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Del Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco

El Ilustre Marino y Gobernador de la Isla de Cuba

Don Pedro Menéndez de Avilés

El ilustre marino don Pedro Menéndez de Avilés, caballero de la orden de Santiago, era descendiente de los señores de la casa de "Santa Paya", una de las más esclarecidas de Asturias, y Palacio antiguo de los reyes, construido en el sitio que se conoce con el nombre del "Monte del Rey", situado a corta distancia de Pravia. Nació en la villa de Avilés el año 1519, comenzando su carrera muy joven, navegando en corso en compañía de varios parientes y amigos, persiguiendo siempre con gran valentía y acierto a los piratas que tanto daño ocasionaban a España. Sus hechos heroicos fueron más tarde publicados en diversas obras históricas, especialmente en la titulada  "Ensayo Cronológico".

Sus numerosas hazañas y triunfos llegaron pronto a oídos del emperador Carlos V, quien le encomendó varios servicios importantes, y le hizo distintos nombramientos, entre ellos, el de Corso. Al morir el emperador, continuó al servicio de su hijo don Felipe II, quien le otorgó el grado de Capitán general de las Flotas de Indias, y lo llevó en su compañía a título de consejero, desde La Coruña hasta Inglaterra, cuando contrajo matrimonio con la reina María. En 1559 fue nombrado capitán general de la Real Armada, compuesta de ochenta velas, en la que Su Majestad regresó a España desde Flandes.

Desde el año 1562, se habían establecido varias colonias francesas en una gran extensión del territorio de la Florida, formadas por protestantes bajo la protección del almirante Coligni, habiendo logrado arraigarse en dichas tierras que habían comenzado a fortificar. Deseoso Felipe II de expulsarlos de sus posesiones, temeroso que la herejía se propagara en sus dominios de América, por Real Cédula del 20 de marzo de 1565, comisionó al valiente general Menéndez de Avilés, para que los arrojase de la Florida, conquistara y convirtiese a la fe católica a los numerosos indios bravos que habitaban dicha inmensa región, ofreciéndole por este servicio, entre otras preeminencias, valiosas mercedes, "la posesión perpetua de veinticinco leguas cuadradas a su elección de lo descubierto y poblado, y un título de Marqués que no llegó a disfrutar por su temprana muerte". Hay que recordar, que en esta peligrosa empresa, habían fracasado anteriormente los grandes servidores de la corona, Ponce de León, Hernando de Soto y Pánfilo de Narváez.

Para llevar a cabo su comisión, Felipe II le nombró Adelantado de la Florida, y le prestó ayuda con poderosos socorros por cuenta del Erario que fueron muy reducidos a la postre, pero a pesar de ello, logró Menéndez de Avilés, con sus parientes y amigos, formar una poderosa Armada en la que fueron unos mil hombres, entre ellos, varios hidalgos y sacerdotes. Nombró por su teniente a don Alonso de las Alas y llevó en su compañía a su sobrino don Pedro Menéndez Márquez, que son ascendientes de varias familias de la antigua nobleza cubana.

Partió la armada de Canarias y después de muchas contrariedades sufridas durante la larga travesía, por carecer principalmente de rumbos exactos, tomaron puerto y desembarcaron en la Florida el día de San Agustín, cuyo nombre eligió primeramente el Adelantado para el fuerte que levantó en aquel lugar, y después, para fundar la más antigua población floridana. Sin pérdida de tiempo preparó la expedición para internarse en el territorio en busca del jefe Juan Ribau, con más de seiscientos calvinistas, que habían construido un fuerte que llamaban "Francia", que les servía de centro de refugio y base de operaciones. Contra él se dirigió Menéndez de Avilés, logrando con valor y astucia apoderarse del fuerte el día de San Mateo, venciendo y degollando a los hugonotes junto al río llamado "Matanzas", con el que se designó el sitio donde los exterminó "no por franceses sino por herejes", según decían los carteles que les ponían en el pecho. Poco después, penetró en el interior del territorio consiguiendo la sumisión de los indios y caciques valerosos, imponiendo la religión católica. Fundó cuatro fuertes que denominó, San Agustín, San Antón, San Pedro y San Felipe, pasando a la isla de Cuba después de haber limpiado de piratas las costas de Indias.

