En los
primeros tiempos, los gobernadores de la isla de Cuba no tuvieron
más funcionarios inmediatos que los sustituyeran en el mando de la
Isla, que aquellas personas que nombraba la Audiencia de Santo
Domingo, hasta que por el año 1580, en que fue terminado en La
Habana el castillo de la “Fuerza”, se ordenó que los alcaides de
esta fortaleza sustituyeran en lo militar a los gobernadores de la
Isla, en el caso de enfermedad, muerte o inhabilitación de éstos, y
encargaban el mando político de la misma a los letrados asesores del
Gobierno, hasta que fueran confirmados éstos en sus puestos o fuesen
reemplazados por otros que nombraba la Corona. Por eso vemos que el
gobernador Gabriel de Lujan fue sustituido en 1583 en el
mando politico de la isla de Cuba, por don García Hernández de
Torquemada y en lo militar, por don Diego Fernández de
Quiñones, hijo del conde de Luna, que a la sazón desempeñaba el
cargo de alcaide del castillo de la “Fuerza”.
El 21
de abril de 1586, fue repuesto en el mando de la isla de Cuba el
gobernador don Gabriel de Juján, el cual en unión del
esforzado alcaide Quiñones, defendió valerosamente la plaza
de La Habana, al frente de quinientos voluntarios haciendo huir al
temible pirata Drake que se había presentado en los mares de
Cuba con dieciséis embarcaciones mayores y catorce lanchas,
amenazando con un desembarco.
A
petición del alcaide del Morro, don Jerónimo de Quero, se
ordenó en 1615, que cuando vacase el gobierno de la isla de Cuba,
fuera interinamente cubierto el cargo por el alcaide de los Tres
Reyes o el Morro, por ser esta fortaleza más importante que la del
castillo de la “Fuerza”. Por eso vemos que a la muerte del maestro
de campo don José Fernández de Córdoba, ocurrida en La Habana
el 20 de julio de 1685, fue ocupado el mando militar de la Isla por
don Andrés Munive Miranda y Orquinaza y en lo político, por
el auditor don Manuel Murguía y Mena.
El
referido don Andrés Munive Miranda y Orquinaza, natural de la
fortaleza del Morro y después gobernador militar interino de la isla
de Cuba, casó dos veces en La Habana: la primera, con doña María
Pedroso y Farias; y la segunda, con doña Jacinta Ruiz Guillén
y Loza, dejando en Cuba, de ambos matrimonios, una ilustrada
descendencia entre la cual se encuentra la familia Carrillo de
Albornoz. También su compañero en el Gobierno de la isla de Cuba,
licenciado don Manuel Murguía y Mena, natural de la villa de
Montalvo, oidor de la real casa de la contratación de Sevilla, dejó
en nuestro país una distinguida descendencia de su matrimonio con la
ilustre habanera doña Isabel Lucía Calvo de la Puerta y Chacón,
perteneciente a los progenitores de los condes de Buenavista,
marqueses de Casa Calvo y de la Peñuela, condes de Casa Bayona y de
Mollina.
Al
fallecimiento ocurrido en La Habana el 4 de diciembre de 1702 del
maestre de campo, don Pedro Benítez de Lugo, capitán general
y gobernador de la isla de Cuba, fue ocupado el cargo de gobernador
militar de la isla, por el ilustre habanero don Luis Chacón y
Castellón, coronel de los Reales Ejércitos y alcaide de las
fortaleza del Morro y el licenciado Nicolás Chirinos y van de
Walle, miembro también de una de las principales familias de la
nobleza del país, ocupó el cargo de gobernador político de la isla
de Cuba.
El
gobernador interino Chacón, miembro destacado de los ilustres
progenitores de los condes y señores de Casa Bayona, tomó el mando
de militar de la isla de Cuba con gran prestigio, pues había tomado
parte en Europa en las campañas de Espolla, Gerona, Puigcerdá,
Camprodón y en otras funciones de guerra y en la famosa que sostuvo
Carlos II contra Francia fue herido de gravedad; y su
compañero en el gobierno político de la isla de Cuba, licenciado
Chirinos, fue colegial del insigne San Ramón, abogado de la real
audiencia y cancillería de Nueva España, regente de prima de
filosofía de la universidad de dicha ciudad, su alcalde de Corte y
oidor de la real audiencia de Santo Domingo, procurador general y
alcalde ordinario de La Habana, el cual al fallecimiento del piadoso
obispo Compostela, le sucedió en el gobierno eclesiástico de
la isla de Cuba como provisor y vicario general en Sede vacante. El
licenciado Chirinos casó con la ilustre habanera doña
Magdalena de Roxas Inestrosa, pariente del primer gobernador de
esta isla, con quien tuvo una numerosa y distinguida descendencia,
que contrajo alianzas con los miembros más prominentes de la nobleza
cubana.
