El
piadoso obispo don Diego Evelino de Compostela, fue el
primero que a fines del siglo XVII estableció el La Habana un asilo
para expósitos, en una casa que existía en el mismo solar en que
poco después el propio Obispo construyó el convento de Carmelitas
Descalzas de Santa Teresa de Jesús, en la manzana comprendida por
las calles de Compostela, Teniente Rey, Muralla y Villegas.
La
fundación de este convento se debió al Dr. Francisco Moreno de
Alba, profesor de medicina, y a su mujer doña Ana Tadiño,
los cuales por el año 1680 emplearon gran parte de su fortuna en su
establecimiento, sufriendo al principio su proyecto grandes demoras
y contradicciones que supo vencer el obispo de Compostela al
hacerse cargo de la mitra de Cuba.
Los
obispos sucesores de Compostela mejoraron notablemente la iglesia de
este convento, y en ella se estableció la cofradía de la Virgen del
Carmen, encontrándose al pie del muro del Evangelio el valioso
sepulcro del Obispo Compostela, con una lápida de mármol que
contiene grabado un largo y honroso epitafio en latín, alusivo al
bondadoso obispo.
En el
mismo convento de Santa Teresa, su Comunidad continuó durante muchos
años recibiendo en su torno a los niños abandonados. Los fondos
destinados por el Obispo Compostela para el sostenimiento de
los expósitos, fueron invertidos en el referido convento, quedando
sin recursos el asilo. La inesperada muerte de Compostela,
ocurrida en 1704, no le dio tiempo para dejar asegurado el
sostenimiento de la “Casa-cuna”, instalada provisionalmente en el
referido convento de Santa Teresa.
Por
Real cédula del 16 de mayo de 1705, se ordenó al nuevo obispo don
Jerónimo Valdés, estableciera a la mayor brevedad en La Habana
la Casa-cuna, cumpliéndose así el pensamiento y la voluntad del
Obispo Compostela. Después de vencer multitud de dificultades,
sobre todo en el orden económico, pudo instalar en 1710 a sus
expensas el obispo Valdés, la Casa-cuna, en una casa situada
en la calle de Oficios esquina a Muralla, dotando a la caritativa
institución de un pequeño capital para su sostenimiento y legando su
apellido a los niños que recibieran amparo en aquel asilo.
La
situación económica de la Casa-cuna se agravó considerablemente en
1780, pues tenía asilado a doscientos niños y sólo tenían capacidad
y recurso para treinta y cinco. Para salvar a la institución, se
hicieron recolectas, se crearon algunos impuestos y se tomaron otras
medidas que permitieron aumentar sus recaudaciones, pero no fueron
suficientes, dado el continuo crecimiento de la población y los
vicios que existían en su administración.
Para
resolver la triste y deplorable situación de la Casa-cuna, el
ilustrísimo señor Juan José Díaz de Espada y Landa, obispo de
La Habana puso al frente de ella, al ilustre habanero don Mariano
de Arango y Parreño, prestigioso sacerdote y miembro prominente
de la gran familia de su apellido en Cuba, que desempeñaba el alto
cargo del juez subdelegado de los bienes y rentas de la Santa
Inquisición de esta Isla y de Cartagena de Indias.
Arango
aceptó sin retribución alguna la dirección de la Casa-cuna exigiendo
a los Padres Franciscanos la entrega de la iglesia de San Isidro
(que venían usufructuando desde hacía muchos años), y la cual había
sido legada a la Casa-cuna, por el obispo Valdés. Después de
muchas luchas, consiguió Arango que los Franciscanos
entregaran la Iglesia, apoyado en una sentencia favorable que
existía con anterioridad y que no se cumplía. Tan pronto como
Arango tomó posesión de la referida Iglesia, trasladó para ella
el piadoso asilo de expósitos que se le había confiado, y el cual
adoptó definitivamente el nombre de Casa de Maternidad, en cuyo
lugar permaneció establecido, hasta que por decreto del Gobierno
Superior Político, de 29 de febrero de 1852, fue incorporado a la
Casa de Beneficencia, permaneciendo desde entonces las dos casas
regidas por una sola administración y un mismo reglamento.
Entre
las personas que le hicieron donaciones a la mayúscula inicial casa
de Maternidad, merecen especial mención las siguientes: condesas
de Fernándina, Jibacoa, Villanueva y Reunión de
Cuba, marqués de Arcos, conde de San Esteban de
Cañóngo, Rita Quesada de Arango, Teresa Herrera y de
la Barrera, Antonia María García Menocal, presbíteros
Francisco Javier y del Portillo y Domingo de Aguirre,
este último auditor honorario de la Rota Romana; Francisco Javier
y José Mariano Pedroso. También formaron parte de la Real
Junta de Caridad, los capitanes generales Tacón y Ricafort,
la cual organizó una función lírica en que tomó parte principal doña
Mercedes Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín, que a la
sazón se encontraba en Cuba.
