejado al "Diorama"
sin concurrencia.
El
terrible huracán que azotó a La Habana el 10 de octubre de 1846,
ocasionó grandes desperfectos al ex teatro "Diorama" (también
destruyó al "Principal" situado en la Alameda de Paula), que fue
derribado por orden del Gobierno, a pesar de hallarse no todo en mal
estado, tanto que su desbarate importó más a sus dueños, que lo que
tal vez les hubiese costado su reparación, y en los terrenos que
ocupaba, se levantaron en pocos años varios edificios destinados a
toda clase de establecimientos, entre ellos, el conocido restaurante
"El Palacio de Cristal", en cuyos altos se encontraba el alegre
teatro "Cervantes".
En uno
de los cuadros que Vermay pintó en La Habana para el
"Templete", se ven cien retratos de las personas más ilustres de
aquella época, entre ellas, el obispo Espada, el capitán
general Vives, el marqués de Prado-Ameno, los
condes de Fernandina, San Esteban de Cañongo, O'Reilly
y los señores de Arango y Parreño, O'Farrill,
O'Gavan, Montalvo, de la Torre y Cárdenas;
el Ayuntamiento en pleno y el mismo Vermay con lápiz en la
mano haciendo el croquis de la procesión dando la espalda al
espectador, y a don Ramón de la Sagra, distinguido periodista
catalán y director del Jardín Botánico, que no fue nunca su buen
amigo. A la izquierda de este cuadro aparece un grupo de señoras
entre las que se distinguen las de O'Farrill, Montalvo, Cárdenas
y Madame Vermay.
El 13
de julio de 1888, el periódico la "Iberia" publicó sobre Vermay
lo siguiente: "Sus discípulos le costearon el entierro y sepulcro,
sobre cuya losa de blanco mármol y entre el cuadro de baranda de
hierro que los cercan, grabó el cincel estos versos del inspirado
Heredia, alumno y amigo del gran artista francés:
Vermay
reposa aquí. Solo lumbre pura del entusiasmo iluminó su frente; un
alma tuvo cándida y ardiente, de artista al corazón y la ternura.
Era
pintor; sembrado en nuestro suelo dejó su arte el germen poderoso y
en todo pecho blando y generoso, amor profundo, turbación y duelo.
Debemos recordar, que, a la muerte del conocido pintor italiano
José Perovani, fue recomendado Vermay por Goya al
obispo Espada, para que este notable francés, condecorado por
Napoleón I y discípulo del famoso Luis David,
concluyera las obras comenzadas por Perovani. Entonces
Vermay fue encargado en La Habana de la pintura de la Catedral y
de las iglesias del Santo Cristo y de Nuestra Señora de Guadalupe,
habiendo colocado en esta última su famoso cuadro "El Pasmo de
Sicilia", copia de Rafael, y también "La Guadalupe" y "San
Juan Bautista". Fue también autor de los conocidos lienzos que
aparecen en el "Templete", y de otros muy notables cuadros, entre
ellos, la "Virgen del Pez".
25
Enero 1948