Don
Alejandro O'Reilly y Mc Dowel, primer conde de O'Reilly, nació
en Dublín, Irlanda, el año 1725, de familia católica muy partidaria
de la causa de los Stuart, por lo cual acompañó desde muy niño a sus
padres en su emigración a España, donde sentó plaza de cadete en el
regimiento de infantería de Hibernia.
Don
Alejandro pertenecía a la ilustre familia de O'Reilly, que
remonta su origen a Orgallio, señor de la Bresnia Oriental, en
Irlanda, primero de este linaje que recibió el nombre de O'Reilly,
desde cuya época consta que el principado de la Bresnia Oriental
empezó a llamarse Bresnia O'Reillyana, hasta que en el año 1602, los
descendientes de Orgallio perdieron el principado de la Bresnia
Oriental.
En
1740, don Alejandro O'Reilly fue destinado al ejército de
Italia bajo las órdenes del duque de Montemar, encontrándose en las
más sangrientas batallas de esa guerra, donde fue gravamente herido,
quedando abandonado toda una noche entre los cadáveres que habían en
el campo, siendo puesto en cura al día siguiente por los mismos
enemigos y canjeado poco después a España, quedando cojo en el resto
de su vida a consecuencia de un balazo que le desbarató el talón.
Tan pronto como mejoró de sus heridas, volvió a combatir en esa
guerra en las campañas de Lombardía del Tanaro y de Placensia, y en
la posterior retirada sobre el Var. Una vez hecha la paz, lo
comisionaron para ir a estudiar en los ejércitos austríacos la nueva
táctica militar establecida por Federico II, rey de Prusia,
concurriendo a más de veinte funciones de guerra durante tres
campañas en la llamada de Sucesión en Prusia y Alemania, apareciendo
citado con elogios su nombre en los partes oficiales, recibiendo
repetidas muestras de estimación, incluso de la emperatriz María
Teresa. Sus conocimientos adquiridos en la Austria fueron
ordenados escribirlos, explicarlos y hacerlos aprender prácticamente
en Madrid al regimiento de Guardias españolas a la vista del conde
de Aranda y de otros famosos generales. Poco después, O'Reilly
dirigió la brigada de vanguardia en la campaña contra Portugal, en
la que hizo retirar las tropas angloportuguesas mandadas por el
conde de Lippe.
Conforme al tratado de Versalles, fue devuelta por Inglaterra a
España la isla de Cuba, siendo comisionado por don Carlos III
para recibirla al ilustre teniente general don Ambrosio Funes de
Villalpando y Abarca de Bolea, conde consorte de Ricla e hijo
menor de los condes de Atarés, que llegó a La Habana el 8 de julio
de 1763 en compañía de su segundo don Alejandro O'Reilly y Mc
Dowel, hospedándose en la quinta "San Juan", propiedad de los
Belimitas, para dar lugar a que Sir Keppel, gobernador inglés
de La Habana, ordenara la evacuación y entrega de la plaza, entrando
poco después Ricla junto con O'Reilly, en coche
abierto por la puerta de "Tierra" entre las aclamaciones del pueblo,
celebrándose este suceso en La Habana con un hermoso repique de
campanas, una procesión del Santísimo Sacramento, un Tedeum y
grandes festejos en toda la isla.
O'Reilly,
escogido por Ricla para que le ayudase en la comisión que le
fue encomendada, fue el primero que desempeñó en Cuba el cargo de
segundo cabo y subinspector general de todas sus tropas, comenzando
entonces ambos generales a desarrollar el plan de restauración de la
plaza de La Habana y reorganización de la administración civil y
militar de toda la Isla.
Ricla,
O'Reilly, los ingenieros militares brigadier Abarca,
coroneles Crame y Fernández-Trevejos, este último cubano,
recorrieron a caballo durante varios días los alrededores y avenidas
de La Habana y estudiaron las posiciones militares de la bahía,
resolviendo emprender las obras de reconstrucción y fortificaciones
de esta plaza, comenzando con las obras de La Cabaña en donde
erigieron el ción y ampliación de la fortaleza castillo de San
Carlos, reedificación del Morro y de la batería de La Pastora, a la
que siguieron la de la loma llamada de Soto y la altura de Aróstegui,
donde comenzaron la construcción de la fortaleza del Príncipe, así
como la del Castillo que después se llamó de Atarés en obsequio al
hermano mayor de Ricla que era conde de este título, empleando en
dichas obras durante los años de 1764 y 65, más de cuatro mil peones
y dejando la capital de la Isla a su terminación, como una de las
plazas más fuertes de América en su tiempo. Se restauraron y
ensancharon las murallas, sus terraplenes y fosos, y se completaron
por la parte de la bahía los fuertes del recinto.
Para
abreviar el despacho de sus comisiones, Ricla y O'Reilly
emprendieron simultáneamente con las nuevas obras, la
reorganización de lo militar, lo administrativo, lo personal y lo
material en toda la Isla, imitándolos en su actividad el brigadier
don Fernando Cagigal y Solís, segundo marqués de
casa-Cagigal, gobernador y capitán de guerra de la plaza de Santiago
de Cuba.
O'Reilly
para convertir en una realidad lo que se tenía por imposible al
transformar a los milicianos en soldados verdaderos, empezó por
levantar padrones de La Habana y de Matanzas, puso nombres a sus
calles, numeró sus casas, las dividió en barrios y señaló a cada
cual sus respectivos contingentes de hombres, extendiéndose igual
operación a los partidos territoriales de ambos pueblos. Hizo un
reglamento general para las milicias y comenzó a ponerlo en práctica
sin esperar a que se lo aprobase el Ministerio. Siete cuerpos se
crearon en menos de tres meses, así con los antiguos milicianos,
como con reclutas nuevos. Al primero que constaba de dos batallones
de ochocientas plazas, se llamó "Regimiento de Voluntarios blancos
de La Habana". Las ocho compañías del primer batallón se nutrieron
en la capital, y las ocho del segundo, con contingentes de los
partidos del interior de la provincia, al mando del coronel
Francisco Chacón y Torres, segundo conde de Casa Bayona, señor y
justicia mayor de la ciudad de Santa María del Rosario.
Dotó a
Matanzas de un cuerpo mixto llamado "Regimiento de Dragones",
compuesto de un escuadrón de caballería y otro de infantería, el
primero con ciento cincuenta plazas y el segundo con cuatrocientas
cincuenta. Al de Matanzas siguió en antigüedad el Regimiento de
Voluntarios de Caballería de La Habana, que contó con tres
escuadrones montados desde su principio con seiscientos jinetes
entre todos, siendo su primer coronel don Martín de Aróstegui y
Larrea, que después de distinguirse en la tenencia de gobierno
de Trinidad, al atacar los ingleses a La Habana en 1762, se presentó
a combatir en los postreros lances del asedio.
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Junio 1952