La
institución que más ha contribuido en Cuba al fomento de la
instrucción pública de la prensa periódica y de las vías de
comunicación, y que más ha promovido los adelantos de la
agricultura, del comercio, de la industria popular y de todas las
demás ideas progresistas, ha sido la Real Sociedad Patriótica como
Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana.
Existía ya en Santiago de Cuba esta sociedad, cuando veinte y siete
distinguidos habaneros, pertenecientes en su inmensa mayoría a la
antigua nobleza criolla, delegaron en cuatro de sus más destacados
compañeros, señores Juan Manuel O´Farill y Herrera,
Francisco José Bassave y Cárdenas, obispo Luis de Peñalver y
Cárdenas (después primer director) e Ignacio Montalvo y
Ambulodi, conde de Casa Montalvo, para que trataran con el culto
Capitán General Luis de las Casas Aragorri, sobre la
instalación en La Habana de una Sociedad Económica de Amigos del
País, a semejanzas de las que ya existían en la Metrópoli del
brillante reinado del ilustrado monarca Carlos III y sus
inmortales ministros.
Los
comisionados encontraron una gran acogida por parte del notabilísimo
Capitán General, que no sólo accedió al establecimiento de la
Sociedad, sino que los alentó en la empresa y les prometió ayuda.
Poco después, los fundadores de la Real Sociedad Patriótica, con
arreglo al decreto de 6 de junio de 1792, efectuaron su inauguración
e instalación provisional en la Casa de Gobierno, el 9 de enero del
siguiente año, en los departamentos destinados al Ayuntamiento.
Además
de los señores anteriormente nombrados, y del Capitán General
Luis de las Casas, que había sido designado socio de honor,
protector y primer presidente de la Real Sociedad Patriótica de La
Habana, han dirigido a esta institución los cubanos más ilustres y
beneméritos de cada generación (véase la relación de sus
directores), y también han pertenecido a ella, los más preclaros
cubanos de cada época, entre ellos: el brigadier José Ricardo
O´Farrill y Herrera, que realizó un gran estudio sobre la
industria azucarera; don Francisco de Arango y Parreño,un
modelo de hombre público; el presbítero doctor José Agustín
Caballero y Rodríguez, notable orador sagrado, primer filósofo
cubano, catedrático y reformador de los estudios universitarios,
director del Real Seminario de San Carlos y San Ambrosio, y maestro
de las grandes figuras Varela, Saco y de la Luz;
el doctor Tomás Romay y Chacón, médico eminente, introductor
de la vacuna, uno de los fundadores del primer periódico publicado
en Cuba, literato, economista, principal promovedor del primer
cementerio público y director por muchos años de esta sociedad.
El
coronel Joaquín de Santa Cruz y Chacón, y el marqués de San
Felipe y Santiago, miembros fundadores de esta institución
notablemente cubana, fueron los primeros que representaron al pueblo
de Cuba en las primeras Cortes que se celebraron en Cádiz el año
1810, hasta que llegaron los propietarios don Andrés de Jáuregui
y Aróstegui y don Juan Bernardo O´Gaban y Guerra. Años
después, al efectuarse elecciones para diputados, a la Sociedad
Patriótica se le hizo un gran honor, al ser llamada para designar
ocho individuos de los dieciséis que habían de reunirse para tan
difícil cometido por los Regidores Propietarios del Ayuntamiento de
La Habana, lo que demuestra la gran importancia que ya había
adquirido este Instituto con sólo veinte años de existencia.
Varios
diputados a Cortes, miembros de esta sociedad, abogaron en distintas
ocasiones por el fomento de la población blanca y por el comercio
libre y pidieron duras penas para el tráfico de esclavos. El
presbítero Félix Varela presentó a las Cortes en 1822, un
valioso plan abolicionista de la esclavitud y el eminente publicista
doctor José Antonio Saco, miembro también de este instituto,
en un hermoso artículo llamó la atención a sus compatriotas sobre
este particular.
Por
recomendación del gran patricio Arango y Parreño, director de
esta Sociedad, fue nombrado Intendente de nuestra Real Hacienda el
benemérito Alejandro Ramírez y Blanco, director que fue más
tarde de esta corporación. En Guatemala y en Puerto Rico, habían
dejado este ilustre Intendente un grato recuerdo, y en nuestro país
prestó grandes servicios, entre ellos, el censo General de la Isla,
el desestanco del tabaco, la instalación de la Academia de Dibujo
que lleva su nombre, “San Alejandro”, la creación del Jardín
Botánico y del Museo Anatómico, de la Escuela de Química y de la
Cátedra de Economía Política, protegió la Academia de Música y
realizó otros trabajos en Cuba de gran utilidad pública. Su hijo
Wenceslao, fue marqués de Villa Urrutia y distinguido
diplomático, miembro de la Real Academia de la historia; y su nieto
el actual marqués, esta investido con la insigne Orden del Toisón
de Oro.
A esta
sociedad se deben las fundaciones de la Real Casa de Beneficencia
que empezó como “Casa de Educandas”, el Papel Periódico, la Casa de
Dementes, para varones, y por incentivar de esta misma Corporación,
el marqués de la Cañada Tirry redactó en el mes de agosto de 1830 un
informe para establecer en Cuba el primer ferrocarril, y para llevar
a cabo las obras, el conde de Villanueva, como superintendente de la
Real Hacienda, contrató un empréstito en Londres por valor de 2
millones de pesos, con su garantía personal y de la junta de
fomentos, de esta manera en 1837 empezó a funcionar el ferrocarril
hasta Bejucal, y en 1858, hasta Güines.
También esta sociedad organizó otras diputaciones en Matanzas,
Camagüey, Villaclara, Trinidad y Sancti Spiritus, distinguiéndose al
frente de la establecida en matanzas, el doctor Tomás Genér y
Buigas, abogado y diputado a Cortes; y en la de Camagüey don
Gaspar Alonso Betancourt y Cisneros, más conocido por “El
Lugareño”, distinguido escritor y periodista, que fue el principal
promovedor del ferrocarril de Camagüey a Nuevitas.
Como
dijo el sabio doctor Rafael Montoro y Valdés, abogado,
literato, obrador, diputado a Cortes, director de esta Sociedad,
Secretario de Estado y de la Presidencia de la República de Cuba y
su ministro en la Gran Bretaña: “La historia de los Amigos del País
está escrita para siempre en la piedra de nuestros monumentos, en la
tradición de nuestras escuelas, en las paralelas de nuestros
ferrocarriles, en las estancias de nuestros benéficos asilos, en las
fábricas de nuestros ingenios de azúcar, en el ondulante mar de sus
campos de caña, en el desarrollo del libre comercio, y como esté la
más luminosa todavía, en las ideas de cínica dignidad, el noble
entereza, el amor a la libertad y al progreso que forman la
conciencia de nuestro pueblo”.
El
cultísimo doctor Antonio María Eligio de la Puente y García de
Tejada, actual presidente de la Sociedad Económica de Amigos del
País de La Habana, ha realizado durante los años que lleva al frente
de esta prestigiosa institución, una labor extraordinaria, digna del
mayor aplauso, habiendo llevado a cabo entre otras grandes mejoras,
la construcción de un hermoso edificio en el Paseo de Carlos III,
que será inaugurado en el próximo mes de marzo.
15
Diciembre 1946