Encontrándose en La Habana, temeroso que los franceses volvieran con refuerzos para atacar a la Florida, pidió recursos y ayuda a don García de Osorio, que a la sazón gobernaba a la Isla de Cuba, desde el 12 de septiembre de 1565, pero lejos de auxiliarle, sostuvo grandes altercados con el Adelantado, impulsado por ruines celos. Osorio le negó víveres y socorros de todas clases, le sobornó parte de sus marineros y tropa, y le encubrió sus desertores. En vista de la actitud asumida por el gobernador, partió al el Adelantado rumbo a España, teniendo la suerte de encontrar durante la travesía una fuerte expedición que le enviaba Felipe II, y que estaba integrada por unos diecisiete barcos y mil quinientos hombres, que Menéndez de Avilés, distribuyó convenientemente entre la Florida, Santiago de Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, quedando de esta manera asegurada su formidable empresa.

Durante su campaña, el valeroso adelantado Menéndez de Avilés, perdió a su hijo Juan, dos hermanos y muchos parientes y amigos, y cuando se encontraba cumpliendo otras disposiciones como general de la Real Armada, recibió órdenes de Su Majestad para regresar a la Península a fin de evacuar otros asuntos importantes a su servicio, y lo hace colmado de gloria y merecimientos.

Tan pronto como llegó a España, denunció a García de Osorio por haberle negado auxilios para su empresa de la Florida, por lo que fue preso y enjuiciado el citado gobernador, obteniendo entonces Menéndez de Avilés el nombramiento de gobernador de la Isla de Cuba, cuyo cargo desempeñó desde el 24 de julio de 1568, hasta el 21 de abril de 1572, pero teniendo que atender a los establecimientos de la Florida, y no pudiendo dirigir personalmente el gobierno de esta Isla, hizo que lo desempeñase por delegación suya el doctor Francisco Zayas, desde el 24 de julio de 1568, hasta el 14 de febrero del siguiente año, en que tuvo que ausentarse a España con los autos de la residencia de García de Osorio, sucediéndole en el cargo el general Diego de la Rivera Cepero, hermano de doña Catalina, que estaba casada con don Bartolomé Cepero y Nieto, alto funcionario del ayuntamiento de La Habana y progenitor en Cuba de la ilustre familia de su nombre. Al general Rivera, le sucedió en 1570 el capitán de mar Pedro Menéndez Márquez, sobrino del adelantado y compañero suyo en la empresa de la Florida, el cual fue muerto más tarde en una emboscada que le hicieron los indios en dicha provincia, cuando realizaba una comisión encomendada por el Adelantado. Le sucedieron los lugartenientes Juan Alonso de Navía y Sancho Pardo de Osorio, siempre por delegación de Menéndez de Avilés, el cual falleció en Santander el año 1574.

El capitán Juan Menéndez Márquez y Valdés, natural de Asturias y sobrino del gobernador de la Isla de Cuba, pasó a la Florida, donde desempeñó los cargos de sargento mayor, oficial Real de Hacienda y gobernador de dicha provincia, donde caso el 25 de noviembre de 1596, con su prima doña María Meléndez y Posada, dando origen a una noble y dilatada descendencia que ocupó los primeros cargos públicos en la Florida, siendo uno de ellos:

Don Francisco Menéndez Márquez y Posada, que fue gobernador interino de la Florida en 1645. Casó en la catedral de La Habana el 9 de diciembre de 1631, con la ilustre habanera doña Antonia Pedroso y Ayllón, y fueron tronco inicial de esta familia en Cuba.

16 Marzo 1952

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