El
marqués de la Sonora, era la persona más considerada en su época
como el más conocedor de los asuntos económicos de las colonias
americanas. Fue el inspirador del "Decreto sobre el libre comercio",
del año 1778, siendo el organizador de los Consulados de Comercio y
Agricultura de ultramar.
Habiéndose observado en la Isla de Cuba los buenos resultados que
había dado en Veracruz el Real Consulado de Comercio, varios
capitalistas y asentados cubanos indujeron al mariscal de campo don
Luis de las Casas y Aragorri, gobernador y capitán general de
la Isla de Cuba, fundador de la Real Sociedad Patriótica de Amigos
del País de La Habana, para dotar a esta ciudad de un
establecimiento similar al de Veracruz, que reclamaban ya a las
numerosas transacciones mercantiles que se hacía en la Isla.
Con
esa finalidad, comisionaron al inteligente cubano don Francisco
de Arango y Parreño, síndicó y apoderado del Ayuntamiento de La
Habana, para que agenciara en la Corte la fundación en esta ciudad
del Real Consulado de Comercio y Agricultura, lo que consiguió por
Real cédula de 4 de abril de 1794.
Esta
institución, era un tribunal con jurisdicción especial para todos
los asuntos mercantiles, con una junta encargada de promover los
posibles progresos en todas las materias de comercio, agricultura e
industria. Se regía por un reglamento con cincuenta y cuatro
artículos, de los cuales el veintiuno creaba una junta económica y
de gobierno compuesta de asentados y comerciantes con intendente,
prior y cónsules, y presidida por el capitán general de la Isla,
siendo el Real Consulado la verdadera cuna de lo que se llamó
después Junta de Fomento, y que tanto mereció llevar este nombre con
el que supo promover en la capital y otros pueblos. Se necesitaría
un volumen para detallar los beneficios que recibió La Habana con él
Consulado, no sólo como tribunal regulador de las cuestiones
comerciales, sino como campo protector de todos los intereses
interiores y exteriores de su mercado, sin contar en un principio
como otros elementos que el patriotismo de sus individuos y los
módicos productos que en 15 de octubre de 1794 se le concedieron
para sus empresas y gastos, de un medio por ciento sobre el valor de
todos los frutos comerciales de importación y exportación del
distrito consular que se llamó "Derecho de avería o Consulado".
Durante el primer período de vida del Real Consulado, que abrazó
desde su creación hasta 1808, esta institución prestó grandes
servicios con sus respectivos empréstitos para armar buques que
contribuyeron a la defensa del puerto y de las costas en aquel largo
período de guerras sucesivas con las dos primeras potencias
marítimas, Francia e Inglaterra. También contribuyó con sus
esfuerzos para la seguridad de la plaza y de sus transacciones
exteriores durante la larga guerra de la independencia contra
Bonaparte hasta 1814, y en medio de las constantes hostilidades
de corso y de piratería que acarreó a la Isla la triunfante y larga
insurrección de las antiguas posesiones ultramarinas. Su segundo
período de vida se cuenta desde 1808, hasta que la Junta de Fomento
se erigió en corporación separada del Consulado a regir por el nuevo
Código de Comercio entonces, sancionado el 30 de mayo de 1829,
componiéndose de un prior, dos cónsules, nueve consiliarios y un
síndico, todos con los respectivos empleados y subalternos que se
consideraron necesarios, y dependiendo desde aquella época de la
Junta de Fomento, que absorbía todas las atribuciones económicas,
sin embargo de que las dos corporaciones continuarán funcionando en
una misma localidad, como correspondía a la comunidad de su origen y
a la analogía de los objetos a que fueron destinadas. El Consulado
de La Habana gozó de gran prestigio, y la prueba de ello fue que en
más de sesenta años de existencia, raras veces y casi siempre con
poca justicia, fue revocado ninguno de sus fallos. Los individuos
que componían esta institución no disfrutaban sueldo alguno, a no
ser los empleados.
