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Del
Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco
El Castillo de la Punta y Sus Alcaides
Una
vez demolida por inservible la primitiva fortaleza de La Habana que
había sido construída en el año 1540 por el capitán Mateo de
Aceituno, sólo contaba para su defensa esta villa en la segunda
mitad del siglo XVI, con el castillo de la Fuerza (que aún existe y
admiramos frente a la actual plaza de Armas) recientemente
construido en aquella época, y el cual en realidad era más apropiado
para residencia de los gobernadores de la Isla, que para defender la
población de los continuos ataques de que era objeto.
Comprendiendo el gobierno de la metrópoli el peligro en que se
encontraba La Habana, resolvió fortificarla convenientemente, y para
ello nombró al maestre de campo Juan de Tejeda, gobernador de
la isla de Cuba, con el alto grado de Capitán General. Tejeda
tomó posesión del mando el 31 de marzo de 1589, ejerciéndolo
brillantemente hasta el mes de julio de 1594, en cuyo año dejó
terminadas las obras de la zanja real, que llevaba cerca de medio
siglo construyéndose, y la cual sirvió para surtir de agua a esta
población, obteniendo también durante su gobierno, el título de
Ciudad para la que hasta entonces había sido la Villa de San
Cristóbal de La Habana.
El
gobernador Tejeda era hombre de gran experiencia en estos
trabajos de fortificación, teniéndolo demostrado con anterioridad en
varios puntos de la América Central a donde había sido mandado con
la misión de hacer plazas fuertes, lugares que por no estar
defendidos convenientemente, eran fáciles presas de los enemigos de
España. Tan pronto como se hizo cargo del gobierno de Cuba,
comisionó al notable ingeniero Juan Antonelli, para llevar a
cabo la construcción de la fortaleza de los Tres Reyes o el Morro, y
del castillo de San Salvador de la Punta, conocido también en otros
tiempos, por los nombres de El Puntal y de Mesa de María, y cuyas
obras de construcción se iniciaron casi al mismo tiempo.
El
castillo de la Punta, cuya figura representa un cuadrilátero con
baluartes en sus respectivos ángulos, aunque muy inferior en todo a
la fortaleza del Morro, debido a su posición, le servía a éste de
eficaz auxiliar en la defensa del puerto de La Habana. En efecto,
situado a la derecha de la entrada del canal, sobre un terreno bajo
que permitía combatir con más facilidad, cogía entre dos fuegos a
los bajeles enemigos que pretendieran tomar el puerto, tarea que se
consideraba muy difícil, debido a la gran estreches de su canal de
entrada, situado entre ambos castillos.
La
fortaleza de los Tres Reyes o el Morro, se terminó poco antes que el
castillo de la Punta, sobre el alto peñasco que combate el
embravecido mar, a unas treinta y cinco o cuarenta varas de la
superficie de las aguas teniendo en su ángulo saliente un magnifico
torreón de doce varas de alto que llamaban el Morrillo, y que se usa
de atalaya para vigilar las embarcaciones que se avistan,
encontrándose situado a su pie, un pequeño baluarte titulado los
Doce Apóstoles, por el número de los cañones que le guarnecían.
Muchos
cubanos, entre ellos, varios miembros de la ilustre familia
Chacón, fueron alcaides de la fortaleza del Morro y del castillo
de la Punta, y así tenemos que el capitán Gonzalo Chacón Narváez
y Alarcón, natural de Antequera y tronco inicial en Cuba de esta
familia, fue alcaide del castillo de San Salvador de la Punta, por
real título de 12 de enero de 1618, y que su hijo, el capitán
Félix Chacón Narváez y Treviño, lo fue de la fortaleza del
Morro.
Más
tarde, don Luis Chacón y Castellón, coronel de los Reales
Ejércitos, fue alcaide del Morro y tres veces gobernó interinamente
en lo militar a la isla de Cuba. Así mismo, su hermano, el capitán
Gonzalo, fue alcaide del castillo de la Punta.
