The Cuban Genealogy Club of Miami, FL, Inc
Home  Calendar Contact Us Database GalleryNewsletterMeetingsResources

 

 

 

 

Newspaper

Del Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco

Breve Reseña de la Toma de la Plaza de La Habana

por los Ingleses

El 7 de febrero de 1761, tomó posesión del gobierno de la isla de Cuba, el mariscal de campo, don Juan de Prado y Malleza, Portocarrero y Luna, Cisneros, Girón, Bravo y Laguna, hijo segundo del marqués de Acapulco, que trajo órdenes de  llevar a cabo en la plaza de La Habana las diversas obras de fortificación que habían aconsejado a la Corona sus antecesores en el gobierno de esta Isla; pues el ilustrado monarca Don Carlos III, que a la sazón ocupaba el trono de España, pensaba declarar la guerra a Inglaterra, tan pronto como llegasen a la Península sus flotas de América cargadas de valiosos caudales.

Pero a pesar del reconocido celo del pundonoroso capitán general Prado, no pudo poner en estado de defensa a La Habana antes que los ingleses iniciaran su ataque a esta Plaza, debido a no contar con los elementos necesarios, y también por las numerosas víctimas que ocasionaba el vómito negro, introducido por primera vez en Cuba por los buques “Reina” y “América”, que llegaron a nuestro puerto procedentes de Veracruz, con caudales y algunos presidiarios que venían destinados para realizar las obras de la altura de la Cabaña, bajo el mando del capitán de navío don Juan Antonio de la Colina y Racines, que fue más tarde el primer jefe que tuvo el Apostadero de La Habana. Esta horrorosa epidemia devoró en menos de cinco meses gran parte de la guarnición de esta Plaza, y de las tripulaciones de la escuadra a las órdenes de don Gutiérrez de Hevia y Bustamante, marqués del Real Transporte, compuesta de 9 navíos con 2,000 hombres a bordo, que había llegado a La Habana para su defensa en el mes de junio de 1762.

En aquella ocasión, don Dionisio Soler era teniente rey de la plaza de La Habana, y estaban al frente de sus importantes cargos, entre otros distinguidos oficiales de mar y tierra, el teniente general conde de Superunda; el mariscal de campo don Diego Tabares, los coroneles don Carlos Caro y don Alejandro Arroyo y López del Rivero, casado este último con la ilustre habanera doña María de Jesús Montalvo y Bruñon de Vértiz, hija del famoso intendente general de Marina, don Lorenzo Montalvo Ruiz de Alarcón, conde de Macuriges; don Pedro Castejón, comandante de Marina; don Juan Cotilla, ingeniero militar, que pasó al Morro en unión del teniente de navío don Máximo Du-Bouchet, que habilitó las dos baterías de la Pastora y la plataforma de dicha fortaleza; los hermanos Baltasar y Francisco Ricaud de Tirgale, ingenieros franceses al servicio de España, fallecido este último al poco tiempo de llegar a La Habana, víctima del vómito, pero que tuvo tiempo de trazar los reductos del Morro. Al capitán de navío don Manuel Briceño, se le confió el mando del Castillo de la Punta, y al futuro héroe don Luis Vicente de Velasco e Isla, la fortaleza del Morro, con sus segundos don Francisco de Medina, don Baltasar de Montes y el valiente marqués González, todos oficiales de Marina, y durante el asedio inglés, el capitán de navío don Juan Ignacio Madariaga, fue nombrado comandante general de la isla de Cuba.

A las 8 de la mañana del 6 de junio de 1762, comenzaron a verse desde la fortaleza del Morro muchas velas, que resultaron ser numerosos navíos de línea y muchas fragatas inglesas, que venían en dirección de La Habana para atacar a esta Plaza, bajo las órdenes del almirante sir George Pockock, caballero de la Orden del Baño, con un ejército de 14,000 hombres de tropa escogida, bajo el mando del teniente general sir Augusto Keppel, tercer conde de Albemarle, vizconde de Bury, que venía en compañía de su hermano, el comodoro sir George Keppel, mariscal del campo. Este poderoso armamento fue aumentado poco después por refuerzos considerables que llegaron de New York, Jamaica y de otras posesiones inglesas.

La escuadra británica se dividió en dos grandes secciones: la primera se dirigió a Cojímar y comenzó el 7 de junio a batir su torre que en breve tiempo quedó demolida, efectuando entonces los ingleses su primer desembarco por esa playa y por Bacuranao; y la segunda sección, comenzó a bombardear el día 10, el torreón de Santa Dorotea de la Chorrera, situado en la desembocadura del río Almendares, que lo defendía el valiente coronel habanero don Antonio Fernández Trevejos y Zaldívar, distinguido ingeniero militar, auxiliado por tropas mandadas por otro valeroso coronel habanero, don Luis Jose de Aguiar y Pérez de la Mota, y por el comandante don Tomás López de Aguirre, que tuvieron que abandonar la fortaleza después de haberse cubierto de gloria en su defensa, haciendo entonces los ingleses su segundo desembarco en La Habana por ese lugar. 

Una vez perdido el débil torreón de la Chorrera, Fernández-Trevejos pasó al Morro, donde luchó hasta su rendición en que cayó prisionero, y su compañero el coronel Luis José de Aguiar, continuó batiendo al enemigo en la playa de San Lázaro y en la altura de Taganana, pasando después al sitio denominado “El Horcón”, donde con igual denuedo contuvo el progreso de los sitiadores desembarcados por Cojímar. En su honor se le puso su nombre a una calle de La Habana, “Aguiar”.

