La
actual marquesa viuda Du'quesne, conserva un cuadro donde
aparecen los distinguidos habaneros, general Juan Montalvo y
O'Farrill, y su mujer María Antonia Calvo de la Puerta y
Peñalver, con varios de sus hijos cuando eran niños, siendo más
tarde algunos de estos últimos, troncos iniciales de diferentes
ramas de esta familia, cuyos descendientes llegan hasta nuestros
días.
Los
amantes de la tradición, los que conocemos la historia colonial de
nuestro país, somos los que damos estimación y sabemos apreciar este
cuadro, considerándolo de gran valor histórico por representar a una
antiquísima y noble familia cubana, cuando estaba en todo su
esplendor, cuyos miembros a través de varias generaciones
contribuyeron notablemente al desarrollo y fomento de la Isla de
Cuba. No se trata, pues, de una de tantas familias que
esporádicamente hayan producido un personaje importante,
eclipsándose al poco tiempo de haber comenzado a brillar.
Don
Juan Montalvo y O'Farrill, figura principal en el óleo, nacido
en La Habana el 31 de mayo de 1778 y fallecido el 13 de marzo de
1844, era hijo de los condes de Casa Montalvo y nieto de los condes
de Macuriges, que son también figuras admirables de nuestra
historia. Llegó a ser mariscal de campo de los Reales Ejércitos,
consejero de Estado, prior del Real Consulado y director de la Real
Sociedad Patriótica de La Habana, Caballero de la Orden de Montesa.
Declarada la guerra a Francia, sirvió a las órdenes del general
Ricardós, marchando primeramente contra Ampurdan e invadiendo en
la primavera el Rosellón. Asistió a la toma de Bellegarde, al ataque
del campamento de Perpiñán, y después bajo las órdenes del general
barón de Kessel (casado con una hija de los condes de Jibacoa),
se encontró en los reñidos combates que precedieron a la costosa y
sangrienta victoria de Treville, en la cual se distinguió ganando
honores y ascenso. Después de la toma de Collionure, fue atacada la
plaza por el enemigo, quedando prisionera la guarnición de que
formaba parte Montalvo el 14 de marzo de 1794. Al año
siguiente fue nombrado secretario de su cuñado, general Joaquín
de Santa Cruz y Cárdenas, conde de Mopox y de Jaruco, para la
importante comisión que a éste se le confió, para realizar grandes
mejoras en la Isla de Cuba. Poco después, colgó la espada para darse
a servicios no menos patrióticos de otro género, fue como dice el
historiador Pezuela "una de las más benignas y abundosas
plantas sembradas por la mano bienhechora del capitán general de las
Casas, en suelo antes llenos de espinas". Aplicóse a la Medicina
sólo por servir a la humanidad desvalida, viniendo a ser "reflejo y
expresión cumplida de su brillante época", y al propio tiempo a la
ciencia agrícola, para mejorar los sistemas y productos del suelo,
recordándose entre otras innovaciones, sus esfuerzos por aclimatar
el camello, cuyo uso introdujo en su ingenio "San Ignacio". También
introdujo el primer buque de vapor denominado "Neptuno", que surcó
nuestras aguas haciendo el servicio entre La Habana y Matanzas, con
referencia a cuyos hechos dice Mercedes de Santa Cruz y Montalvo,
condesa de Merlín: "séame lícito citar en primer rango a mi tío don
Juan Montalvo, que no cesa de poner al servicio de sus
conciudadanos todas las mejoras materiales e intelectuales, y todos
los recursos de su talento y de su fortuna". Más tarde volvió
Montalvo a ingresar en el Ejército, hasta su fallecimiento.
Doña
María Antonia Calvo de la Puerta y Peñalver, mujer del
general Juan Montalvo y O'Farrill, comprendida también en el
cuadro, era hija del mariscal de campo Sebastián Calvo de la
Puerta y O'Farrill, marqués de Casa Calvo, gobernador de la
Luisiana, y de doña María Luisa de Peñalver y Navarrete. Don
Sebastián, fue comisionado por don Carlos III para
entregar la Luisiana a la República Francesa.
Entre
la numerosa y distinguida descendencia que dejó el matrimonio
Montalvo-Calvo, se encuentran tres hermanas que dieron nombre y
prestigio a Cuba en las cortes de Isabel II y de Napoleón
III. Fueron: María Josefa, Serafina y Rosa
Montalvo y Cárdenas. Las cuales:
1-.
Doña María Josefa Montalvo y Cárdenas, casó con don Juan
Crisóstomo de Peñalver y Peñalver, III conde de San Fernando de
Peñalver, gobernador político de la Isla de Cuba y miembro destacado
de la ilustre casa de su nombre, la que había obtenido además, los
títulos de marqués de Arcos y de Casa Peñalver, conde de Santa María
de Loreto y de Peñalver.
2-.
Doña Serafina Montalvo y Cárdenas, casó con don José María
Herrera y Garro, III conde de Fernandina, Grande de España,
coronel de milicias de Caballería de la Plaza de La Habana, senador
del Reino y gentilhombre de Cámara de Su Majestad, miembro de la
casa los marqueses de Villalta y de Almendares.
3-.
Doña Rosa Montalvo y Cárdenas, casó con don Ignacio de
Herrera y Herrera, V conde de Jibacoa, primo de los Fernandina,
Villalta y Almendares.
La
condesa de Fernandina, íntima de la emperatriz Eugenia,
frecuentaba las Tullerías como si fuera su propia casa, y en muchas
ocasiones, el pueblo de París, confundió a la distinguida habanera
con la propia Emperatriz, cuando ésta asistía las fiestas en los
coches de Palacio.
Entre
otras distintas personalidades, existe en la actualidad una
habanera, descendiente del matrimonio Montalvo-Calvo, que goza de
gran prestigio en España, donde no cesa de demostrar su cariño a su
tierra natal. Se trata de la distinguida María la Concepción de
Guzmán y O'Farrill, condesa de Vallellano, Dama de la Orden de
María Luisa, casada con el marqués de Covarrubias de Leyva,
Consejero permanente de Estado, ex Alcalde de Madrid y ex presidente
monárquico del Congreso de los Diputados, Gran Baylío de la Orden de
Malta y Caballero del Real Cuerpo Colegiado de Hijosdalgo de la
Nobleza de Madrid, que en la actualidad desempeña con gran
inteligencia el cargo de Ministro de Obras Públicas en España.
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Marzo 1952