Otros
miembros destacados de esta familia, que aunque no tuvieron relación
con el mando de estas fortificaciones, creo conveniente citarlos
dada la gran importancia que tienen, como son, don Ruy González
Chacón, ascendiente de los duques de Peñaranda, marqueses de los
Vélez, de los señores de Casa-Rubios del Monte y de otros Grandes y
títulos de España; y don Domingo Hernández Chacón, que fue el
tronco de esta familia en la rama que se estableció en La Habana a
principios del siglo XVII, y que cuenta entre sus descendientes a
los condes de Mollina, con Grandeza de España, y a don Gonzalo
Chacón y Treviño, natural de la Habana, general de Galeones y
primer marqués de la Peñuela.
Como
se puede apreciar en este trabajo, la familia Chacón tiene
una enorme relación con la historia de nuestro país, por lo que creo
conveniente, dado el destacado interés que representan algunas de
sus figuras, alejarme un poco del tema principal, que hoy me ocupa,
para recordar que el capitán José Bayona y Chacón, alférez
mayor del ayuntamiento y alcalde ordinario de La Habana, fue
agraciado por Su Majestad con el título de conde de Casa-Bayona, y
de señor de Vasallos, justicia mayor y teniente a Guerra de la
ciudad de Santa María del Rosario, que había fundado en su demolido
ingenio Quiebra-Hacha, situado en la provincia de La Habana. Muerto
sin sucesión el primer Conde, pasó el título a su pariente don
Francisco Chacón y Torres, que fue segundo conde de Casa-Bayona,
alcalde ordinario y coronel de infantería de Milicias de la plaza de
La Habana.
En el
año 1761, el segundo conde cedió gratuitamente al gobierno, un solar
que lindaba por su frente con la calle que después se llamó
“Dragones”, el que comprendía toda la cuadra que va desde la actual
calle de Lealtad hasta la de Escobar, y en cuyo solar los capitanes
generales Ricla y Bucarelli, mandaron construir un pequeño
cuartel para ciento veinte hombres y otros tantos caballos, que
componían la única fuerza veterana que existió en Cuba durante
muchos años con el nombre de “Dragones de América”. En la
reorganización que en 1861 se hicieron de las tropas de la Isla, los
Dragones fueron aumentados, recibiendo entonces el nombre de
“Lanceros del Rey”. Poco después, se ordenó la ampliación del
cuartel de “Dragones”, para darle cabida a otro regimiento que se
llamó de la Reina.
Don
Laureano Chacón y Torres, coronel de infantería, regidor
perpetuo del ayuntamiento, alcalde ordinario y alguacil mayor
interino de La Habana, se distinguió notablemente en muchas acciones
de guerra contra los ingleses, en el año 1762, siendo encargado de
armar y preparar las milicias del país, para combatir a la escuadra
británica cuando ésta se presento frente a la costa de esta ciudad,
habiendo sido uno de los capitanes que se pusieron a la cabeza de
las milicias para organizar la defensa de la plaza, y con sus
acertadas y valientes acciones impidió el avance del enemigo hacia
los pueblos de Santiago de las Vegas y de Bejucal, logrando de este
modo mantener las comunicaciones con el resto de la Isla. Una vez
que capituló la ciudad de La Habana, se negó don Laureano a
rendir vasallaje al invasor, y a reconocer como rey al de
Inglaterra, proponiendo y firmando la protesta del Ayuntamiento
contra las intimidaciones del general inglés. Una vez hecha la paz,
el gobierno español le concedió una pensión en recompensa a sus
servicios y fidelidad a la corona española.
La
ilustre familia de Chacón, a mi juicio, la de mayor abolengo
en Cuba, ha producido a través de los siglos numerosos miembros que
se han destacado notablemente, especialmente en el ejército y en la
marina. En la actualidad esta ilustre Casa está representado por el
pariente mayor de los condes de Casa-Bayona, el cultísimo doctor
José María Chacón y Calvo, quien ha estado durante varios años
al frente de la Dirección de Cultura de la República, y que es sin
duda alguna, uno de los mayores valores de nuestro mundo
intelectual.
