Don
Manuel Zequeira y Arango, bautizado en la iglesia parroquial
del Espíritu Santo el 13 de septiembre de 1760, fue uno de los
mejores poetas cubanos y distinguido militar, que alcanzó el grado
de Coronel de Infantería, habiendo desempeñado notablemente los
cargos de ayudante mayor del regimiento fijo de la Plaza de La
Habana, gobernador de Río Hacha, gobernador político y militar de
Santa Marta y de teniente rey de Cartagena de Indias.
Zequeira era sobrino carnal de primer
conde de Lagunillas y pertenecía a una de las más ilustres familias
del país, establecida en Cuba principios del siglo XVIII. Su abuelo,
don Juan Francisco Zequeira y Ramallo, natural de Sevilla y
oriundo de Portugal, desempeñó en la Habana los altos cargos de
Contador Mayor del Real Tribunal y Real Audiencia de Cuentas,
Ministro Honorario de la Contaduría Mayor del Real y Supremo Consejo
de Hacienda y de alcalde ordinario los años 1728 y 29. Por línea
materna, era primo del ilustre patricio cubano don Francisco de
Arango y Parreño, marqués de la Gratitud, regidor alférez mayor
por juro de heredad del Ayuntamiento de La Habana.
Después de servir cuarenta y seis años en el Ejército, don Manuel
Zequeira y Arango se retiró para dedicarse al cultivo de las
letras, "pues en él. El poeta ahogó al guerrero". Comenzó por
escribir con gran talento en el “Papel Periódico”, siendo nombrado
poco después miembro de la Real Sociedad Económica de Amigos del
País de La Habana, cuya ilustre corporación le confió en 1795, el
cargo de redactor de este periódico y el cual dirigió después en
unión del eminente médico cubano don Tomás Romay y Chacón,
apareciendo en él la mayor de parte de sus poesías. Una de sus
primeras producciones fue su “Oda”, en 1803, con motivo de la
inauguración de la estatua del ilustrado monarca Carlos III,
dando lugar a que el cultísimo doctor cubano Ramón Zambrana y
Valdés, dijese, quizás algo exagerado: "Zequeira es uno de los
mejores poetas que han escrito en verso castellano, y Cuba debe
escribir con orgullo su nombre, en la primera página de sus fastos
literarios".
Cuando Zequeira cesó en la dirección del “Papel Periódico”,
colaboró en el “Mensajero Político Económico”, “Noticiario
Mercantil”, “Observador Habanero” y “Luz de Apolo”. En 1820, llegó a
su apogeo la gloria literaria del poeta militar, leyéndose con gran
entusiasmo en toda la Isla sus numerosas poesías. Merece especial
mención su poema “Batalla de Cortes en la laguna” y entre sus
composiciones sueltas sobresalieron: “El ataque de Yasci” y, “El
primer sitio de Zaragoza”, “A Daoiz y Velarde”, “La Nave de vapor”,
escrita al entrar en Matanzas el buque “Neptuno”, “Los hechos de
Zaragoza”, el poema “El triunfo de la lira”, “América y Apolo”,
representada en el teatro con motivo del nuevo empleo de Gran
Almirante otorgado al célebre ministro de Carlos IV don
Manuel Godoy y Álvarez de Farías, príncipe de la Paz y duque de
la Alcudia. Su conocida oda “A la brisa”, su composición lírica “La
piña”, de la que dijo Luaces, “que Apolo la dictó y las musas la
embellecieron para inspirársela a Zequeira”. Su romance de sabor
clásico “Al campo”, sus patéticos cantos “El cementerio” y
“Exclamación poética”, su letrilla “El banquete”, sus sonetos
“Pesares de ausencia”, “En la muerte de Cristo”, “Contra del amor”,
“El sueño”, y otras.
En
1821, pasó Zequeira a Matanzas y allí se notaron los primeros
síntomas de demencia que a fines del mismo año le hizo enmudecer,
muriendo intelectualmente como en años anteriores aconteció a
Milanés. Un rasgo de su enfermedad era creerse invisible cuando
cubierto, y de aquí la frase provincial: “Ponerse el sombrero de
Zequeira”. Su último canto, ya demente, fue dirigido a la señora de
Herrera, con motivo de un artículo necrológico de la Luz.
Falleció el 19 de abril de 1846, y después de celebrarse solemnes
exequias, leyó su biografía el doctor Romay, agregando: “Ciñó
sus sienes con los laureles que alternativamente cortaba en el monte
Parnaso y en el Campo de Marte”. La primera edición de sus obras
las hizo en New York el Padre Varela.
Zequeira había casado en La Habana con
doña María Belén Caro y Campuzano, natural de la isla de
Santo Domingo, hija de don Ignacio Caro y Fernández de Oviedo,
mayorazgo de la casa de Oviedo, coronel de ejército, comandante del
castillo de Atarés, en La Habana y gobernador de los Cuatro Lugares,
y de doña Catalina Campuzano y Fernández de Lara. De su
matrimonio dejó entre otros hijos a:
Don
Manuel Zequeira y Caro, que fue mayorazgo de la casa de
Oviedo, asesor del gobierno militar de la provincia de Matanzas y
miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País. En 1852,
publicó en La Habana la segunda edición de las obras de su padre,
dedicandoselas a don Valentín Cañedo, capitán general y
gobernador de la Isla de Cuba.
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Febrero 1948