La
audiencia de Santo Domingo fue el primer tribunal de justicia que se
estableció en la América Española, y a la cual tenía que recurrirse
en busca de una sentencia definitiva, para todas las causas que eran
falladas por los alcaldes mayores provinciales y por los auditores
de guerra de la isla de Cuba, hasta que más tarde fue creada la
audiencia de Puerto Príncipe, la cual fue suprimida por real decreto
el 21 de octubre de 1853.
Durante el gobierno del teniente general don Joaquín de Ezpeleta
y Enrile, capitán general de la isla de Cuba, natural de La
Habana, se creó por real decreto de 16 de junio de 1838, la
audiencia pretorial de esta ciudad, la cual una vez suprimida la de
Puerto Príncipe, se convirtió en el tribunal superior de justicia de
toda la isla de Cuba. Era éste un cuerpo colegiado que sentenciaba
en apelación, compuesto en un principio por un regente (don
Fermín Gil de Linares, fue el primero), cuatro oidores, dos
fiscales, un canciller registrado, cuatro relatores, dos agentes
fiscales, tres escribanos de cámara y un procurador.
El
ilustre capitán general Ezpeleta, nació en la fortaleza del
Morro el 19 de septiembre de 1788, durante el gobierno interino en
esta isla, de su padre, el mariscal de campo don José de Ezpeleta
y Galdeano, conde de Ezpeleta de Beire. Durante su mando en
Cuba, organizó el cuerpo de bomberos de La Habana, inauguró el
teatro de tacón y concluyó el camino de hierro de La Habana a Güines.
En los
primeros tiempos, careciendo de casa propia la audiencia pretorial
de La Habana, se alojó provisionalmente en el palacio de los
capitanes generales de la Isla, en un departamento alto que hacía
esquina a la calle de Obispo y Mercaderes, donde permaneció hasta
1844, en que fue trasladada a una casa de la propiedad de un miembro
de la familia Pedroso, situada al principio de la calle de Cuba,
frente a la entrada del puerto de La Habana,
En el
mismo edificio de la audiencia pretorial de La Habana se encontraban
establecidas todas las oficinas dependientes a ella, como eran la
Real Sala de Guerra y Marina, subdelegación de Penas de Cámara y la
Junta Superior de Competencias. Las cuales:
La
Real Sala de Guerra y Marina, estaba destinada para todos los
asuntos contenciosos que ocurría en las jurisdicciones del
apostadero militar. La subdelegación Penas de Cámara, tenía
por........en esta capital, un.....general, un secretario, que era
uno de los escribanos de cámara y un alguacil. La Junta Superior de
Competencias, era para discutir todas las que suscitaban entre las
autoridades y juzgados de toda la isla, ordinarios o especiales, y
entre los juzgados de un mismo fuero que no tenían un tribunal
superior común a los competidores.
Uno de
los primeros y más distinguidos regentes que tuvo la real audiencia
pretorial de La Habana, fue el licenciado José María Zamora y
Coronado, natural de Guatemala, que fue además magistrado
honorario de la audiencia de Puerto Príncipe y director de la
Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, en una época en
que el eminente educador cubano, licenciado José Cipriano de la
Luz y Caballero, desempeñaba el cargo de vicedirector de esa
prestigiosa sociedad.
El
regente licenciado José María Zamora Coronado, escribió en La
Habana, y publicó en Madrid en 1840, el Registro de la legislación
ultramarina, especie de cedulario utilísimo, en el que se ha
clasificado con la prolija paciencia de un laborioso benedictino, el
cuerpo enorme e indigesto de la legislación ultramarina.
Casó
en Camagüey el referido licenciado Zamora, con la distinguida
doña María de los Angeles de Quesada y Guerra, perteneciente
a una de las más antiguas y nobles familias de la villa de Santa
María de Puerto Príncipe, con la que tuvo entre otros hijos a
Doña
María Dolores Zamora y Quesada, que casó con don Narciso
José de Peñalver y Peñalver, conde de Peñalver, que publicó
varias interesantes obras sobre filosofía y religión. Peñalver
era miembro destacado de una de las más ilustres familias del país,
cuyos ascendientes conquistaron por servicios realizados en Cuba,
varios títulos de Castilla, entre los que se encuentran los
marquesados de Arcos y de Casa-Peñalver, condados de Santa María de
Loreto, de San Fernando de Peñalver y de Peñalver. De su matrimonio
dejó por hijo a:
Don
Nicolás de Peñalver y Zamora, que fue conde de Peñalver, marqués
de Arcos, diputado a Cortes por Luarca y alcalde de Madrid. Falleció
sin hijos, por lo que le sucedió en los referidos títulos
nobiliarios, su hermano Enrique, que casó con su prima doña
María Zamora y Pérez de Urría, nieta del distinguido
licenciado don José María Zamora y Coronado regente de la
real audiencia pretorial de la Habana.
La
ilustre familia de Peñalver, que cuenta entre sus ascendientes
directos al doctor Diego de Peñalver Angulo y Arias, que pasó
al Nuevo Mundo con el cargo de gobernador de la isla de Jamaica,
lleva por armas en campo de oro, un águila negra posada sobre una
peña. Fue Peñalver uno de los últimos gobernadores españoles
que tuvo Jamaica, teniendo que emigrar a Cuba su hijo, el capitán
Diego Peñalver Angulo y Fuentes donde ocupó primeramente el
cargo de alcalde ordinario de Santiago de Cuba, y más tarde el de
tesorero, contador, juez oficial real de Hacienda en La Habana,
dando origen a una noble y numerosa descendencia en nuestro país.
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Mayo 1947