Hace
ya algunos años, encontrándome en Madrid en tiempos de la Monarquía,
y perteneciendo el doctor Chacón y Calvo a nuestro cuerpo
diplomático acreditado en España, llegó a mis oídos una frase que
pronunció Su Majestad Alfonso XIII, refiriéndose a mi
distinguido pariente: “A nadie otorgaré carta de sucesión en el
título de Casa-Bayona, mientras viva José María Chacón y Calvo,
que es a quien le corresponde llevarlo”. Con estas palabras, el gran
soberano español, demostraba la gran estimación que sentía por
nuestro ilustre compatriota.
Otros
cubanos y algunos españoles que fundaron familia en nuestro país,
también desempeñaron el cargo de alcalde del castillo de San
Salvador de la Punta, entre ellos:
Don
Andrés Munive Miranda y Orquinaza, que fue capitán de
caballería, alcaide de la Punta en 1660 y del Morro en 1683,
gobernador interino de la plaza de La Habana desde 1685 hasta el 87.
Casó dos veces: la primera, con doña María Pedroso y Farias;
y la segunda, con doña Jacinta Ruiz-Guillén y Loza, dejando
descendencia en Cuba de ambos matrimonios.
Don
Gaspar Mateo de Acosta, capitán de infantería y alcaide del
castillo de la Punta en 1683, fue abuelo materno del notable
historiador cubano don José Martín Félix de Arrate y Acosta,
autor de la interesante obra “Llave del Nuevo Mundo”, que fue la
primera de su clase en Cuba, y que permaneció inédita hasta 1830, en
la que fue mandada a imprimir por la Real Sociedad Económica,
encargándose de la tarea el ilustre patricio don Francisco de
Arango y Parreño.
También fueron alcaides de la Punta, don Juan Florencia y
González de Alfonseca, capitán de infantería, en el año 1731,
quien casó con doña Josefa María de Sotolongo y Maldonado, de
cuyo matrimonio nació: María Tomasa Florencia y Sotolongo,
que casó en La Habana con don Manuel García y Barrera,
ministro honorario del Real Tribunal de cuentas de la isla de Cuba,
dando origen a los condes de Bainos, fundadores del pueblo de este
nombre.
Don
Pedro de Aranda Abellaneda, sargento mayor del Presidio de la
Florida, fue alcaide del castillo de la Punta en 1687. Casó en La
Habana con doña Josefa de Estrada y Velázquez de Cuéllar, y
tuvieron por hija a Antonia, que casó con don Gabriel
Beltrán de Santa Cruz y Valdespino, regidor perpetuo del
Ayuntamiento y alcalde de esta ciudad, quienes dieron origen a los
condes de San Juan de Jaruco y de Santa Cruz de Mompox.
También fue alcaide del castillo de San Salvador de la Punta, el
capitán José Beltrán de Santa Cruz y Valdespino, sargento
mayor de la Flota de Nueva España, y padre de la segunda poseedora
del condado de San Juan de Jaruco.
Debido
al poco espacio de que dispongo, no menciono otros muchos cubanos
que ocuparon al alto cargo militar de alcaide del castillo de la
Punta, escribiendo sus gloriosos servicios, defendiendo con bravura
nuestra vieja y querida ciudad, constituyendo una realidad
irrebatible la participación importantísima que tuvieron estos jefes
militares cubanos en el desarrollo gradual, constante y pacífico de
La Habana, desarrollo que podemos apreciar y comprobar gracias a las
tenaces e imparciales investigaciones históricas que he realizado de
nuestra era colonial, y que a través de estas publicaciones las doy
a conocer a mis contemporáneos, para que sepan la labor eficacísima
que prestaron nuestros antepasados en la isla de Cuba.
20 Oct
1946
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