Don
Sebastián Calvo de la Puerta y O Farrill, primer marqués de Casa
Calvo (1786), mariscal de campo de los Reales Ejércitos, coronel de
infantería de Milicias de la Plaza de La Habana y caballero de la
Orden de Santiago, fue bautizado en la Catedral de esta ciudad el 14
de febrero de 1749. Era descendiente de una de las más antiguas y
nobles familias del país, establecida en La Habana a mediados del
siglo XVI, hijo menor de don Pedro José Calvo de la Puerta y
Arango, primer conde de Buena-Vista (1766), regidor alguacil
mayor del Ayuntamiento (cargo que llevaba anexo el llamado "Derecho
de Puñalada"), alcalde ordinario y de la Santa Hermandad, y
catedrático de Derecho Civil de la Real y Pontificia Universidad de
San Jerónimo de La Habana, y de doña Catalina Josefa O’Farrill y
Arriola.
Desde
muy joven, don Sebastián ingresó en el Ejército, ascendiendo
grado a grado hasta llegar a Mariscal de Campo. En 1793, cuando
España declaró la guerra a Francia a raíz del regicidio de Luis XVI,
pasó a la isla de Santo Domingo en la escuadra del teniente general
don Gabriel de Aristizábal y Espinosa (casado con la ilustre
habanera doña Inés María de Zequeira y Palma-Beloso, hija de
los condes de Lagunillas), al frente del segundo batallón de
Santiago de Cuba, compuesto por ochocientos hombres, para sofocar la
insurrección que había estallado en la parte española de dicha Isla,
donde su capitán general don Joaquín García Moreno se había
visto obligado para defender el territorio que se le había confiado,
a confederarse con Biassou, Juan Francisco,
Toussaint Louverture y otros caudillos negros que acababan de
adquirir su triste celebridad dirigiendo en la parte francesa de
Santo Domingo las feroces rebeliones de aquella esclavitud contra
sus dueños. En aquella peligrosa expedición iban también otros
distinguidos oficiales, algunos cubanos y otros casados con ilustres
nativas, entre ellos don José María de la Torre y Urrutia,
Juan Bautista Gemmir Lleonart, casado con la santiaguera doña
Ana de Hecheverría y Valois, y don Matías de Armona y Murga,
casado con la distinguida habanera doña María Dolores Lisundía y
Calvo de la Puerta, hija de los marqueses del Real Agrado, que
iba dirigiendo dos batallones del segundo regimiento de la Plaza de
La Habana.
Al
apoderarse el general Aristizábal del puerto de Bayajá, por
humanidad y abreviar su entrega, había accedido a los deseos de
varios oficiales franceses prisioneros, de que no la guarneciesen
negros auxiliares, ni se les permitiera entrar armados en la
población. Debiose la eficacia con que se cumplió esa oferta, al
primer gobernador don Joaquín Saso y al marqués de Casa-Calvo
que lo sucedió luego en ese cargo.
El
caudillo Juan Francisco había permanecido con sus hordas
acantonadas en distintos puestos inmediatos, y al saber la repentina
defección de su compañero Toussaint Louverture, no
comprendiendo en su barbarie que, después de declararse traidor
aquel caudillo, continuasen los españoles siendo humanos, aconsejaba
sangrientas represalias contra los franceses de toda clase y color,
como si en el atentado de Toussaint tomarán parte los
infelices refugiados en Bayajá. A exigencias de tal género, contestó
el marqués de Casa-Calvo desdeñosamente.
Para
refrenar las crueles pretensiones y los excesos de Juan Francisco
y sus turbas en los cantones y haciendas que ocupaban, obtuvo
Casa-Calvo una autorización del capitán general García Moreno,
para armar a los franceses blancos en Bayajá. Al enterarse Juan
Francisco de una providencia tan opuesta a sus designios, la
calificó abiertamente de traición al monarca español y a su bandera,
y entró en Bayajá seguido de sus fuerzas para concluir con todos los
franceses, pero Casa-Calvo le salió al encuentro imponiéndole
arresto aunque sin fuerzas para sostener su autoridad. Juan
Francisco conocía la debilidad de la guarnición y en lugar de
obedecer a Casa-Calvo dio ordenes de exterminar a todos los
franceses. Desde las once de la mañana en qué principió la matanza,
hasta las tres de la tarde en que se reunieron algunas compañías de
Cuba a socorrer a los restantes, fueron asesinados seiscientos
cuarenta y dos franceses, y habría concluido aquel día horrible con
el exterminio del último emigrado si no hubiese intervenido el
coronel habanero don Francisco Montalvo y Ambulodi, (más
tarde teniente general de los Reales Ejércitos, teniente rey de la
Isla de Cuba, capitán general y virrey de la Nueva Granada,
consejero de Estado, Caballero de la Orden de Santiago, hijo del
primer conde de Macuriges y hermano del primer conde de
Casa-Montalvo), que obligó a Juan Francisco con la espada al
pecho a revocar sus órdenes feroces.
