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Del
Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco
El Obispo Cubano Hechavarría
Don Santiago José
de Hechavarría Elguesúa y Nieto de Villalobos, bautizado en la
Catedral de Santiago de Cuba, el 4 de agosto de 1725, fué una de las
primeras figuras de la Iglesia Católica en nuestro país: doctor en
Derecho Civil y Canónigo, cura beneficiado de la parroquia mayor de
San Cristóbal, catedrático de Sagrados Cánones de la Universidad de
San Jerónimo, consultor del Santo Oficio de la Inquisición, provisor,
vicario y juez general de Testamentos y Obras Pías, en La Habana,
obispo de Tricomini, y miembro destacado de una de las mas antiguas
y nobles familias de Santiago de Cuba, la que obtuvo pos sus
numerosos servicios prestados en la Isla de Cuba, el título de
marqués de O’Gaban.
El
ilustre prelado cubano tenía justificado su origen hasta don de
Hechavarría, que fué dueño de la casa y solar de Hechavarría
y Elguesúa, situada en la anteiglesia de Yurre, merindad de
Arratia, en el señorío de Vizcaya. Su descendiente, capitán
Mateo de Hechavarría Elguesúa y González se estableció en la
segunda mitad del siglo XVII en Santiago de Cuba, donde desempeñó
los cargos de Sargento Mayor y Gobernador de las Armas. Casó en
dicha provincia con doña Ana María Moreno-Xirón y Bejarano,
teniendo entre otros hijos al alférez José de Hechavarría
Elguesúa y Moreno-Xirón, que fué regidor y depositario general
del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, y al cual casó con doña
Bárbara Gertrudis Nieto de Villalobos y Osorio de Pedroso,
procreando entre otros hijos al referido señor Obispo, gloria de su
linaje.
Durante la invasión inglesa de 1762 y por la
expulsión del valiente obispo Pedro Agustín de Morell de Santa
Cruz y Lora, quedó la mitra de Cuba a cargo de Hechavarría,
hasta la restauración y regreso de aquél en 1763. Al fallecer
Morell el 20 de octubre de 1768, quedo Hechavarría de
Obispo en propiedad, tomando posesión por medio de su apoderado en
el mes de febrero de 1770, verificándose el 8 de julio del mismo año
su entrada pública en La Habana, donde se le recibió “con la
solemnidad y pompa que correspondía a un obispo patricio”,
hospedándose interinamente en casa de su hermano don Luis,
que a la sazón desempeñaba el cargo de ministro Factor de Tabacos de
la Isla de Cuba.
El obispo Hechavarría reedificó varias iglesias,
entre ellas, la de Güines, Jaruco, San Jerónimo de Peñalver y San
Antonio de los Baños; agregó tres salas en el Hospital de Paula para
las que daba mil doscientos pesos anuales, del Seminario Conciliar
erigido en el antiguo colegio de los Jesuitas. Al ocupar su silla
en Santiago de Cuba, dio más extensión al Colegio, aumentando sus
viviendas, lo que costó muchos miles de pesos; renovó las cátedras
de Teología Moral y otras que estaban suspensas, en las que
estableció el nuevo método de resolver casos morales; la de Derecho
Canónigo y la de Vísperas, reformando al propio tiempo la de Prima y
la de Escritura Sacra. Su Majestad lo facultó para donar a la
iglesia que tuviese a bien, los vasos sagrados de los jesuitas
expulsados, y destinó para su Catedral un cáliz de oro grabado; donó
mil onzas para el altar de plata de Nuestra Señora de la Caridad del
Cobre; dejó impuesto a favor del Santísimo Sacramento del altar
mayor de su Catedral, la cantidad de veinte mil pesos, para que sus
réditos se consumiesen en adornos y culto de S.M. Sacramental, y
doce mil pesos a favor de la enfermería del convento de San
Francisco, de La Habana con otras obras pías en la misma ciudad. El
historiador Pezuela, pinta a este prelado cubierto de seda y
encajes, pero es cierto que “cedió todas las obvenciones que reelbía
de los pueblos interiores, para que los párrocos las repartiesen
entre los indigentes de sus respectivas feligresías y también el
historiador Valdés dijo: “a pesar de la magnificencia con que
se trataba, dio ejemplo de exactísimo en el cumplimiento de las
ceremonias y practicas eclesiásticas”. En el mes de mayo de 1788,
salió para el obispado de Puebla de los Angeles, México, donde
falleció el 20 de enero de 1790, después de haber gobernado nuestro
Obispado por espacio de diecisiete años. En la Universidad de La
Habana se conserva su retrato y por la erección y reglamento del
Seminario, y por sus demás obras, ha quedado su nombre perpetuado en
la historia de nuestro país.
