La
nobilísima familia de Zayas, radicada en Andalucía desde el
siglo XV, cuenta entre sus ascendientes al capitán general don
Jaime de Zayas, nieto natural del infante don Jaime de Aragón.
Este esclarecido linaje, a través de cuatro siglos, ha producido
gran número de hombres ilustres que se han destacado notablemente en
todas las ramas de la actividad humana.
En la
segunda mitad del siglo XVI pasaron a la Isla de Cuba los hermanos
Fernando y Lope de Zayas-Bazán, estableciéndose en Santa
María de Puerto Príncipe, donde dieron origen a una dilatada y
distinguida descendencia que desempeñó los primeros cargos de la
referida Villa.
El
capitán Diego de Zayas-Bazán y Roxas, natural y alguacil
mayor de la villa de Santa María de Puerto Príncipe, pasó a La
Habana y fue alcalde ordinario de esta ciudad en 1635 y regidor de
su Ayuntamiento por real título del año 1650. Casó con la ilustre
habanera doña Beatriz Calvo de la Puerta y Recio, y tuvieron
una numerosa descendencia, entre los cuales se encuentra: el
General José Pascual Zayas y Chacón, bautizado en la catedral
de La Habana el 23 de junio de 1772, que ha sido uno de los
militares cubanos que más nombre y prestigio han dado a nuestro país
en el extranjero. Luchó contra la naciente República francesa y en
1800, encontrándose bajo las órdenes del general conde del Donadío,
a pesar de hallarse herido en el brazo derecho, impidió que el
almirante Warren incendiara el arsenal del Ferrol. Poco
después, siendo ayudante de su pariente el general O´Farrill,
cubano también, pasó con él a Toscana para establecer en su trono al
rey de Etruria, y con el mismo jefe regresó a la Península en 1807,
cuando ya comenzaban a sentirse las maquinaciones de Napoleón I
para apoderarse de España.
El
general Zayas fue siempre leal a la causa española, a pesar
de las repetidas insinuaciones que le hicieron los principales
miembros del partido llamado afrancesado. Fue comisionado a Bayona
por la Junta Suprema para enterar a Fernando VII de la
creación de aquella, y de los demás sucesos que amenazaban a la
Monarquía. Vuelto a Madrid, comenzó a realizar múltiples hazañas
que más tarde perpetuaron los más famosos historiadores de la época,
proclamándolo como uno de los más valientes y activos héroes de
aquella epopeya nacional. Hizo prodigios de valor en la batalla de
Río Seco, y se distinguió notablemente en las de Talavera, Ocaña y
Medellín y en la de Albuera, tuvo su mayor lauro, por lo que dijo
Byrne, “que era digna de celebrarse en jácaras y cantos populares”.
Echó a los franceses de Moguer, y se batió en Niebla contra el
mariscal Soult. Recuperó la ciudad de Cuenca y rechazó en
Mislata la división de Polouville, replegándose después sobre
Valencia, donde cayó prisionero, siendo conducido a París y
encerrado en el castillo de Vincennes hasta el 7 de marzo de 1814,
en que fue puesto en libertad. Pasó a Valencey, donde el rey le
ordenó que procediese a las Cortes reunidas en Madrid, donde fue
acogido con gran júbilo. El propio Fernando VII lo condecoró
con la primera Cruz Laureada de San Fernando, y con la Banda de
Carlos III, nombrándolo poco después su ayudante, cuando el
levantamiento de las guardias españolas y walonas.
Habiendo regresado a Cuba el general Zayas, salió electo
diputado a Cortes por La Habana en 1822, desde cuyo escaño luchó por
promover la reforma de aranceles de aduanas, contribuyendo
notablemente a la representación de los habitantes de Cuba, contra
la ley de aranceles y restricción, que ésta imponía al comercio de
esta isla.
Al
caer en España el régimen constitucional en 1823, el general
Zayas fue nombrado capitán general de Madrid para guardar el
orden en la capital, mientras llegaban las tropas francesas mandadas
por el príncipe Antonio Luis de Borbón, duque de Angulema,
que apoyaban a Fernando VII en el establecimiento de la
monarquía absoluta. Contrario el general Zayas al nuevo
régimen español, pidió su cuartel para la villa de Chiclana a donde
se retiró desposeído de todos sus empleos y honores “quien había
vertido por la nación más sangre de la que se necesitaba para
existir un individuo”. Poco antes de ocurrir su fallecimiento, le
fueron devueltos todos sus empleos y dignidades. El duque de
Frías lloró en una bellísima elegía la muerte de este gran
militar cubano.
Los
Zayas son también figuras importantísimas para la historia de la
República, encontrándose entre los más destacados:
El
doctor Juan Bruno Zayas y Alfonso, médico, que alcanzó el
grado de mayor general de la guerra de Independencia. Al estallar
el grito de Baire se alzó en armas contra el gobierno español,
sosteniendo varios combates, entre ellos, los de Clavellinas y San
José, en el departamento de Las Villas. Más tarde se batió
valientemente en los de la Colmena, Desquite, Collzeo, Calimete,
Estante, Güira de Melena, Garro, Cabañas, Taironas, Tirado, Galafre,
Santa Lucía, Paso Real, Candelaria, Labori, Jaruco, Moralitos,
Catalina de Güines, Perla, Guamacaro, Santa Cruz, Nazareno, Río
Bayamo, Dolores, Diana y Río de Auras. Se separó del general
Maceo el 13 de marzo de 1896 para encaminarse al departamento
central en cumplimiento de las órdenes que le dio el caudillo
invasor, teniendo varios encuentros en su marcha, siendo digno de
mención: la participación que tuvo en la acción de Motembó. Una vez
cumplida su difícil misión, al tratar de unirse al general Maceo en
la provincia de Pinar del Río pereció el 30 de julio de 1896 cerca
de Quivicán. El caudillo sintió gran pesar al enterarse de su
muerte, y lo prueba las frases que expresó y que aparecen en un
documento oficial dirigido al general Máximo Gómez: “Cartas
de usted he recibido, y también del malogrado brigadier Zayas
que ha muerto como bueno en el cumplimiento de su deber, como lo
hubiese hecho el veterano más distinguido de la guerra grande;
muerte que lamento por sus extraordinarias condiciones de valor y
celo por el orden y disciplina del ejército, unidas a su amor
infinito a la causa que defendemos”. (Crónicas de la Guerra, por
José Miró).
Doctor
Alfredo Zayas y Alfonso, hermano del anterior, fue abogado y
agente revolucionario, por lo que fue deportado a los presidios de
Africa. Más tarde, ocupó entre otros cargos de importancia los
siguientes: director de la Sociedad Económica de Amigos del País de
La Habana, concejal del Ayuntamiento, subsecretario de Justicia,
presidente del Senado y presidente de la República de Cuba.
Doña
Carmen Zayas e Hidalgo casó en la catedral de México el 20 de
diciembre de 1877, con don José Martí y Pérez, natural de La
Habana, licenciado en Derecho Civil y Canónico y en Filosofía y
Letras de la Universidad de Zaragoza, notable escritor y poeta, y
Apóstol de la Independencia de Cuba; hijo de don Mariano Martí y
Navarro, natural de Valencia, subteniente del Real Cuerpo de
Artillería de la plaza de La Habana, y de doña Leonor Pérez y
Cabrera, natural de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.
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Diciembre 1946