Los
gobernadores de la isla de Cuba, desde la fundación de La Habana,
tenían vigías y centinelas que se alojaban en pequeños albergues en
el promontorio donde se construyó la fortaleza del Morro.
El
gobernador Diego de Mazariegos ordenó la fortificación de una
torre, y el 20 de noviembre de 1589, don Juan de Tejeda,
sucesor de Mazariegos, comisionó al ingeniero Juan
Bautista Antonelli la construcción de los Tres Reyes.
A
fines de marzo de 1591, comunicó a la Corte el gobernador Tejeda
que al Morro "ya todo por la parte de tierra" estaba en defensa; y
en el verano de 1595, cuando Antonelli se preparaba a marchar
para Nombre de Dios, declaró que el Morro estaba en defensa por "la
frente del campo".
Cuando, por la muerte del gobernador de la Isla o por otra causa,
quedaba vacante el cargo, tomaba posesión interinamente del gobierno
de Cuba el alcaide del Castillo de la Fuerza, hasta que llegaba el
propietario. En 1615, y a petición de don Jerónimo de Quero,
alcaide del Morro, se ordenó que cuando vacase el gobierno de la
isla fuera interinamente cubierto el cargo de gobernador por el
alcaide del Morro, hasta que, en 1715, se creó la plaza de Teniente
Rey o Cabo Subalterno.
Un
cubano ilustre fue alcaide del Morro en 1701, don Luis Chacón y
Castellón, coronel de los Reales Ejércitos, que fue también tres
veces gobernador militar interino de la isla de Cuba. Sirvió en los
tercios del Duque de Monteleón, hallándose en la entrada del Duque
de Parma en el Rosellón, donde le tocó desalojar al enemigo. También
se encontró en Espolla, donde fue herido, y en el sitio de Puigcerdá
por los franceses, siendo uno de los que valerosamente defendieron
la plaza. Distinguióse también en el reencuentro de Pont Mayor, en
Gerona, y sitio de esta Plaza; en la recuperación de Campodrón, en
el sitio de Barcelona, y en otras funciones de guerra y en la famosa
y dilatada que sostuvo Carlos II contra Francia, en la que
fue gravemente herido. Este valeroso militar cubano era miembro de
la gran familia del dos Condes de Mollina y de Casa Bayona,
Marqueses de la Peñuela.
Durante el gobierno de don Juan de Prado y Malleza, hijo
segundo del Marqués de Acapulco, los ingleses tomaron la plaza de La
Habana en 1762 destrozando el Morro, a pesar de la heroica defensa
realizada por don Luis de Velasco e Isla, capitán de navío de
la Real Armada, que a la sazón se encontraba en La Habana y el cual
tomó valientemente el mando de la fortaleza, inmortalizando su
nombre en su defensa, muriendo de las heridas recibidas el 31 de
julio de 1762.
A la
memoria de Velasco, se levantó una estatua en el pueblo de
Meruelo, donde había nacido, próximo al de Noja, delante de la casa
de la Audiencia de la Junta de Siete Villas, que lo representa con
la mano izquierda puesta en la herida y blandiendo la espada con la
derecha. En Inglaterra también perpetuaron el heroísmo de este
ilustre marino español, levantándole una estatua en la Abadía de
Westminster, en unión de don Vicente González de Bassecourt,
Marqués González, capitán de navío y segundo jefe del Morro. Por
real despacho se ordenó que perpetuamente la Armada española tuviese
un barco con el nombre de Velasco y por otro real despacho de 12 de
julio de 1763, se le concedió a su hermano don Iñigo de Velasco e
Isla, el título de Marqués de Velasco.
El
referido Marqués González mandaba el navío "Aquilón", de
sesenta cañones, cuando ocurrían estos acontecimientos, pasando con
Velasco al Morro y empeñado con su compañero en la defensa de
la fortaleza, recibió dos heridas, casi al tiempo que caía
Velasco y murió a poco, acribillado de balazos y abrazado a la
bandera. Tan bárbaramente vendió su vida, que no pudo encontrarse su
destrozado cadáver. Por real despacho de 22 de marzo de 1763,
queriendo Su Majestad perpetuar su valor heroico, concedió a su
hermano don Francisco González de Bassecourt, Marqués de
Grigny, de Borghetto y de Ceballos, el título de Conde del Asalto
del Morro.