El
primer prior que tuvo el Real Consulado de La Habana fue el
brigadier don Ignacio Montalvo y Ambulodi, primer conde de
Casa-Montalvo, coronel del Regimiento de Dragones de Matanzas,
alcalde ordinario de La Habana, gentilhombre de cámara de Su
Majestad, miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País y
Caballero de la Orden de Santiago, hijo del segundo matrimonio del
primer conde de Macuriges, don Lorenzo Montalvo Ruiz de Alarcón
y de doña Teresa de Ambulodi y Arriola.
El
primer conde de Casa-Montalvo acompañó al notabilísimo cubano don
Francisco de Arango y Parreño, más tarde marqués de la Gratitud,
en sus viajes de investigación por Francia, Inglaterra y sus
colonias, con el objeto de estudiar e importar sus progresos en
nuestra Isla. Casó el conde con doña María Josefa O' Farrill y
Herrera, y tuvieron entre otros hijos, a don José Lorenzo
Montalvo y O'Farrill, que fue segundo conde de Casa-Montalvo,
poseedor del fuerte mayorazgo de su familia, teniente coronel de los
Reales Ejércitos y comandante de uno de los Escuadrones Ligeros de
la plaza de La Habana, alcalde ordinario de esta ciudad, diputado a
Cortes y Caballero de la Orden de Carlos III. Casó con doña María
Micaela Nuñez del Castillo y Espinosa de Contreras, hija del
primer conde del Castillo, Grande de España, IV marqués de San
Felipe y Santiago, adelantado y justicia mayor de la ciudad de este
Título, y dejaron entre otros hijos, a Ignacio, a Juan,
y a José de Jesús Montalvo y Núñez del Castillo. Los cuales:
1- Don
Ignacio Montalvo y Núñez del Castillo, fue tercer conde de
Casa-Montalvo. Falleció soltero en el año de 1843.
2- Don
Juan Montalvo y Núñez del Castillo, fue cuarto conde de
Casa-Montalvo, coronel del regimiento de caballería de Matanzas,
Regidor del Ayuntamiento de La Habana, procurador a Cortes, en 1837,
por el Estamento de Próceres. Falleció sin sucesión en París, el día
8 de agosto de 1859.
3- Don
José de Jesús Montalvo y Núñez del Castillo, fue quinto conde
de Casa-Montalvo, coronel del regimiento de milicias de la plaza de
La Habana, gentilhombre de cámara de Su Majestad y Caballero de la
Orden de Calatrava. Casó tres veces: la primera, con doña María
Concepción Pedroso y Pedroso, hija de los condes de Pedroso y
Garro; la segunda, con doña María Concepción Sotolongo y
González-Carvajal, y la tercera, con doña María Concepción de
la Cantera y Clark. De su primer matrimonio nacieron: María
de Jesús, María Concepción y María Ana Montalvo y
Pedroso. Las cuales: María de Jesús casó con su primo don
Ignacio Montalvo y Calvo de la Puerta; doña María
Concepción, casó con don José María Lombillo y Ramírez de
Arellano, hija de los primeros condes de Casa-Lombillo; y doña
María Ana, casó con don Alejandro Morales y Herrera,
primer conde de Morales.
Del
tercer matrimonio del conde don José de Jesús Montalvo y Núñez
del Castillo, con doña María Concepción de la Cantera y Clark,
nació entre otros hijos: don José de Jesús Montalvo y de la
Cantera, que fue sexto conde de Casa-Montalvo y Caballero de la
Orden de Santiago. Durante la revolución española de 1936, fue
asesinado en Madrid por los rojos. De su matrimonio con doña
María Trinidad Orovio y Paternina, nacieron María de la
Asunción, casada con el barón de Guía Real; María del Pilar,
casada con el marqués de Montemuzo; María del Carmen, casada
con el marqués de Brenes, y don José María Montalvo y Orovio,
que fue séptimo conde de Macuriges, muerto en la revolución española
de 1936, en los Ejércitos Nacionalistas, habiendo sido casado con
doña Josefa Careaga y Urigüen, de la casa de los condes de
Cadagua, dejando por hijos: a María de la Soledad, a
Josefa, a Yolanda y a María del Pilar Montalvo y
Careaga. De las cuales:
Doña
María de la Soledad y Montalvo y Careaga, es séptima condesa
de casa Montalvo y octava condesa de Macuriges, desde el año 1941
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Junio 1952