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Del Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco

Margarita Pedroso

"El Angel de la Caridad"

Margarita Pedroso y Scull, hija de los marqueses de San Carlos de Pedroso, ha sido una de las cubanas que más nombre y prestigio han dado a nuestro país en el extranjero.  Consagró su vida principalmente al estudio de la pintura y de la música, cuyas facultades puso siempre a disposición de la Caridad.   Cantaba por amor al arte y los aplausos de sus amigos le parecían la suprema recompensación a sus aspiraciones, formando su historia una larga cadena de triunfos artísticos y de acciones benéficas, que podría titularse un “Poema de la Caridad”.

Descendía Margarita de una de las más ilustres familias que se establecieron en La Habana a fines del siglo XVI, y la cual obtuvo por sus numerosos servicios prestados en Cuba, primeramente el título de conde de Pedroso y Garro, y más tarde, el de marqués de San Carlos de Pedroso.  Un oficio de regidor de nuestro Ayuntamiento fue vinculado en los Pedroso el año 1628, y numerosos miembros de esta familia probaron su nobleza para ingresar en las órdenes militares, ocuparon los primeros cargos públicos y contribuyeron notablemente al desarrollo y fomento de nuestro país, habiéndose destacado siempre los Pedroso, entre las grandes familias coloniales que constituyen la antigua nobleza cubana.

En París fue educada principalmente Margarita Pedroso, recibiendo clases de canto de maestros tan célebres como fue el gran Ronconi.  Rápidamente la distinguida habanera obtuvo grandes éxitos en los principales salones e iglesias de París y de Madrid.   En una suntuosa fiesta religiosa celebrada en la capilla del Santísimo Sacramento, llamada en París “Capilla de los Españoles”, a la que asistía Isabel II acompañada de numerosos miembros de la nobleza, cantó Margarita el “Tota Pulchra”, de Deslandes.  En Madrid, el periódico “La Epoca”, publicó lo siguiente: “La hija de los marqueses de San Carlos posee, además de sus encantos personales, el de un talento musical de primer orden.  Si hubiese nacido en esfera menos elevada, de seguro hubiese brillado junto a las estrellas artísticas que la Europa admira y disputa”.

Después de una larga estancia en Europa, regresó a Cuba Margarita Pedroso y Scull, en el mes de noviembre de 1882, cuando gobernaba esta isla el capitán general don Luis Prendergast y Gordon, marqués de Victoria de las Tunas, cuya esposa tenía por costumbre reunir en Palacio a lo más selecto de la nobleza criolla, y la cual supo atraer desde los primeros días en que desembarcó en nuestro país, la elegante y distinguida hija de los marqueses de San Carlos de Pedroso.

Siendo la Capitana Generala una consumada maestra en el bell canto improvisó en sus salones una serie de conciertos donde tomaba parte principal Margarita Pedroso, y bajo cuya dirección se formaron los primeros coros de aficionados, que más tarde fueron aplaudidos en las fiestas benéficas que se llevaron a cabo en Cuba.

Viendo la marquesa de Victoria de las Tunas, el gran entusiasmo musical que la ilustre e inteligente habanera había despertado en nuestro país, alentó la idea de emprender la representación de la ópera “Sonámbula”, en un escenario que ordenó construir en la “Quinta de los Molinos”, residencia veraniega de los capitanes generales de la Isla, pero estando muy adelantadas las obras, aconteció el relevo del referido Capitán General, y no por ello se desistió de llevar a cabo la función, y continuaron los ensayos y demás preparativos en casa de los marqueses de San Carlos de Pedroso.

Al hacerse público la imposibilidad de llevarse a efecto la representación por falta de local, el ilustre abogado Nicolás Azcárate y Escobedo, gran orador, periodista distinguido y político reformista, como presidente del “Nuevo Liceo de La Habana”, cedió el teatro “Albisu” que tenía arrendado dicha sociedad, para que pudiera celebrarse la representación de la ópera “Sonámbula”, donde haría su debut en Cuba Margarita Pedroso y Scull.  Llevóse a cabo la función el 10 de agosto de 1883, resultando un grandioso y memorable acontecimiento musical, celebrado dentro de una atmósfera de buen tono y distinción, en que la sociedad cubana tributó una merecida ovación al indisputable talento de Margarita Pedroso, verdadera margarita de los salones habaneros, que fue el astro de la velada.

Uno de los más famosos críticos cubanos se expresó de esa manera: “La señorita Pedroso no es una aficionada distinguida; es una consumada artista que posee la inteligencia, el buen gusto y el arte de la cantatriz, el privilegio de una voz delicada, bien timbrada, dulce y suave, que modela con gusto y expresión, ataca con brío la nota y vence todos los escollos.  Tres veces cantó el rondo final, pieza llena de dificultades de ejecución y siempre quedó vencedora en esa lucha.  También vió anoche legitimado su orgullo de pintora, con la presentación de sus principales cuadros, que merecieron los elogios de nuestros reputados artistas”. El “Sun” de New York publicó lo siguiente: “Una prima’donna del high life. Su voz es la de un soprano giusto, voz la más deliciosa, que se eleva en ligera filigrana tras la imaginación y desciende y conmueve nuestras almas con toda la ternura y vehemencia de la pasión”.

