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Del
Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco
Domingo del Monte
El
licenciado Domingo del Monte y Aponte, bautizado en
Maracaibo el primero de septiembre de 1803, fue abogado de la
Universidad de la Habana, poeta de exquisito gusto, distinguido
periodista, notable literato y una de las primeras figuras
intelectuales que brillaron en Cuba en la primera mitad del siglo
XIX; habiendo sabido atraer y reunir en torno suyo, cuanto de
distinguido y de notable había en la juventud y encender en todos
sus pechos el fuego sagrado del amor a la ciencia.
Era
hijo del abogado Leonardo del Monte y Medrano, síndico
procurador general, alcalde ordinario, auditor de guerra, asesor de
gobierno y teniente de gobernador de Santo Domingo hasta que esa
Isla fue cedida a Francia, en que fue nombrado auditor de guerra y
teniente gobernador de Maracaibo, de donde tuvo que emigrar a Cuba
con su familia a causa de los trastornos políticos, siendo entonces
nombrado auditor de guerra y teniente gobernador de la plaza de La
Habana.
Los
del Monte proceden de una de las más ilustres familias de la isla de
Santo Domingo, donde se establecieron a principios del siglo XVII.
En el censo que se hizo en 1606 en la ciudad de Jerez de los
Caballeros, ya aparece don Domingo del Monte Pichardo, como
tesorero oficial real de Hacienda, siendo numerosísimos los miembros
de esta familia que pudiéramos citar, ocupando los primeros cargos
públicos en Santo Domingo, de donde tuvieron que emigrar a Cuba a
raíz del tratado de Basilea, destacándose también en nuestro país
como una de las familias más cultas y distinguidas.
El
licenciado Domingo del Monte y Aponte, compuso sus primeros
versos con su querido condiscípulo el gran poeta cubano Heredia.
Sabía latín, italiano, portugués, francés, inglés y alemán,
empezando en 1829 su brillante vida literaria, dando a luz sus
primeros trabajos en el semanario ilustrado "La Moda", que había
fundado en unión de Vallarino, pero fue en la Sociedad
Económica de Amigos del País de La Habana, de donde era uno de sus
miembros más destacados, el centro principal en que desplegó sus
actividades, dando comienzo a los numerosos servicios que prestó a
las letras y a la propagación de las luces en general en Cuba.
Encargado en esa Corporación de la sección de Educación, preparó los
medios de uniformar la enseñanza en nuestro país, siendo nombrado
entonces inspector de escuelas de varios barrios de La Habana.
Colaboró en la "Revista Bimestre", "El Puntero Literario", "La
Aurora de Matanzas" donde publicó su sátira "La Rabála"; "El
Plantel", "El Aguinaldo Habanero", "El Álbum" y el DIARIO DE LA
MARINA, y en el año 1831 trabajó en el "Diccionario de voces
cubanas" que quedó inédita a pesar de haber sido encomendada a la
Academia de Literatura.
Casó
don Domingo del Monte con doña Rosa Aldama y Alfonso
(hermana del famoso revolucionario don Miguel),
estableciéndose entonces en Matanzas. Allí, en junio de su amigo el
poeta don Félix Tanco de Bosmeniel, logró despertar con sus
escritos un gran entusiasmo literario, dando a conocer a don José
Jacinto Milanés y Fuentes, en "El Aguinaldo", las dos primeras
composiciones de este malogrado poeta matancero, autor del "Conde de
Alarcos", fallecido prematuramente demente.
Muchas
de las creaciones de del Monte aparecieron en la obra "Rimas
Americanas" y en "América Poética". Conocedor a fondo de la
literatura española, llegó a ser no sólo un filólogo, sino un
bibliógrafo eminente y escritor de los más puros y elegantes,
habiendo contribuido notablemente a la impresión de la Historia de
Cuba por Arrate. Heredia le dedicó desde Toluca, su
tomo de versos; Palma le consagró sus poesías; Milanés
su "Conde de Alarcos" y Soco, desde París, el primer tomo de
sus famosas obras.
Compenetrado con las ideas políticas de sus cultos contemporáneos,
Varela, Saco, Pozos Dulces y otros, comprendió
del Monte que debía embarcarse para el extranjero para no ser
perseguido y con esa finalidad, pidió en 1843 su pasaporte para
dirigirse a Europa. Muy gustoso el capitán general don Jerónimo
Valdés, ordenó que se lo despacharán a la mayor brevedad, pues
conocía las ideas políticas de del Monte y también sabía que
éste no había dejado de figurar en el ruidoso proceso del cónsul
inglés David Turnbull, acaecido en la Sociedad Económica de
Amigos del País en los primeros días del gobierno del capitán
general O’Donell. Del Monte llamaba a la esclavitud,
"una plaga peor que la de Asia, que infesta y contamina con su letal
influjo todo lo que toca".
Durante los años 1847 y 48 del Monte colaboró desde Madrid en
varios periódicos de La Habana, y allí también escribió su "Epístola
a Elicio". Fue desterrado de la Corte en 1852 por complicaciones
políticas que ocurrieron en ese año, pero pudo regresar al
siguiente, falleciendo en Madrid en el mes de noviembre de 1853. Al
ser conocida en La Habana su muerte, Mendive, uno de nuestros
más conocidos poetas dijo "pocas veces las sombrías ráfagas de
otoño, habrán tronchado del árbol de la vida un vástago más lozano y
más rico en savia benéfica; rara ocasión el ángel de la muerte habrá
cubierto con sus alas una inteligencia como la de Domingo del
Monte y Aponte que acaba de morir en Madrid y a quien tan
desoladas ------ hoy las masas de Cuba". Bachiller y Morales
dijo: "dejó al fallecer importantes trabajos inéditos sobre Cuba,
tenia ya su Teatro de la isla de Fernandina a -----de ----- a la
estampa. Las letras y la historia estarán de enhorabuena el día que
las obras de del Monte se publiquen. Su extensa correspondencia que
cuidaba con esmero, acreditará siempre la influencia que ejerció en
cuantos se dedicaron a la bella literatura en la isla de Cuba.
22
Febrero 1948
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