El
almirante de galeones don Juan Bitrián de Viamonte, capitán
general y gobernador de la Isla de Cuba, tenía en la Corte por el
año 1633 al procurador Simón Fernández de Leytón, exponiendo
a la Corona distintos asuntos de interés para esta Isla, entre ellos
la construcción del Torreón de la Chorrera, con el objeto de
establecer allí piquetes que vigilasen y se opusiesen a que los
buques enemigos se surtiesen de aguas potables en el río Almendares.
Después de una inspección que realizaron el marqués de Cadereyta
y don Carlos de Ibarra, general y almirante de la Real
Armada, dispuso la Corona el 9 de octubre de 1634, que se llevará a
cabo en La Habana, entre otras obras de fortificación que se
acordaron, la construcción del Torreón de la Chorrera. Poco después,
el capitán general Francisco de Riaño y Gamboa, sucesor de
Bitrián de Viamonte en el gobierno de esta Isla, ordenó al
general Antonio de Oquendo y a varios militares veteranos e
ingenieros que a la sazón se encontraban en esta capital, a que
levantaran los planos para llevar a cabo la edificación del referido
torreón.
El 15
de septiembre de 1639, llegó a Cuba para tomar posesión de su
gobierno, el maestre de campo don Alvaro de Luna y Sarmiento,
hermano del conde de Salvatierra, el cual previendo un posible
ataque a La Habana por los holandeses, en combinación con los
portugueses, comisionó al notable ingeniero Juan Bautista
Antonelli, para que con la mayor rapidez realizara en esta plaza
distintas obras de fortificación, entre ellas, la construcción del
torreón de la Chorrera. Valiéndose Antonelli de uno planos
que 1641 había expuesto a la Corona, el general Luis Fernández de
Córdoba, emprendió la edificación del referido fuerte o torreón.
El
mencionado capitán general Luna y Sarmiento, comunicó a la
Corte en el mes de mayo de 1643, ya estará terminado en la Chorrera,
a la desembocadura del río Almendares, el fuerte que denominó “Santa
Dorotea”, y al cual dotó con once piezas de artillería. El edificio
tenía ochenta pies cuadrados por cuarenta de altura, y en vez de
escaleras, les fueron construídos unos puentes levadizos. Se le
hicieron aljibes, almacenes y barracas, teniendo capacidad, como
dijo Antonelli, para alojar a cincuenta hombres. Su primer
alcaide fue don Pedro Salgado, siendo sustituído en 1647, por
don Antonio Hurtado del Clavo.
Varios
de los alcaldes del torreon de la Chorrera, son ascendientes de
ilustres familias cubanas, entre ellos, don Antonio Hurtado del
Clavo, que era cuñado de don José Armenteros y Guzmán y López
de Avilés, alcalde de la Santa Hermandad, y don Antonio
Montaña y Guzmán de Armenteros, que fue gobernador del referido
fuerte y más tarde teniente del castillo de la Punta y el cual dejó
por hija a:
Doña
María Teresa Montaña y Fernández de Ocanto, que casó con don
Simón Maroto y Ruiz Guillén y los cuatro tuvieron entre otros
hijos: a doña Manuela Maroto y Montaña, que casó con el
licenciado Antonio Ponce de León y Ortiz, natural de Madrid,
teniente coronel de los Reales Ejércitos, escribano de Guerra y
Marina de la plaza de La Habana, dando origen más tarde a los
marqueses de Aguas Claras y condes de Casa Ponce de León y Maroto.
Los
valientes habaneros don Antonio Fernández Trebejo y Zaldívar
y don Luis José de Aguiar y Pérez de la Mota, coroneles del
Ejército y miembros de las mas destacadas familias del país, se
distinguieron notablemente defendiendo el torreón de la Chorrera,
cuando la guerra con Inglaterra, en que fue destruído este baluarte
por el invasor, cayendo prisionero Fernández Trebejo el 30 de
julio de 1762, al desembarcar los ingleses por este lugar para
bombardear La Habana. La toma de este torreón señala en la Historia,
el segundo desembarco que realizaron los ingleses en esta ciudad,
los cuales hicieron su asiento en San Antonio (lugar donde hoy se
encuentra el cementerio), “poniéndose buen cuidado por los dos
extremos de mar y tierra: arrimaron a esta playa de la Chorrera dos
bombardas con que empezaron a bombardear la ciudad, al mismo tiempo
que en la Cabaña plantificaron varios morteros, dirigiendo sus
bombardas al castillo de los Tres Reyes o el Morro”. Su compañero
Aguiar, también hizo prodigios de valor defendiendo el
referido torreón, resistiendo el ataque de los buques y oponiéndose
al desembarco del enemigo, hasta que se le ordenó abandonarlo, para
que no corriera la misma suerte que su valiente compañero
Fernández Trebejo. Entonces se replegó Aguiar hacia San
Lázaro, de vatio valerosamente al inglés, y viendo el daño que estos
ocasionaban desde la batería que habían improvisado en Taganana
(altura donde hoy se encuentra el hotel Nacional), los acometió con
quinientos milicianos y ciento cincuenta esclavos, de los cuales,
ciento cuatro supervivientes fueron declarados libres por su heroico
comportamiento. Aguiar desalojó poco después al enemigo de
la altura en que se habían hecho fuertes, pasando más tarde al sitio
denominado el Horcón (por donde está el actual mercado), y allí, con
igual valor, contuvo el progreso de los asaltantes desembarcados por
Cojímar. Rehusó asistir a la reunión de los jefes que se convocaron
para tratar de la capitulación de esta plaza, y luego que se entregó
ésta, se negó a reconocer al vencedor.
El
mencionado don Luis José de Aguiar y Pérez de la Mota,
coronel de infantería de los Reales Ejércitos, era además coronel de
milicias y regidor fiel ejecutor del ayuntamiento de La Habana. Por
sus heroicos hechos realizados durante la guerra con Inglaterra, el
gobierno español le hizo varias mercedes y en su honor, a una de las
principales calles de esta ciudad, se le puso su nombre.
Más
tarde, el torreón de la Chorrera, fue totalmente reconstruido, en
forma de rectángulo abaluartado, cuyos lados exteriores son de
veinte y seis varas el mayor y de veinte el menor, estando a catorce
de altura sobre el nivel del mar. Consta de dos pisos y tiene
alojamiento para veinte y ocho hombres.
Las
familias de Aguiar y de Fernández Trebejo, proceden de
Madrid y se establecieron en La Habana a principios del siglo XVII,
dando origen a una numerosa y distinguida descendencia, que ha
brillado durante varias generaciones en el clero, en el ejército y
en la administración del país.
El
citado don Antonio Fernández Trebejo y Zaldívar, coronel de
infantería de Ingenieros, jefe de la plaza de La Habana, fue además
insigne matemático, autor de un plan notable de fortificación para
esta Isla y trazó los planos del edificio de la Intendencia (donde
hoy se encuentra instalado el Tribunal Supremo de justicia de la
República), del primer teatro habanero y de otros edificios
públicos. El capitán general conde de Ricla, le encomendó la
reconstrucción del Morro, después de haber sido destrozado por los
ingleses en 1762.
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Noviembre 1946