El
Primer Señorío de Vasallos en Cuba
Con el
objeto de contribuir al desarrollo y fomento de la isla de Cuba,
varios hacendados fundaron pueblos y ciudades en sus tierras, por lo
que fueron agraciados con títulos nobiliarios que llevaban anexo
señorío de vasallos sobre las ciudades que habían fundado a su
costo. Éstas mercedes daban al poseedor la jurisdicción civil y
criminal en Primera Instancia, anexa a la Vara de Justicia Mayor,
con el derecho de nombrar los alcaldes, regidores y demás oficiales
del Consejo.
Así
continuaron ejerciendo sus funciones durante varias generaciones los
señores con vasallaje en Cuba, hasta que por Real cédula de 21 de
agosto de 1835, fueron suprimidos definitivamente los señoríos en
nuestro país. Solamente cinco títulos nobiliarios en Cuba llevaban
anexo el señorío de Vasallos, y éstos fueron: el marquesado de San
Felipe y Santiago, los condados de Casa Bayona y de San Juan de
Jaruco, y también los marquesados los de Guisa y de Cárdenas de
Monte-Hermoso.
De
estos cinco señoríos fundados en Cuba, el primero que se concedió
fue al teniente Juan Núñez del Castillo y Piñero, natural de
Almuñécar, en Granada, por haber fundado en 1711, en cuatro
caballerías de tierra de su corral denominado “El Bejucal”, situado
a seis leguas de La Habana y ocho del surgidero de Batabanó, la
ciudad de San Felipe y Santiago, cuyo señorío iba unido al título de
marqués de San Felipe y Santiago, que se le otorgó el 30 de marzo de
1713, pero éste falleció el tres de enero de 1724 sin haber sacado
el correspondiente Real despacho de marqués de San Felipe y
Santiago, adelantado y justicia mayor de la ciudad de este título,
cuya denominación eligió por ser el nombre de pila de don Felipe
V, y de la ermita Santiago, que existía desde los primeros
tiempos en el antiguo caserío de la comarca.
Con
arreglo a las disposiciones de las Leyes de Indias (ley once, título
quinto, libro cuarto), sobre fundaciones de pueblos y ciudades,
construyó de su peculio particular las calles con su plaza, iglesia
parroquial con su ornamentación, casa para el cura párroco,
cementerio, acueducto, Ayuntamiento, cárcel pública, hospital,
corral, carnicería y todas las demás obras que fueron necesario
llevarse a cabo para la fundación de la referida ciudad, con treinta
familias que habitaban diseminadas en los campos, dándoles a cada
una un solar sin gravamen alguno y una caballería de monte firme por
el precio de 250 pesos. Donó también para todos los vecinos y el
bien común de dicha ciudad, una caballería de tierra en el lugar que
llamaban “La Sierra”, para leña, y otros materiales para sus
necesidades, y a cada uno de los primeros pobladores les dio una
yunta de bueyes, seis gallinas y un gallo, utilizando todo el ganado
de su hacienda. Para los efectos de la fabricación de la ciudad,
utilizó a don Pedro Menéndez Márquez, ingeniero civil.
Instituyó varias condiciones y pactos que en veintinueve capítulos
constan en el libro de actas capitulares del Ayuntamiento de
Bejucal, comprendidas desde el año 1771, hasta 1787, que recopiladas
se dieron cuenta de ellas en el cabildo celebrado el 24 de
septiembre de 1871.
En la
constitución de la ciudad de Bejucal, pretendió que los treinta
primeros pobladores, sus hijos y demás descendientes legítimos,
fuera reconocidos como personas nobles dentro y fuera de la ciudad,
al igual que los hijos-dalgo de Castilla, y también pretendió fundar
tres conventos en la referida ciudad de Bejucal. En el cabildo
celebrado el 31 de diciembre de 1711, por el Ayuntamiento de La
Habana, se tomó el acuerdo de informar al rey, que estaban
concluidas las obras en la nueva ciudad de San Felipe y Santiago de
Bejucal, por lo que con fecha de 29 de abril de 1713, don Felipe
V dio su Real aprobación a la referida fundación de Bejucal con
las condiciones expresadas, excepto las que tratan de la condición
de calidad de hijos-dalgo que habían de gozar sus treinta primeros
pobladores y demás descendientes, y la fundación de los tres
conventos proyectados.
Don
Juan José de Núñez del Castillo y Pérez de los Reyes, hijo del
anterior, fue teniente coronel de infantería y gentil-hombre de
cámara de Su Majestad. Por Real despacho de 11 de octubre de 1757,
obtuvo el título de marqués de San Felipe y Santiago, adelantado y
justicia mayor de la ciudad de este título, pues su padre no llegó a
sacar el primitivo Real despacho de esta dignidad. Casó con doña
Feliciana Antonia de Sucre y Trelles, y tuvieron por hijo, al
capitán Juan Francisco Núñez del Castillo y Sucre, que fue
tercer marqués de San Felipe y Santiago, adelantado y justicia mayor
de la ciudad de este título. Casó en la Catedral de La Habana el 28
de junio de 1750, con doña Juana María Molina y Pita de Figueroa,
y tuvieron por hijo, a don Juan Clemente Núñez del Castillo y
Molina, que fue primer conde del Castillo, Grande de España, y
cuarto marqués de San Felipe y Santiago, adelantado y justicia mayor
de la ciudad de este título. En unión del coronel Joaquín de
Santa Cruz y Chacón, fue designado diputado a Cortes el 6 de
agosto de 1810, siendo los primeros que representaron al pueblo
cubano en las referidas Cortes, conforme a lo dispuesto por el
Consejo de Regencia que era quien representaba en aquella ocasión
los destinos de España.
Núñez del Castillo
fundó un mayorazgo vinculado al título de marqués de San Felipe y
Santiago, adelantado y justicia mayor de la ciudad de Bejucal, y uno
de los primeros titulares construyó en el centro de la referida
ciudad, un hermoso palacio que ocupaba toda una manzana, y que fue
totalmente destruido por el terrible huracán del año 1846.
Don
Juan Francisco Núñez del Castillo y Espinosa de Contreras, hijo
del anterior, fue segundo conde del Castillo, Grande de España,
quinto marqués de San Felipe de Santiago, adelantado y justicia
mayor de la ciudad de este título, mariscal de campo de los Reales
Ejércitos y gobernador interino en lo militar de la plaza de
Santiago de Cuba. Su hija, doña María Francisca Núñez del
Castillo y Montalvo, cuarta marquesa de San Felipe y Santiago, y
tercera condesa del Castillo, Grande de España, casó con don
Manuel O’Reilly y Calvo de la Puerta, tercer conde de O’Reilly,
cuarto conde de Buenavista y heredero del marquesado de justicia
Santa Ana, brigadier de infantería, recayendo en esta forma en la
familia, los títulos de marqués de San Felipe y Santiago y conde del
Castillo, con su grandeza anexa.
8
Junio 1952