Poco después, se volvió a representar la ópera “Sonámbula” en el “Gran Teatro de Tacón” y su producto fue destinado para la Real Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana y Hospitales de Camagüey.  Al día siguiente se repitió la ópera en el teatro “Esteban” de Matanzas y se recaudación fue destinada para sus Hospitales y Casa de Maternidad; siendo conmovedor la escena que se produjo una vez terminada la función, cuando se presentaron las huérfanas de dicho Asilo, para entregar a Margarita y expresar su agradecimiento, un pañuelo bordado y una corona de laurel, hechas por ellas.  Las comisiones del “Casino Español” y del “Liceo” le entregaron a la caritativa señorita, diplomas de socia de honor de dichas instituciones, y todos a porfía la obsequiaron con flores; palomas, poesías y otros presentes, terminando las fiestas, que duraron tres días, con un gran baile que ofreció en su honor el “Liceo de Matanzas”, en el que se encontraban las principales autoridades, lo más selecto de la sociedad y las señoras que componían entonces la “Junta de Caridad”.

Tan pronto llegó a La Habana la noticia del terremoto que ocurrió en Andalucía, Margarita Pedroso organizó una gran fiesta lírica en el teatro de “Tacón”, para socorrer a los damnificados, cantando el primer acto de “Norma”, el aria de las “Joyas de Fausto” y el final de “Sonámbula”, por lo que recibió un cablegrama de la reina Isabel II, dándole las gracias; y la comisión Andaluza de Beneficencia de La Habana, presidida entonces por el caballeroso marqués de Casa Sandoval, regidor de nuestro Ayuntamiento, caballero de la orden de Santiago y presidente también de la naciente y aristocrática sociedad cubana del “Unión Club”, le entregó a la caritativa Margarita, una hoz de plata y la medalla de socia del referido “Centro Andaluz”, fundida expresamente para ella, de oro macizo, acompañada de su diploma, que era por si solo, una obra de gran mérito artístico, debido a la pluma del Señor Gomis, y el cual representaba una población que se derribaba por el terremoto, sobre la que derramaba sus divinos consuelos el “Angel de Caridad”.  Con motivo de esta fiesta benéfica, un conocido periodista, dijo: “Es tres veces marquesa, por el arte, por la cuna y el genio.  El genio, la aristocracia suprema, cuyo libro de oro lo firman sólo los inmortales”.

Margarita Pedroso, denominada el “Angel de Caridad”, contribuyó notablemente con todas sus facultades, toda su inspiración y toda su alma, para la creación en La Habana del “Hospital Mercedes”, cantando en el “Gran Tacón” a beneficio de esta institución, el segundo acto de “Rigoletto”, de “Norma” y de “Lucrecia Borgia”, y por eso aparece su nombre grabado en bronce al lado de los fundadores de este Hospital.  También cantó Margarita para los pobres en una serie de conciertos que se celebraron en el “Liceo”, “Caridad del Cerro”, “Centro Gallego”, “Círculo Militar” y “Casino Español”, y también para las “Escuelas de la Caridad”, “Asilo del Buen Pastor”, de mendigos y de “Ancianos Desamparados” y en los salones de los condes de Casa Moré, para las victimas del cólera: “Sociedad de Beneficencia”, “Centro Catalán” y en la “Colla de Sant Mus”.  Los miembros de esta última sociedad, una vez terminada la función, acompañaron a Margarita Pedroso hasta su casa, con hachones encendidos, desplegado su Estandarte y marchando a la cabeza de la comitiva la magnifica banda de Ingenieros, seguidos por numerosos carruajes en que iban gran número de sus amigos y admiradores.

Se calculó en más de ochenta mil pesos lo que produjeron las fiestas benéficas celebradas en La Habana por Margarita Pedroso, cantidad muy crecida, tomando en cuenta la población de Cuba en aquella época y el valor que entonces tenía el dinero.

Cuando partió nuevamente para Europa, Margarita Pedroso y Scull, dejó numerosos parientes en nuestro país, siendo los más cercanos sus sobrinos carnales, la actual marquesa de la Rosa, y su hermano, don Miguel Espeliús y Pedroso, conde de Morales, Encargado por muchos años de la Embajada de España en Cuba, Maestrante de Ronda, caballero de la orden de Malta y electo en la de Santiago, y actual Cónsul General de España en Montreal, Canadá.

18 Enero 1948

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