En la
segunda mitad del siglo XVIII, procedente de San Agustín de la
Florida, se estableció en La Habana la familia Villaverde, a cuyo
linaje perteneció el conocido novelista cubano don Cirilo Villaverde
y de la Paz, que nació en el ingenio “Santiago”, propiedad de la
familia Lasa, situado cerca del pueblo de San Diego de Nuñez, y fué
bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen,
(quemada durante la guerra de Independencia), el 5 de diciembre de
1812. Era hijo de los habaneros licenciado Lucas Villaverde e
Izquierdo, médico, y de doña María Dolores de la Paz y Tagle.
Don
Cirilo Villaverde se graduó en Derecho Civil en la Universidad de La
Habana, pero pronto abandonó su carrera para entregarse a las
letras, cultivando con preferencia la novela romántica, la
descriptiva y la de costumbres. Escribió los episodios románticos
“La cueva de Taganana”, “La peña blanca”, “Teresa”, “El espetón de
oro” (traducida al alemán), y la novela de costumbres “Cecilia
Valdés o La Loma del Angel”, la que dio lugar a que un escritor de
la época dijese: “con razón se ha dicho que Villaverde fue el
primero que escribió una novela verdaderamente cubana. El fué quien
dio origen a “Una pascua en San Marcos”, a un “Antonelli”, y a una
“Carmen y Adela”.
El
cultísimo licenciado don Domingo del Monte y Aponte, distinguido
abogado, periodista y literato, miembro prominente de la Real
Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, atrajo a Cirilo
Villaverde a sus famosa reuniones literarias, y refiriéndose a su
conocida obra “Cecilia Valdés” (aún no se había publicado el segundo
tomo), dijo: “De esta novela sólo ha salido el primer tomo, y a fe
que es de sentirse, porque es el primer ensayo que se ha hecho en La
Habana por un ingenio nativo del país de esta clase de novela larga
que llaman los franceses roman. El señor Villaverde, que era
entonces muy joven, manifestó disposiciones muy aventajadas para
esta clase de composiciones; a vueltas de la incorrección del
lenguaje y de cierta crudeza en el estilo, lucía mucha frescura y
fecundidad de imaginación, conocimiento de las costumbres que
pintaba y sobre todo, una gracia por decirlo así, agreste y
primitiva en el dibujo y colorido de sus personajes”.
Más
tarde, Villaverde escribió: “El ciego y su perro”, “Los dos amores”,
“El guajiro”, “El penitente”, “La peineta calada”, “El misionero del
Caroni”, “La tejedora del sombrero de yarey”, “Amor fraternal”,
“Equivocación de nombres”, “La excursión a la Vuelta-Abajo”, y otros
trabajos novelescos, que le dieron fama. Fue profesor de varios
colegios en La Habana, y publicó un Texto de Geografía de la Isla de
Cuba, como también un libro de lectura titulado “Los cuentos y las
conversaciones”, sobre el cual se hicieron varias ediciones, y una
traducción del alemán de “El tamborcito o el amor filial”.
Doña
Mercedes de Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín, hija de los
condes de Mopox y de Jaruco, conocida escritora cubana, refiriéndose
a Villaverde, dijo: “Es hombre que hace bonitas y excelentes obras
sobre las costumbres del país; pertenece al número de los que hacen
honor a nuestra Patria, y me alegraré conocerle antes de volver a
Europa”. La Merlín reprodujo en sus obras una parte de “El viaje a
la Vuelta-Abajo” que hizo Villaverde en 1837, en unión de Moreau de
Jones y del famoso presbítero cubano Francisco Ruiz, catedrático de
nuestra Universidad, que fue “una de las más fuertes columnas de la
instrucción pública en Cuba”.
En
1848 Villaverde tomó parte en la sublevación separatista acaudillada
por el general don Narciso López, por lo que fué preso y condenado a
diez años de presidio. En unión de otros, el 4 de abril del
siguiente año, logró escapar saliendo del puerto de La Habana en un
barco de vela que lo condujo hasta la ría de Apalachicote, en la
costa meridional de la Florida, desde donde se dirigió por tierra a
Savannah y Nueva York. Poco después, pasó a Filadelfia, donde
enseñaba el español y donde casó el 8 de julio de 1855, con la
distinguida cubana doña Emilia Casanova y Rodríguez Feo, que tan
activa parte tomó en los asuntos políticos de nuestro país, como fué
“alma de la Junta cubana de Señoras”, habiendo sido la primera que
bordó la actual bandera cubana, con la cual desembarcó en Cárdenas
don Narciso López. En 1855, Villaverde se acogió a una amnistía,
regresando a La Habana, donde en unión de Sterling y de don
Francisco Calcagno y Franielo Monzón, (autor del conocido
Diccionario de su nombre), colaboró en el periódico literario “La
Habana”, de que luego se hizo cargo exclusivamente, hasta que partió
nuevamente a Nueva York para ocuparse de asuntos más lucrativos, y
donde falleció el 24 de diciembre de 1894, dejando varios hijos que
se establecieron nuevamente en La Habana, habiendo donado al Senado
de la República de Cuba uno de ellos, llamado don Narciso Villaverde
y Casanova, la bandera cubana que bordó su madre Emilia Casanova y
Rodríguez Feo.
30 Enero
1949
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