El 19
de octubre de 1844, durante el mando del teniente general don
Leopoldo O-Donell y Jorris, más tarde duque de Tetuán y conde de
Lucena, capitán general y gobernador de la isla de Cuba, fundó el
culto periodista catalán don Ramón Pintó y Llinás, en la
calle de Mercaderes numero 97, él "Liceo Artístico y Literario de la
Habana", sociedad de recreo dedicada al fomento de las letras y de
las bellas artes.
Durante los primeros años de su fundación, este Instituto llevó una
vida lánguida a pesar de la eficacia de Pintó, que también
contaba en aquella ocasión con la amistad del capitán general don
José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, de quien era uno de sus
más queridos confidentes.
Siendo
muy joven don Ramón Pintó, emprendió la carrera eclesiástica,
y tomó el hábito en 1817, profesando al año siguiente como fraile
Gerónimo. Durante las revueltas políticas ocurridas en España
durante los años 1820 al 23, abandonó la carrera de la Iglesia,
ingresando en las filas de la Milicia Nacional, donde se hizo
notable por sus ideas liberales, pero a la caída de la Constitución
huyó hacia Cuba en 1824, donde logró colocarse como profesor de los
hijos del ilustre cubano don Carlos José Késsel y Espinosa de
Contreras, tercer barón de Késsel, capitán de dragones de la
plaza de la Habana, y mediante la protección de este, obtuvo al
fallecimiento de Fernando VII el nombramiento de Contador de
Crédito Público, destino de que no tomó posesión, por oponerse el
conde de Villanueva, famoso intendente de la Real Hacienda de la
Habana "que no quería tener entre sus subordinados, un genio tan
levantisco y bullicioso como el del ex fraile".
A
principios del mes de enero de 1855, durante el segundo mando en
Cuba del general Concha, fue complicado en una conspiración
de miras separatistas don Ramón Pintó y Llinás, director del
"Liceo Artístico y Literario de la Habana", por lo que fue preso y
sometido poco después a un consejo de guerra, fue condenado a morir
en el patíbulo, lo que se cumplió el 22 de marzo de 1855. Durante su
cautiverio en el Castillo de la Punta, le dirigió a su antiguo amigo
el general Concha la siguiente carta: "Señor, protesto y juro
una y mil veces a V. E. ante Dios que va a juzgarme, que nunca jamás
he ofendido a V.E. de palabra, de obra, ni de pensamiento, y que por
lo tanto, nunca jamás he podido atentar contra la vida de V.E., de
quien he sido siempre un verdadero entusiasta. Respecto a los
crímenes que me imputan, Excmo. señor, son falsos también, pero han
sido preparados mañosamente por una mano enemiga y fallados por la
severidad de un tribunal que no ha visto esa mano, porque así lo
quiere Dios". También declaró repetidas veces Pintó, que el
verdadero conspirador era el propio capitán general Concha, y
el historiador Zaragoza cuenta que el día de la ejecución, al
despedirse el reo de un íntimo, dijo: "me condena al patíbulo el más
infame maquiavelismo: la historia me hará justicia y quitará la
máscara a mis verdugos que son los verdaderos traidores y los que me
han arrebatado las pruebas de mi inocencia y de su crimen".
Después de la trágica muerte de Pintó, el Liceo Artístico y
Literario de la Habana tomó un gran incremento, empezándose a
publicar un periódico semanal titulado "Liceo de la Habana" en el
cual se insertaba todo lo relativo a las bellas artes y se
reproducían todas las obras leídas y premiadas en la misma Sociedad,
la cual se regía bajo el patronato y suspicios de los capitanes
generales de esta Isla, los que se reservaba el derecho de
presidirla.
Se
dividía este Instituto en cinco secciones, que eran: las de ciencia,
literatura, bellas artes, música y declamación, cada cual con su
mesa facultativa, compuesta de un presidente, un vicepresidente, un
director, un secretario y un vice secretario. Además de estas cinco
mesas, funcionaba una general, la cual entendía en todo lo relativo
a las demás. Los gastos que se ocasionaban en este utilísimo
establecimiento se sostenían con las cuotas mensuales que se
recaudaban de sus socios contribuyentes, cuyo número fluctuaba en
aquella época entre 450 y 500, y con los beneficios de algunas
funciones de entrada pecuniaria, como bailes de sala y de disfraz,
sin contar con la función semanal, ya dramática, ya lírica, y de
ejercicios artísticos y literarios que celebraban exclusivamente los
socios. También en ciertas épocas esta Sociedad ofrecía juegos
florales y certámenes públicos, en los que consignaba premios a los
autores de las mejores obras presentadas. Tenía un gabinete de
lectura y una biblioteca muy notable, y también daba clases gratis
de arquitectura, dibujo lineal elemental, lineal completo y natural;
idiomas griego, francés e inglés, física, esgrima, grabado en
madera, higiene, literatura, historia natural, flauta y oboe, piano,
psicología y pintura de decoración.
El
Liceo fue protector de todos los artistas nacionales y extranjeros
que solicitaban sus salones, en donde sin pagar nada por el
alumbrado y el servicio, daban a conocer sus talentos y facultades.
También daba funciones públicas, cuyos productos se dedicaban a
fines caritativos o patrióticos. Dada su gran prosperidad, este
establecimiento pudo comprar el gran teatro de Tacón por la cantidad
de 750,000 pesos fuertes, que era propiedad de su fundador, el gran
emprendedor catalán don Francisco Márty y Torrens,
adquiriendo esta Sociedad, no sólo el edificio principal, sino
también los almacenes de vestuario, mobiliario y decoraciones, todos
sus terrenos y demás dependencias.
Don
Ramón Pintó y Llinas, fundador del "Liceo Artístico y Literario
de la Habana", dejó en nuestro país una ilustre descendencia de su
matrimonio con doña María Payne y Almansa. Fueron sus hijos:
María Josefa, América, Irene, Mariana, Ramón y César Pintó y
Payne. Los cuales:
1.-
Doña María Josefa, casó con don Federico Edelmann y
Robinson, natural de Cuba, miembro de una familia procedente de
Strasburg, muy amante de la música. Uno de los ascendientes de
Edelmann aparecen un conocido cuadro, en unión de Claudio
José Rouget de Lisle, autor del himno "La Marsellesa".
2.-
Doña América, casó con don Laureano Chacón y Montalvo,
miembro de la nobilísima familia cubana de los condes y señores de
Casa-Bayona.
3.-
Doña Irene, casó dos veces: la primera, con don Enrique
Carrillo de Albornoz y Hernández; y la segunda, con don
Antonio Carrillo de Albornoz y O'Farrill, introductor de
ministros de la República de Cuba, ambos primos, y pertenecientes a
una antigua y noble familia del país.
4.-
Doña Mariana, casó con el licenciado don José Joaquín
Machado y Gómez, abogado distinguido, descendiente de los
primeros pobladores de Villaclara.
5 y
6.- Don Ramón, fue médico y su hermano César, ministro
de Cuba en Venezuela. Don René Pintó y Wentworth, ingeniero
de la Universidad de Cornell, hijo de este último, perdió un brazo
en la batalla del Somme.
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Enero 1948