El
capitán general don Vicente de Raja, que tomó posesión del
gobierno de la isla de Cuba el 26 de mayo de 1716, trajo la odiosa
comisión de estancar la mayor parte del tabaco de nuestra Isla.
Consistía el proyecto en fundar en La Habana la Real Factoría, la
que compraría todo el tabaco del país y para ello tendría sucursales
en Remedios, Trinidad, Bayamo, y Santiago de Cuba. Para su
elaboración, se enviaría el tabaco a una fábrica establecida en
Sevilla.
Contra
este abusivo monopolio, se sublevaron casi todos los labradores del
territorio de La Habana, los que aprovechándose de las constancias
de haber entonces en esta plaza una reducida guarnición, y de no
estar concluido su recinto amurallado, entraron en la capital a mano
armada y obligaron al gobernador Raja a declinar el mando en
su segundo, teniente coronel don Gómez de Maráver y Ponce de León,
que ante esta grave situación, asumió el gobierno interino de la
isla de Cuba el 23 de agosto de 1717.
A
duras penas se escapó de las furias de los amotinados el capitán
general Raja, que tuvo que refugiarse en el castillo de la
“Fuerza”, pudiendo embarcarse en un galeón para España en unión de
los empleados que venían destinados para la “Real Factoría de
Tabacos”, entre ellos, don Manuel de León, que había sido
nombrado Factor General y Visitador.
Al
enterarse don Felipe V de lo ocurrido en La Habana, confió el
mando de la Isla al brigadier don Gregorio Guazo Calderón y
Fernández de la Vega, caballero de la Orden de Santiago, que
tomó posesión del gobierno el 23 de junio de 1718, acompañado con
más de novecientos veteranos que vinieron para reforzar la débil
guarnición de esta Plaza, en la que quedó fijada en ochocientos
sesenta y cinco hombres y que por primera vez en La Habana, se
armaron de fusil y bayoneta, en vez de los mosquetes y picas que
usaron hasta entonces.
El
capitán general Guazo Calderón, inauguró su mando en Cuba con
un real indulto que preservó del castigo a los directores del
atentado que se cometió con su antecesor en el gobierno de esta
Isla, y entonces respaldado con las fuerzas que le habían
acompañado, reinstaló la “Real Factoría de Tabacos” con los mismos
empleados que habían tenido que huir del país el año anterior.
A
influjo del obispo Valdés y del ilustre habanero capitán don
José Bayona y Chacón, alférez mayor del Ayuntamiento y
alcalde ordinario de La Habana, primer conde de Casa-Bayona, señor,
justicia mayor y teniente a Guerra de la ciudad de Santa María del
Rosario, el rey Felipe V decretó en 1720 lo siguiente: "que
después de cubiertos los pedidos de la “Real Factoría”, se vendiese
a varias colonias españolas y aún la Metrópoli, el tabaco sobrante".
Por aquella época se hicieron grandes contrabandos.
Irritados los vegueros de Jesús del Monte, Guanabacoa y otros
lugares próximos a la Capital por la noticia de haberse restablecido
rigurosamente el estanco y la de que algunos compañeros habían
vendido a bajo precio sus productos a la “Real Factoría”, arrasaron
los plantíos de Bejucal y Santiago de Las Vegas, cuyos dueños habían
hecho la desventajosa operación. Cuando en número de más de mil
hombres armados trataron de invadir la Capital, les salió al
encuentro don Ignacio de Barrutía, capitán de caballería, que
los derrotó haciéndoles doce prisioneros, y por orden del capitán
general Guazo Calderón fueron ahorcados en las arboledas de
Jesús del Monte.
El
capitán general Guazo Calderón, reorganizó las tropas en Cuba
y de las dos Floridas, terminó el recinto amurallado de La Habana y
expidió varias patentes de corso que prestaron notables servicios en
esa época, apresando un gran número de embarcaciones francesas,
especialmente las de Trinidad, cuyos alcaldes tuvieron también
agrias cuestiones con los ingleses de Jamaica, por haber dado
acogida a algunos piratas alzados de la misma nación. También
ocurrió en aquella época, que parte de la marinería de la escuadra
que mandaba don Javier Cornejo, anclada en el puerto de La
Habana, desertó y se acogió en la iglesia parroquial de Jesús del
Monte, pero a pesar de ello el enérgico capitán general Guazo
Calderón, ordenó que fueran sacados a la fuerza y restituidos a
sus buques, amenazando con pasarlos por las armas sin respetar el
sitio donde se encontraban refugiados, lo que ocasionó el enojo del
Obispo Valdés. A fin de recobrar a Pensacola, recién tomada
por los franceses, confió Guazo Calderón al distinguido
habanero capitán Esteban Severino Berros y Garro (que más
tarde fue alcalde ordinario de La Habana), una expedición de
novecientos hombres y catorce buques para recobrarla. Logróse el
objeto, más los enemigos de España, volvieron pronto a ocupar la
plaza de Pensacola y los más de los expedicionarios fueron a Francia
en calidad de prisioneros.
El
general Guazo Calderón terminó su gobierno en Cuba, el 29 de
septiembre de 1724. Casó con doña Catalina Ana de la Torre y
Hurtado de Mendoza, y fueron padres del general Antonio Guazo
Calderón y de la Torre, que fue teniente rey de la Isla de Cuba,
caballero de la orden de Santiago, capitán general y gobernador de
la isla de Puerto Rico, y el cual casó el 18 de diciembre de 1753,
en la Catedral de La Habana, con la ilustre cubana doña Jerónima
de Jústiz y Zayas Bazán, hija de don Manuel José de Jústiz y
Umpierrez, coronel de los Reales Ejércitos, sargento mayor y
alcalde de la fortaleza del Morro, gobernador y capitán general de
San Agustín de la Florida y doña Beatriz de Zayas-Bazán y Frómeta.
La
referida capitana generala de la isla de Puerto Rico, doña
Jerónima de Jústiz y Zayas Bazán, era sobrina carnal del ilustre
habanero capitán Juan José de Jústiz y Umpierrez, alcalde
ordinario de La Habana, que fundó a sus expensas la iglesia mayor
parroquial de Matanzas, y a quien Su Majestad le concedió el
marquesado de Jústiz de Santa Ana, cuya merced se conoció en La
Habana después de su muerte, heredando este título su sobrino don
Manuel José Aparicio del Manzano y Jústiz, que era contador
mayor del Real Tribunal de Cuentas de la Isla de Cuba y alcalde
ordinario de La Habana, y en cuya descendencia ha continuado el
referido título nobiliario hasta su actual poseedora, doña María
Francisca de la Cámara y O’Reilly , hija de los difuntos condes
de Buena-Vista, casada con don Marcos Zárraga y Ortiz,
ingeniero industrial y químico azucarero.
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Julio 1948