Durante el brillante mando del teniente general Felipe Fons de
Viela, marqués de la Torre, capitán general y gobernador de
Cuba, se llevaron a cabo numerosas obras en esta Isla, entre ellas,
la construcción del hermoso edificio de la Intendencia, situado
frente a la plaza de Armas, entre el castillo de la Fuerza y el
antiguo caserío del Boquete.
Bajo
la intervención de este ilustrado capitán general marqués de la
Torre, y del intendente Nicolás Rapún, el notable
ingeniero cubano coronel Antonio Fernández-Trevejo y Zaldívar
(uno de los famosos defensores del torreón de La Chorrera durante el
asedio inglés de 1762), llevó a cabo la construcción del edificio de
la Intendencia en 1772, donde se instaló el intendente y sus
oficinas, y también la administración de Correos.
Durante el gobierno del capitán general Juan Manuel de la Pezuela
y Cevallos, marqués de la Pezuela, más tarde conde de Chesta,
Grande de España, hijo del célebre marqués Viluma, fue
declarada anexa la superintendencia general de Rentas a la Capitanía
General de la Isla, desde cuya época se destinó el edificio de la
Intendencia para alojamiento de los segundo cabo o teniente
gobernadores de esta Isla, y más tarde, durante la era republicana,
ha sido ocupado este palacio por el Senado, y en la actualidad, por
el Tribunal Supremo de Justicia (O'Reilly esquina a Tacón).
Uno de
los más notables intendentes que hemos tenido en Cuba, ha sido el
gran estadista habanero Claudio Martínez de Pinillos y Cevallos,
segundo conde de Villanueva, coronel de infantería de los Reales
Ejércitos, que militó en las grandes batallas de la independencia
española, bajo las órdenes del vencedor de Bailén. En 1825, sucedió
en la intendencia de La Habana al ilustre Patricio Francisco de
Arango y Parreño, contribuyendo con su sabia administración a
elevar la recaudación de dos millones de pesos a treinta y siete, en
el año 1837; y gracias a sus acertadas disposiciones, la exportación
de tabacos en rama que en 1829 era de setenta mil arrobas, ascendió
en 1835 a seiscientas dieciseis mil. En 1835, contribuyó a promover
el primer camino de hierro que tuvo la Isla, con un empréstito que
concertó en Londres por valor de dos millones, con su garantía
personal y de la Junta de Fomento, y de esta manera, en 1837 empezó
a funcionar el ferrocarril hasta Bejucal, y en 1858, hasta Güines.
Mejoró las escuelas, el Jardín Botánico, fundación de Anales de
ciencias, literatura y comercio, anfiteatro de anatomía, curso de
clínica, escuela náutica, laboratorio de química, y multitud
establecimientos de utilidad pública que fueron honras de la nación,
y que contribuyeron a aumentar la población y riqueza de Cuba.
También a él se debió el acueducto de Fernando VII, la idea de traer
las aguas de Vento, el Monte de Piedad, y el establecimiento de un
arbitrio de un real de plata sobre cada barril de harina que entrara
en este puerto y en el de Matanzas, a favor de la Real Casa de
Beneficencia.
También desempeñó Pinillos los cargos de presidente del
Tribunal Mayor de Cuentas, del Montepío de Ministros y oficinas de
las de Diezmos, y de la Almoneda, juez privativo de Arribadas,
superintendente del ramo de Cruzada, jefe superior de la Renta de
Lotería y gentilhombre de cámara de Su Majestad. Fue además,
caballero de las órdenes de San Fernando, Isabel la Católica, de
Carlos III y de Calatrava y maestrante de Ronda. En 1845, se le
concedió la Grandeza de España anexa al condado de Villanueva, y en
1852, el título de vizconde de Valvanera, para que lo llevaran
siempre los primogénitos de los condes de Villanueva.
Por un
acto de acaloramiento en el Consejo de Ultramar, falleció el
conde Villanueva en Madrid en 1853, en la cama del conserje,
publicándose a su memoria lo siguiente: "No vive ya entre nosotros,
pero vienen esos monumentos indestructibles de su glorioso saber,
que hablan por él a las naciones civilizadas y que hablarán por él
al mundo". En otro escrito aparece: "Fue el ramo del comercio el que
más debió a las acertadas disposiciones de Villanueva, que
elevó con ingeniosas combinaciones a un grupo sorprendente de
prosperidad no sólo las rentas del Tesoro, sino también, la riqueza
pública". El conde de Villanueva, como el postrero tuvo la
suerte y la inteligencia de llevar a cabo y perfeccionar las
doctrinas que había aprendido en las fuentes de sus predecesores,
los eminentes intendentes José Pablo Valiente y Bravo,
Alejandro Ramírez y Blanco y Francisco de Arango y Parreño.
El sabio barón de Humboldt, elogió notablemente a
Villanueva bajo el aspecto económico, en su obra que escribió
sobre la isla de Cuba.
Al
fallecimiento del ilustre cubano el intendente don Claudio
Martínez Pinillos y Cevallos, segundo conde de Villanueva,
Grande de España, primer vizconde de Valvanera, le sucedió en los
títulos nobiliarios su único hijo, don Claudio Martínez de
Pinillos y Ugarte, que falleció a los dieciseis años de edad sin
dejar sucesión, a consecuencia de haberse contagiado de viruelas al
asistir al entierro de su nodriza, fallecida a causa de esta
enfermedad. Su madre, la condesa viuda, ingresó en el convento del
Sagrado Corazón de Chamartín de la Rosa, donde falleció el 7 de
octubre de 1866.
Al
quedar vacante el título de conde de Villanueva, lo reclamó doña
Francisca del Corral y Martínez de Pinillos (sobrina carnal del
famoso Intendente), que obtuvo Real carta de sucesión el año 1858.
Casó con don Francisco Ponce de León y Balzán, tercer marqués
de Aguas Claras, coronel de milicias, corregidor, padre general de
menores, regidor del Ayuntamiento y alcalde de La Habana, senador
del Reino y presidente del consejo de administración de la isla de
Cuba. Tuvieron por hijo: a don Adolfo Ponce de León y del Corral,
que fue conde de Villanueva, Grande de España, vizconde de Valvanera,
comandante de milicias de la plaza de La Habana y gentilhombre de
Cámara de Su Majestad. Casó con su prima doña Mercedes Ponce de
León y González Camero, hija de los condes de casa Ponce de León
y Maroto, que es la actual condesa viuda de Villanueva.
30
Marzo 1947