No debemos olvidar en este articulo a los
hermanos don Prudencio y don Bernardo de Hechavarría y O’Gaban,
que son también figuras destacadas de este ilustre linaje y de
nuestra imprescindible historia colonial, donde aparecen los nombres
más preclaros de la nación.
Don
Prudencio de Hechavarría y O’Gaban, fué abogado, catedrático de
Derecho Real y Patrio, auditor honorario de Marina, secretario de la
Junta de Temporalidades, asesor de la Tenencia de Gobierno y
Auditoria de Guerra de Santiago de Cuba, Procurador a Cortes por
esta provincia, asesor del Juzgado de la Real Casa y Patrimonio de
la Isla de Cuba, oidor de la Real Audiencia de Barcelona, auditor de
Guerra del Ejército del Centro y de las Capitanías Generales de
Valencia y Murcia, gentilhombre de cámara de Su Majestad, caballero
de la Orden de Carlos III y miembro de número de la Real Sociedad
Patriótica de La Habana.
Don Bernardo de Hechavarría y O’Gaban, fué
primer marqués de O’Gaban, en 1851, abogado, procurador general de
La Habana, asesor general de la Real Casa y Patrimonio, senador del
Reino, alcalde de uno de los distritos de Madrid, consejero real de
Instrucción Pública, ministro del Tribunal Supremo de Guerra y
Marina, gentilhombre de Su Majestad, miembro de la Real Sociedad
Económica de Amigos del País, maestrante de Sevilla y caballero de
la Orden de Montesa. Casó con doña Ana Manuela Ponce de León y
Balzán, nieta del marqués de Aguas-Claras y tuvieron por
hijas a:
Doña Maria Felicia de Hechavarría y Ponce de León,
que fue, la segunda marquesa de O’Gaban. Casó con su primo
don Francisco de Hechavarría, y tuvieron por hija a doña Rosa
de Hechavarría y Hechavarría, que es actual marquesa de O’Gaban,
y reside en Madrid.
El
doctor Juan Bernardo O’Gaban y Guerra, natural de Santiago de
Cuba, deán de la Catedral de La Habana, auditor de la Rota Romana
por la Corona de Castilla, oidor honorario de la Real Audiencia
Territorial, (tío carnal de Prudencio y Bernardo de Hechavarría y
O’Gaban), fue elegido diputado a Cortes por Santiago de Cuba, en
unión de don Andrés de Jáuregui y Aróstegui, que lo fue por
La Habana. Ambos diputados electos pasaron a España para ocupar sus
escaños, sustituyendo al coronel don Joaquín de Santa Cruz y
Chacón miembro fundador de la Real Sociedad Patriótica de La
Habana, y a don Juan Clemente Núñez del Castillo y Molina,
conde del Castillo, grande de España, marqués de San Felipe y
Santiago, adelantado y justicia mayor de la ciudad de este Título,
que fueron los primeros diputados nombrados para representar al
pueblo cubano en las Cortes, el 6 de agosto de 1810, conforme a lo
dispuesto por el Consejo de Regencia que regia en aquellos momentos
los destinos de España.
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Nota: En mi último articulo publicado el próximo
pasado domingo, cometí un error diciendo que don Emilio Késsel y
Encioso de Abreu falleció soltero. No es así, pues
estaba casado con la respetable señora Lutgarda Martínez Capote.
23 Enero
1949
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