En un
sermón de honras fúnebres celebrado el La Habana en 1772 por el
párroco de la Iglesia del Espíritu Santo, refiriéndose al Marqués
González, dijo así: "Que importa que no parezcan ni aún tus
cenizas, único residuo de la humanidad; que tu valor heroico no
dejara de enterrar a la piedad y que tus miembros hechos piezas, se
confundieran entre los cadáveres de tantos gloriosos muertos, si la
religión, por medio de los más nobles sentimientos, los recoge,
ordena y compone para reproducirse en el corazón de cada habanero".
En
cumplimiento del tratado de Versalles, fue devuelta Cuba a España,
tomando posesión de la isla don Ambrosio Funes de Villalpando y
Abarca de Bolea, Conde de Ricla, que ordenó la reconstrucción
del Morro al cubano don Antonio Fernández Trevejo y Zaldívar,
coronel de Infantería de Ingenieros, jefe de la plaza de La Habana,
insigne matemático, que se distinguió durante el sitio defendiendo
el torreón de Santa Dorotea de la Chorrera, donde fue hecho
prisionero por los ingleses, el 30 de julio de 1762.
El
ingeniero Fernández Trevejo fue también autor de un notable
plan de fortificaciones para la isla y trazó los planos del primer
teatro habanero, situado en la Alameda de Paula; los de la
Intendencia y de otros edificios públicos.
El
Conde de Ricla trajo a Cuba al distinguido militar don
Alejandro O’Reilly y McDowell de origen irlandés, al servicio de
España, que lo ayudó notablemente en la reorganización de la isla y
que fue, más tarde, primer Conde de O’Reilly, teniente general de
los Reales Ejércitos, ayudante General de Infantería, inspector
general de la tropa Reglada y Milicias de las Islas de Cuba y de
Puerto Rico; jefe de la Expedición de Argel, comandante general de
Madrid, capitán general de Andalucía, gobernador político de la
plaza de Cádiz, habiendo también organizado en Cuba las Milicias de
Pardos y Morenos.
En
1768, había sido derrotado Ulloa en la Luisiana, siendo
nombrado el general O’Reilly capitán general y gobernador de
dicha provincia, para vengar el ultraje hecho a la nación y someter
al orden aquella rebelde colonia, a la que marchó con sus tropas,
tomando la ciudad de Nueva Orleáns sin grandes esfuerzos. Al año
siguiente regresó O’Reilly a La Habana, viniendo a sus
órdenes su cuñado, el general Luis de las Casas y Aragorri,
que fue más tarde capitán general y gobernador de la isla de Cuba.
Era el
general Luis de las Casas natural de Vizcaya, miembro de la
Casa de los Marqueses de Villarias, y medio hermano del héroe de la
famosa batalla de Bailén, don Francisco Javier Castaños y
Aragorri, primer Duque de Bailén, sobrinos, ambos, del Marqués
de Iranda, célebre ministro español de Hacienda. El general las
Casas fue uno de los más brillantes capitanes generales que tuvo
la isla de Cuba, donde fundó la Real Sociedad Patriótica de La
Habana, de la cual fue socio de honor y su primer presidente.
Don
Pedro Pablo O’Reilly y de las Casas, natural de Madrid, fue
segundo Conde de O’Reilly, mariscal de campo de los Reales Ejércitos
e inspector general de todas las tropas de la isla de Cuba, que pasó
a La Habana para casar con la rica heredera habanera doña María
Francisca Calvo de la Puerta y del Manzano, tercera Condesa de
Buenavista, y heredera del marquesado de Jústiz de Santa Ana,
Regidora y Alguacil Mayor perpetua por juro de heredad del
Ayuntamiento de La Habana, y cuyo cargo traía anexo el conocido
"Derecho de Puñalada", que consistía en pagarle al Alguacil tres
reales por cada res que se matase en La Habana. Tuvieron, entre
otros hijos, a don Manuel O’Reilly y Calvo de la Puerta, que
fue cuarto Conde de Buenavista, tercer Conde de O’Reilly, heredero
del marquesado de Jústiz de Santa Ana, brigadier de Infantería de
los Reales Ejércitos, coronel de Milicias de Caballería de la plaza
de La Habana, consejero de Administración del Gobierno de la Isla,
senador del Reino, regidor alguacil mayor del Ayuntamiento de La
Habana y presidente del Ferrocarril de La Habana a Matanzas. Casó
con doña María Francisca Núñez del Castillo y Montalvo, sexta
Marquesa de San Felipe y Santiago y tercera Condesa del Castillo,
con Grandeza de España, dando lugar este enlace a los cinco títulos
nobiliarios que reunió esta familia y que ostentan sus
descendientes, con excepción del Condado de O’Reilly, que se
encuentra vacante.
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Julio1946