Después de tantos horrores, se comprendió la necesidad de abandonar
la Isla de Santo Domingo, pasando a La Habana el marqués de
Casa-Calvo en unión de otros oficiales. La paz acordada en Basilea
el 22 de junio de 1795, puso luego término a las inútiles
hostilidades de Santo Domingo, aunque no a los desastres que
continuaron horrorizando a la humanidad en aquel suelo.
Al
fallecimiento del brigadier don Manuel Gayoso de Lemos,
gobernador de la Luisiana, fue nombrado para ocupar su cargo el
marqués de Casa-Calvo, que lo desempeñó poco tiempo regresando a La
Habana, pero al disponerse la retrocesión de aquella provincia a
Francia, don Carlos IV nombró a Casa-Calvo comisionado
regio para ejecutarla, regresando a Nueva Orleans con ese cargo el
10 de abril de 1803. Poco después, fue vendida por Bonaparte
esa colonia a los Estados Unidos por la cantidad de veinte millones
de francos, una colonia que había sido francesa y que ateniéndose a
lo estipulado en la retrocesión debía volver a serlo para siempre.
El marqués de Casa-Calvo, después de haber cumplido su comisión,
permaneció en Nueva Orleans algunos meses hasta completar la
evacuación de la provincia, no saliendo con el regimiento de la
Luisiana para Pensacola la hasta la siguiente primavera.
En
1806, el marqués de Casa-Calvo pasó a Madrid, donde, por
insinuaciones de su pariente y compatriota don Gonzalo de
O’Farrill y Herrera, ministro de la Guerra, abrazó el partido
afrancesado y fue por esto ascendido a Teniente General por el rey
José Bonaparte. Bajo ese gobierno intruso, desempeñó varios
cargos gobernativos hasta 1813, en el cual, con la expulsión total
de los franceses y caída de Bonaparte, le fueron confiscados
todos sus bienes y honores, teniendo que emigrar de España y de
todos sus Dominios. Se estableció en París donde falleció en 1820.
Había casado en la Catedral de La Habana el 27 de mayo de 1781, con
doña María Luisa de Peñalver y Navarrete, hija de los
marqueses de Arcos, dejando entre otros hijos a:
Don
Pedro José Calvo de la Puerta y Peñalver, bautizado en la
Catedral de La Habana el 25 de agosto de 1783, que fue segundo
marqués de Casa-Calvo, capitán de Dragones y coronel de Caballería
de Milicias de esta Plaza. Al fallecimiento de su padre le fueron
devueltos su título nobiliario y sus bienes, embargados a aquel por
haber abrazado el partido Bonapartista. Defectuoso de carácter este
Marqués, uno de sus biógrafos lo llama "el funestísimo célebre
marqués de Casa-Calvo". Se indispuso con don Miguel Tacón y
Rosique, gobernador y capitán general de la Isla de Cuba, que
tuvo que desterrarlo a Puerto Rico, falleciendo en Madrid el 24 de
octubre de 1837. Había casado en la Catedral de La Habana con doña
María Catalina de Cárdenas y Zayas, hija de los marqueses de
Cárdenas de Monte-Hermoso y dejó por hijas a Matilde y a
Luisa Calvo de la Puerta y Cárdenas. Las cuales:
1.-
Doña Matilde Calvo de la Puerta y Cárdenas, fue tercera
marquesa de Casa-Calvo. Casó con don Ignacio de Peñalver y
Peñalver, tercer marqués de Arcos y tuvieron por hijo a don
Ignacio de Peñalver y Calvo de la Puerta, que fue cuarto marqués
de Casa-Calvo de Arcos, falleciendo sin sucesión incapacitado en
París el 5 de abril de 1899. A la muerte de éste último, obtuvo el
título de marquesa de Casa-Calvo doña Margarita Foxá y Calvo de
la Puerta, casada con don Julio de Arellano y Arróspide,
marqués de Casa Arellano ("Pontificio"), distinguido diplomático
español. No tuvieron sucesión.
2.-
Doña Luisa Calvo de la Puerta y Cárdenas, casó dos veces: la
primera con don Florentino Armenteros y Zaldívar; y la
segunda, con don Narciso Foxá y Bassols, Maestrante de
Zaragoza. Del segundo matrimonio nació doña Margarita Foxá y
Calvo de la Puerta, mencionada anteriormente, que fue la quinta
marquesa de Casa-Calvo. Al fallecimiento de esta última, sin haber
tenido sucesión, sacó el título don Rafael de Peñalver y
Hernández, hijo de los condes de Santa Lucía de Loreto, que fue
sexto marqués de Casa-Calvo, como biznieto de doña Luisa Calvo de
la Puerta y Cárdenas. Al fallecer sin sucesión este último
marqués de Casa-Calvo, ha pasado este título a su hermano menor don
Rodolfo de Peñalver y Hernández, que es el séptimo y actual
marqués de Casa-Calvo.
6
Julio 1952