Don Luis Francisco Bassave y Espellosa, ilustre habanero, siendo capitán del segundo escuadrón de caballería de Dragones, batió al enemigo en la playa de Cojímar, y después en Guanabacoa, hasta que se ordenó abandonar esta Villa; y el coronel don Laureano Chacón y Torres, hermano del conde de Casa-Bayona, fue uno de los primeros que tuvieron encargo de armar y preparar las milicias de La Habana, y ponerse a su cabeza para organizar la defensa de esta Plaza. Con su cuerpo de milicianos ocupó el coronel Chacón el Wajay, y desde allí, con acertadas medidas impidió que los ingleses penetrasen hasta los ricos pueblos de Santiago y de Bejucal, de los que intentaban apoderarse para surtir de carnes y viandas al ejército.

Don José Antonio Gómez y Pérez-Bullones, conocido por “Pepe Antonio”, natural de Guanabacoa y jefe de sus milicias, se distinguio en esta ocasión en forma heroica: comenzó por ponerse bajo las órdenes del coronel Carlos Caro, para impedir el desembarco de los ingleses por la playa de Cojímar, pero tuvieron que retirarse en desordenada fuga, haciéndose el enemigo dueño de la villa de Guanabacoa. Entonces, el valiente “Pepe Antonio”, prescindiendo de su jefe, reunió una partida de trescientos voluntarios, armándolos y equipándolos con despojos del invasor, y con ellos batió valerosamente a los ingleses causándoles grandes bajas, los cuales llenos de terror, no se aventuraron más a salir fuera de sus campamentos. Una vez terminada la guerra, y muerto “Pepe Antonio”, fueron premiados sus servicios por Don Carlos III, otorgando a su hijo don Narciso Gómez y Soto, el oficio a perpetuidad, por juro de heredad, de alcalde mayor provincial de la Santa Hermandad de la villa de Guanabacoa, según real decreto de 3 de julio de 1765.

El distinguido habanero don Bruno José Caballero y del Barco, teniente coronel de infantería del Real Cuerpo de Ingenieros (padre del famoso presbítero don José Agustín), prestó grandes servicios en esta capital, cuando el asedio inglés de 1762 y el brigadier don Martín Esteban Aróstegui y Larrea, capitán a Guerra de la villa de Puerto Príncipe, siendo coronel de caballería de milicias de La Habana, tomó también parte muy activa en la defensa de esta Plaza. Después de la capitulación pasó a la ciudad de Trinidad, de la cual tomó el mando, resuelto a dejar reducida la conquista sólo a la plaza de La Habana.

El capitán de navío don Luis Vicente de Velasco e Isla, tomó voluntariamente el mando del Morro, inmortalizando su nombre en la defensa de esta fortaleza, muriendo de las heridas recibidas el 31 de julio de 1762, en unión de su valiente ayudante, marqués González, que fue acribillado a balazos. En consideración a sus heroicos servicios, se le concedió a don Iñigo José de Velasco e Isla, caballero de la Orden de Santiago, hermano de don Luis Vicente, el título de marqués de Velasco; y al teniente general don Francisco González de Bassecourt, marqués de Don Sicilias de Grigny, de Borghetto y de Ceballos, el título de conde del Asalto.

Uno de los que más se distinguieron durante el asedio, fue don Lorenzo Montalvo Ruíz de Alarcón más tarde conde de Macuriges, intendente general de Marina, ministro de la Fábrica de Bajeles, de la Real Hacienda y Cajas de La Habana. En la defensa del Morro, el inmortal Velasco lo llamaba “su consuelo”, pues Montalvo ideaba rápidamente los medios de reponer los descalabros que hacía la artillería enemiga, con la construcción de aplanados, conducción de pertrechos, fortificación de la loma “González o de Soto” (altura donde después se construyó el castillo de Atarés) y en otras funciones de guerra que realizó con gran peligro de su persona.

A las dos y media de la tarde del 11 de agosto de 1762, comprendiéndose lo inútil que resultaba continuar resistiéndose, se pusieron banderas de tregua en esta Capital, a cuya hora pasó al campo del enemigo el coronel don Antonio Remírez de Estenoz y Soto, (casado con la ilustre habanera doña Luisa María Sotolongo y Pérez de las Alas), sargento mayor de la plaza de La Habana, para acordar con el conde de Albemarle las bases de la capitulación.

No es posible mencionar en este pequeño artículo, a todos los miembros de la antigua nobleza del país que se distinguieron notablemente durante el asedio inglés de 1762 y que serán siempre figuras prominentes de la Historia Colonial de Cuba.

13 Junio 1948

********

Back to Del Pasado 1948 List - Page 1

Back to Del Pasado Index

 

Home

 

 

 

Calendar

 

 

 

Contact Us

 

 

 

Database

 

   

Gallery 

Newsletter Meetings Resources
   
   

© 2007 Cuban Genealogy Club of Miami, Inc., All Rights Reserved.
Any copying, redistribution or retransmission of any of the contents of this website without the express written consent of the Cuban Genealogy Club of Miami, Inc. is expressly prohibited.