Tanto
Chacón como Chirinos, encargados del gobierno de la
isla de Cuba, cada cual en su ramo respectivo a fuerza de concierto
y de prudencia, no sólo conservaron fiel esta isla a España, en la
época más crítica de la guerra de sucesión, hallándose casi sin
tropa ni marina, sino que tomaron algunas veces la ofensiva contra
los enemigos de la Corona. Los corsarios de esta isla lograron
algunas presas de importancia contra los ingleses y el gobernador de
Santiago de Cuba, barón de Chávez, que era también habanero,
emprendió una expedición con la cual insultó a las islas de
Providencia y Siguatey, pasó a cuchillo a más de cien ingleses, les
cogió ciento cincuenta prisioneros, les arrasó sus labranzas y sus
casas, regresando a aquel puerto cargado de botín a los pocos días
de su salida.
El 13
de mayo de 1706 los gobernadores interinos Chacón y
Chirinos, entregaron el mando de la isla de Cuba al sargento
general de batalla don Pedro Alvarez de Villarín, que
falleció en La Habana el 8 de julio del mismo año, teniendo
nuevamente Chacón y Chirinos que hacerse cargo del
gobierno de esta isla, durante cuyo mando tuvo Chacón que
rechazar a cañonazos a los ingleses que se habían presentado frente
a La Habana con veinte y dos bajeles, pretendiendo que el gobernador
de esta isla proclamara al pretendiente don Carlos de Austria,
como rey de España.
Chacón
y Chirinos entregaron el mando de la isla de Cuba el 18 de
enero de 1708, al coronel don Laureano de Torres Ayala y Quadros,
natural de Sevilla, más tarde marqués de Casa Torres, caballero de
la orden de Santiago, que había sido capitán general y gobernador en
esta isla, tuvo disgustos con su auditor, don José Fernández de
Córdoba, que elevó al rey una acusación por la cual ordenaron
poner preso a Casa Torres y enviaron a Cuba para instruirle
causa, al oidor Cavero. Por este motivo tuvo Chacón
que hacerse nuevamente cargo del gobierno militar de esta Isla, en
un período lleno de inquietudes internas, al ser electo en 1712
alcaldes ordinarios los habaneros don Martín de Palma Beloso y
Morales y don Jacinto Pedroso y Calvo de la Puerta, a
quienes correspondía el gobierno interino político de la isla de
Cuba.
Después de haber estado confinado dos años en la villa de Guanabacoa,
fue repuesto en el mando del gobierno de la Isla de Cuba, el coronel
don Laureano de Torres Ayala y Quadros, marqués de Casa
Torres, el cual casó con la distinguida habanera doña Catalina
Gertrudis Bayona y Chacón, hermana del primer conde y señor de
Casa Bayona, y sobrina del gobernador don Luis Chacón y Castellón,
con quien tuvo una dilatada descendencia que se enlazó con los
principales miembros de la nobleza del país.
Durante los gobiernos interinos de Chacón y Chirinos,
se pudo observar que por no estar bien deslindadas las atribuciones
del mando militar de las del mando civil, ocurrían con frecuencia
diferencias que había que evitar en el futuro, por lo que se ordenó
crear en 1715 y el empleo del Teniente Rey de la plaza de La Habana,
al cual se consignaron el privilegio de resumir ambos mandos en la
jurisdicción de la Capital, cuando faltara el capitán general de la
Isla.
En la
primera mitad del siglo XVIII, fue teniente rey de la plaza de La
Habana, don Félix del Rey y Boza, natural de La Laguna, oidor
de las Reales Audiencias de México y Guatemala. Una calle de La
Habana lleva su nombre, por haber vivido en ella. Casó en esta
ciudad con doña María Álvarez Herrera y Pastrana, y tuvieron
una numerosa y dilatada descendencia que enlazó con las distinguidas
familias cubanas de Armenteros, García Menocal, Suárez del Villar, y
otras.
Don
Félix del Rey y Alvarez, hijo del anterior, también teniente rey
de la plaza de La Habana, y el doctor Carlos miembro también
de esta familia, trajo a Cuba la yerba llamada Don Carlos.
Cuando
en 1763 se constituyó en la isla de Cuba una capitanía General
enteramente independiente, y se formó una subinspección de
ingenieros, el empleo de teniente rey fue declarado de segundo cabo
y sometido a un oficial general, como lo fue en una época don
Manuel Cabello y Rodríguez, coronel de los Reales Ejércitos,
padre político del primer conde de Vallellano. Posteriormente
corrieron siempre los teniente rey, cualquiera que fuese su
graduación, con las triples funciones de su cargo en la plaza, las
del segundo cabo y de la subinspección de las tropas de la Isla,
menos cuando desde 1802 hasta 1807, corrió con los dos segundos el
mariscal de campo don Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, conde
de San Juan de Jaruco y de Santa Cruz de Mopox. Hasta 1812 se
declararon unidos estos cargos en una misma persona, que lo fue
entonces el mariscal de campo don Francisco Montalvo y Ambulodi,
hijo del conde de Macuriges y hermano del conde de Casa Montalvo.
Otros cubanos también desempeñaron el cargo de teniente rey de la
plaza de La Habana, ya como subinspectores y segundos cabos, para
suplir interinamente las vacantes de los capitanes generales de la
isla de Cuba.
11
Mayo 1947