El
teniente general don Domingo Dulce y Garay, marqués de
Castell Florite, fue nombrado el 10 de diciembre de 1862, capitán
general y gobernador de la Isla de Cuba, para sustituir al general
don Francisco Serrano y Domínguez, primer duque de la Torre y
segundo conde de San Antonio por su matrimonio con la bella cubana
doña Antonia Domínguez y Borrell.
El
general Dulce acababa de distinguirse en España durante el
largo período de la guerra civil de Cataluña, en el que fue herido
cinco veces habiendo tomado parte en cuarenta y ocho funciones de
guerra, por lo que obtuvo cuatro cruces de primera clase de la Orden
de San Fernando.
Entre
otras muchas encomiendas, trajo a Cuba en la orden de derribar las
ya inútiles murallas que sirvieron en otra época de defensa de la
plaza de La Habana. Como antiesclavista, se opuso tenazmente al
tráfico, por lo que mereció el aplauso de muchos prominentes
cubanos, entre ellos, el del conocido escritor don Gaspar
Betancourt y Cisneros (El Lugareño), miembro de una de las más
antiguas y nobles familias de Camagüey, que cantó la alabanza del
general Dulce en "El Fanal". Siendo Argüelles
gobernador de Colón, realizó la aprehensión de una expedición de
negros que venían consignados para el ingenio “Agüica”, y el
Gobierno, con arreglo a lo dispuesto, recompensó su servicio con la
cantidad de $15,000; pero al embarcar Argüelles para Nueva
York, se descubrió que había vendido ciento cuarenta y un negros de
los que había capturado. Entonces, pidió el general Dulce su
extradición, ocasionando esto graves contestaciones diplomáticas,
entre el Gobierno Superior y el secretario Mr. Seward. En una
nota del cónsul americano en La Habana, se hizo constar lo
siguiente: "Los ciento cuarenta y un negros vendidos como esclavos
por Argüelles, fueron presentados como muertos de enfermedad
después del desembarco, y el cura párroco de Colón fue acusado de
haber firmado un nuevo registro de defunciones, en las que se
incluían las de los ciento cuarenta y un esclavos aprehendidos en
Colón".
La
persecusión de la trata hizo honor a la inteligencia y energía del
general Dulce, cuyos procedimientos justos y honrados
permitieron a sus sucesores en el gobierno de esta Isla, la creación
de escuelas gratuitas y el arreglo de la recaudación, y también por
su sagaz tolerancia permitió a la prensa la exposición para la Junta
Informativa, quedando eternizado su recuerdo en nuestro país "como
un cubano más", haciéndose así constar en la despedida que se le
ofreció en una gran serenata que presidió el ilustre don Agustín
Valdés Aróstegui , segundo conde de San Esteban de Cañongo,
alcalde de La Habana, a nombre del Ayuntamiento y de todo el pueblo
de Cuba, elevándose poco después una exposición a la Reina en la que
se pedía "que continuara el general Dulce en el gobierno de
la isla de Cuba" (30 de mayo de 1866).
A su
llegada a España, entregó a su Gobierno el honroso informe sobre su
actuación en Cuba, en el cual incluía su idea de "vientres libres"
para los esclavos, la cual ya había emitido durante su mando en esta
Isla, con gran protesta de los hacendados.
Tan
pronto como le fue posible, regresó a La Habana el general Dulce
para contraer matrimonio (marzo de 1867, Catedral, libro 12) con la
distinguida y bella cubana doña Elena Martín de Medina y Molina,
viuda del segundo conde de Santovenia, embarcando nuevamente para
España.
Era
doña Elena natural de Ceiba Mocha, en Matanzas, descendiente
de sus primeros pobladores, pues hay constancia que el 19 de marzo
de 1725, el Ayuntamiento de dicha provincia mercedó sus tierras para
la fundación del partido de Ceiba Mocha, al presbítero Pablo de
Medina y a don Francisco Martín de Medina a nombre de don
Carlos del Rey, quedando fundada dicha población en el año
1764.
La
hermosa doña Elena Martín de Medina y Molina, había casado
dos veces con anterioridad: la primera con don Juan de la Cruz
Van der Putter y Writing, natural y regidor del Ayuntamiento de
Matanzas, y la segunda, con don José María Martínez de Campos y
de la Vega, segundo conde de Santovenia, regidor, alcalde
ordinario y coronel de caballería de milicias de Matanzas, senador
del Reino y miembro de mérito de la Real Sociedad Económica de
Amigos del País de La Habana. De ambos matrimonios quedó una ilustre
descendencia, representada la primera por el doctor Jacinto
Pedroso y Hernández, abogado y banquero, y sus distinguidos
sobrinos los Álvarez Pedroso; y la segunda, por don Carlos
Martínez de Campos y Serrano, actual duque de la Torre, conde de
Santovenia, San Antonio y Llovera, comandante de Artillería y del
servicio de Estado Mayor del Ejército Español.
Al
darse en Cuba el escrito de Yara, fue destinado nuevamente para el
gobierno de la isla de Cuba el general Dulce, y a despecho de
su enfermedad (cáncer del estómago), llego cadavérico a La Habana el
cuatro de enero de 1869, para relevar al capitán general Lersundi.
Poco después de hacerse cargo del mando, ocurrieron los siguientes
sucesos: los del teatro de Villanueva y del Louvre, allanamiento de
la casa de Aldama, prisión de Belisario Álvarez y Céspedes y
fusilamiento de José Cándido Romero, que mancharon la memoria
del general Dulce y cuyos hechos contribuyeron a la
insurrección de la misma Habana, siendo depuesto poco después por
una insubordinación militar que ocurrió en esta capital, en la que
tuvo que entregar el mando al segundo cabo Francisco Xinovés
Espinar, que fomentaba la anarquía en el país, buscando una
interinidad en el Gobierno de esta Isla.
25
Abril 1948