Por
haber estado instalada la Casa de Maternidad en la iglesia de San
Isidro, debemos saber que el Dr. Francisco Moreno de Alba,
mencionado al principio de este trabajo, compró el 7 de octubre de
1696, a Lucía y a Luis sotolongo, unos solares en la
calle de San Isidro, situados entre las calles de Picota y de
Compostela, los cuales donó poco después a la mitra de Cuba, con el
objeto de que construyeran en ellos el convento de Carmelitas
Descalzas de Santa Teresa de Jesús, pero el obispo de Compostela
creyó más conveniente fabricar este convento en el lugar que ya
hemos narrado, edificando en estos solares una pequeña casa, rodeada
de una bella huerta, que le sirvieron de residencia al referido
obispo y a su sucesor don Jerónimo Valdés. Años más tarde,
fabricaron en uno de los ángulos de estos terrenos, una ermita que
fue transformada poco después en la iglesia de San Isidro, la cual
fue donada por el obispo Valdés a la Casa-cuna, con la Real
aprobación de 19 de agosto de 1728. Durante el sitio y toma de la
plaza de La Habana por los ingleses, en 1762, la utilizaron como
residencia del Capitán General y de la Junta de Guerra, y restaurada
esta Plaza en 1763, devolvieron la posesión de esta iglesia a los
Padres Franciscanos que hacía años que la ocupaban, los cuales
cedieron al gobierno la mayor parte del terreno que ha sido
utilizado para diversas dependencias del Estado, como han sido el
hospital militar, cuartel de artillería rodada y de montaña,
talleres de maquinaria de la extinguida Escuela Profesional y el
Anfiteatro anatómico. En la actualidad la Iglesia no existe y el
resto del edificio está ocupado por un garaje y viviendas de pobres.
Después de haber estado en posesión de la iglesia de San Isidro
durante muchísimos años los Padres Franciscanos, y de los servicios
que éstos prestaron al Estado, con la cesión de gran parte de sus
terrenos, don Mariano de Arango y Parreño, a nombre de la
Casa-cuna, exigió la entrega inmediata de ella, siendo amparado por
la Real orden de 19 de febrero de 1830.
No
sólo fue el distinguido sacerdote don Mariano de Arango y Parreño
el que se distinguió en esta ilustre familia, pues este esclarecido
linaje ha producido a través de los siglos muchísimos miembros que
se han destacado notablemente en el clero y en el ejército, y como
hombre de estado, al gran habanero don Francisco de Arango y
Parreño, que tanto contribuyó al desarrollo y fomento de nuestro
país, por lo que el Ayuntamiento de La Habana, pidió y obtuvo para
él, título de Castilla con la denominación de marqués de la
Gratitud.
A
principios del siglo XVII aparecen los Arango establecidos en la vía
de Cudillero, en Asturias, donde se encontraban empadronados como
los hijos-dalgo, y en el año 1680, pasó a Cuba don Pedro de
Arango y Monrroy, capitán de los Tercios de Flandes, para ocupar
el cargo de contador mayor de el Real Tribunal de Cuentas de la Isla
de Cuba y demás de Barlovento, dando origen a una noble y dilatada
descendencia, entre la que se encuentran:
Don
Antonio de Arango y Barrios, religioso de la orden de
Predicadores, y su hermano José, que fue catedrático de la
Universidad de La Habana.
Don
José Vicente de Arango y Prado Marocho, fue catedrático de
Patología y comisario de la Real y Pontificia Universidad de La
Habana.
Don
José de Arango y Loza, fue síndico procurador general, regidor
de el Ayuntamiento y alcalde ordinario de La Habana y director de la
Real Compañía de Tabacos de la Isla de Cuba.
Licenciado Manuel Felipe de Arango y Meyreles, fue síndico
procurador general y regidor alférez real de el Ayuntamiento, cuyo
cargo heredó del primer marqués de la Real Proclamación, y al cual
lo vinculó poco después Manuel Felipe, en su familia.
Don
Rafael de Arango y Núñez del Castillo, fue coronel de caballería
y uno de los héroes del Dos de Mayo de la guerra de independencia
española. Siendo ayudante del regimiento de Artillería, contribuyó
con los héroes Daoiz y Velarde, a armar el paisanaje y
con ellos batió al enemigo; la sangre de Velarde, herido de
muerte, salpicó sus ropas y poco después, el esforzado Daoiz,
exhalaba el último suspiro en brazos de este valeroso militar
cubano. Fue incorporado poco después a las tropas del general
Castaños, encontrándose la batalla de Bailén. Una vez en La
Habana, publicó el folleto titulado "La memorable defensa del parque
de artillería de Madrid el dos de mayo de 1808". Años después, el 2
de mayo de 1858 se rindió en La Habana a su memoria, una gran
evocación, colocándose una lápida en la fachada de su casa en esta
ciudad. Su hermano Andrés, fue coronel del ejército, y
también se batió en Bailén.
Don
Anastasio de Arango y Núñez del Castillo, fue mariscal de campos
de los Reales Ejércitos y director del Real Cuerpo de Ingenieros.
Levantó los planos de Nipe y de Guantánamo, formando un presupuesto
para el camino de este último lugar a Santiago de Cuba. También
publicó una memoria sobre la "Defensa general de la Isla de Cuba".
Durante la era republicana, se distinguió en la guerra de
Independencia de cuba, don Raúl de Arango y González del Solar,
que alcanzó el grado de coronel.
La
actual marquesa de la Gratitud es Mercedes de Arango y del Valle,
cuyo título se concedió, como he dicho antes, para premiar los
innumerables servicios prestados en Cuba por el gran patricio don
Francisco de Arango y Parreño.
10
Noviembre 1946