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Del
Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco
Seminario de San Carlos
El
constructivo y virtuoso obispo de La Habana, don Diego Evelino de
Compostela, fundó y estableció en 1689, el Colegio Seminario de
San Carlos, bajo la advocación de San Ambrosio, en una pequeña casa
que estaba situada en la calle de Compostela, junto al número 115,
donde vivió y murió este piadoso prelado, y a la cual estuvo también
contigua por el costado opuesto el colegio de San Francisco de
Sales, igualmente creado por el laborioso obispo Compostela.
La
fundación del Seminario fue aprobada por real cédula de 9 de julio
de 1692, y el cual en sus primeros tiempos sólo tenía cabida para
doce niños pobres, que servían en el altar y coro de la parroquial
Mayor de esta ciudad, educándose en los ritos y demás ceremonias de
la religión, adquiriendo de esta manera la preparación necesaria
para desempeñar mas adelante los cargos de la Iglesia. Los recursos
primitivos con que contaba esta institución se reducían a los
donativos del obispo, las limosnas del rey y del escaso vecindario
de La Habana. Los legados de algunos eclesiásticos y de otras
personas pudientes sirvieron después para asegurar un ingreso anual
que permitía sufragar los gastos de este Colegio, que fue dotado de
un rector, de un maestro de gramática latina, y de otro de canto.
Al
ocupar la mitra de Cuba el obispo don Jerónimo Valdés,
encontró que habían disminuido notablemente los ingresos del
Seminario, por lo que resolvió darle nueva vida, creándole otras
entradas y variando su primitiva organización y reglamento, fundando
las cátedras de moral, filosofía y primera de cánones con la
denominación de Colegio Seminario de San Carlos.
Ninguna nueva transformación volvió a experimentar el Seminario,
hasta que después de haber sido expulsados de La Habana los
Jesuitas, y ocupadas sus temporalidades, el Gobierno accedió a que
el obispo cubano don Santiago de Hechavarría Elguesúa y Nieto de
Villalobos, trasladase el antiguo seminario para el edificio que
ocupaba el colegio de San Ignacio, de la Compañía de Jesús, situado
al fondo de la actual Catedral, y que tiene su puerta principal por
la calle de San Ignacio, la que ostenta en relieves de piedra las
armas reales y las del fundador del Colegio.
Los
colegiales internos vestían traje morado con alzacuello, bonete,
calzas negras y beca blanca al hombro, llevando bordado sobre el
pecho el escudo de armas reales y las del obispo fundador. Los
pensionistas de número llevaban borla negra en el bonete y los
supernumerarios la llevaban blanca. En este Colegio se conserva un
retrato de cuerpo entero del virtuoso Compostela, otro del
ilustrado obispo Espada, gran protector del establecimiento, y un
cuadro de mediana ejecución representando al obispo don Pedro
Morell de Santa Cruz y Lora, llevado en hombros de los
granaderos ingleses, que de orden del conde de Abemarle le
embarcaron por fuerza en el buque que a fines de 1762 le transportó
a la Florida, por no obedecer y reconocer la dominación inglesa en
La Habana.
Entre
los principales protectores del Seminario, cuyos donativos le
permitieron aumentar el número de sus becas aparece don Jerónimo
Espinosa de Contreras y Justiz, primer conde de Gibacoa, coronel
de milicias de infantería de Matanzas y alcalde ordinario de La
Habana, el cual pertenecía a una de las principales familias de la
nobleza del país, siendo su abuelo el capitán Francisco Damián
Espinosa de Contreras y Caviedes, natural de Sevilla, que pasó a
La Habana a mediados del siglo XVII, donde desempeñó el cargo de
oficial real de Hacienda y factor principal de tabacos de la isla de
Cuba.
La
ilustre familia de Espinosa de Contreras, descendía de don
Rodrigo de Contreras, que como regidor alférez mayor de Segovia,
proclamó a Isabel la Católica como reina de Castilla, y a
quien el gran Turco, príncipe griego, escribió la siguiente
carta: “Cayo Don Tu Ben. A ti Rodrigo de Contreras, salud en el
Poderoso. He entendido de gente de tu tierra, que vives no con tanto
deleite como a ti conviene según tu linaje. Vente con tus parientes
a mí que lo que el Poderoso me dió, bastará para todos.Tú en tu ley
y yo en la mía. Traerás contigo a los hijos de cristianos, nuestros
primos, que allá también están. El Poderoso te guarde y te me deje
ver”.
El
referido primer conde de Gibacoa, casó con doña Micaela Justiz y
Zayas, y tuvieron entre otros hijos a José María, y a
Leonor Espinosa de Contreras y Justiz.
Los cuales:
1-.
Don José María Espinosa de Contreras y Justiz fue segundo
conde de Gibacoa, coronel del regimiento de caballería de Matanzas y
alcalde ordinario de La Habana. Falleció sin sucesión en esta ciudad
en 1821.
2-. Doña Leonor Espinosa de Contreras y Justiz alojó en su
palacio del Cerro, donde hoy se encuentra la “Quinta Covadonga”, a
los príncipes franceses, Luis Felipe, duque de Orleans;
al duque de Montpensier y al conde de Beaujolais,
hijos de Felipe “Igualdad”, muerto en la guillotina durante la
revolución francesa. Casó doña Leonor, a quien el príncipe Luis
Felipe llamaba “mamá Leonor”, con el doctor Domingo de la Barrera
y Espinosa de Contreras, regidor perpetuo del Ayuntamiento y
alcalde de la Santa Hermandad, y tuvieron por hija a:
Doña María de la Ascensión de la Barrera y Espinosa de Contreras,
tercera condesa de Gibacoa, quien bajo la tutela de su madre
desempeñó el cargo de regidor perpetuo del Ayuntamiento de La
Habana. Casó con el teniente coronel Miguel Antonio Herrera y
Pedroso, alcalde ordinario y de la Santa Hermandad, medio
hermano del primer conde de Fernandina, y nieto de don Gonzalo
Luis de Herrera y Berrio, cuarto marqués de Villalta, alcalde
ordinario de La Habana y director de la real factoría de tabacos de
la isla de Cuba. Debido a este enlace fue como recaló el título de
conde de Gibacoa, en la ilustre familia de Herrera, donde aún se
conserva.
4 Mayo
1947
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