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Del Pasado - Por el Conde San Juan de Jaruco

Primer Mando en Cuba del Capitán General Concha

Para reemplazar al conde de Alcoy como capitán general y gobernador de la isla de Cuba, fue nombrado el 18 de septiembre de 1850, el teniente general don José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, caballero de la Orden de Santiago, más tarde marqués de La Habana, grande de España, vizconde de Cuba, presidente del Senado y del Consejo de Ministros, hermano del valiente militar español marqués del Duero.

El general Concha llegó a nuestro país precedido de gran fama de liberal, recibiendo una magnífica ovación en el teatro de Tacón. Permitió, que ciñéndose al texto del dúo de "Los Puritanos", dijera el artista Marini, libertad, en vez de lealtad, como exigía hasta entonces la rígida censura.

Al poco tiempo de haber iniciado el general Concha su gobierno en Cuba, dirigió a la Corte una interesante Memoria donde exponía la situación en que se encontraba la Isla, y las medidas que debían aplicarse, haciendo notar en ella la división que existía entre cubanos y peninsulares, y que la corriente de desafección hacia España aumentaba considerablemente, atribuyendola principalmente a la apertura de los puertos de Cuba a todas las naciones del mundo, medida que había llevado a esta Isla a muchos extranjeros que influían notablemente en el cambio de las costumbres y de las ideas políticas, y sobre todo, a los frecuentes viajes de los cubanos a los Estados Unidos. El general Concha tenía el convencimiento de que la situación geográfica de Cuba, despertaba la codicia de la vecina nación americana, y que antes o después, los Estados Unidos intentarían hacerse dueña de esta Isla, exponiéndolo así en una Memoria Militar que también envió a España.

La instrucción pública mereció la atención preferente del ilustrado capitán general Concha, especialmente la primera enseñanza. Cuando se encargó del gobierno de Cuba, las escuelas sostenidas con fondos municipales no era más que 21, y cuando cesó en el mando de la Isla, las escuelas aumentaron hasta 285.

Durante el primer gobierno en Cuba del general Concha, ocurrió la segunda expedición dirigida por don Narciso López y Oriola, la cual partió de Nueva Orleans el primero de agosto de 1851, en el vapor "Pamposo", con seiscientos hombres, en su mayor parte extranjeros, y entre los cuales se encontraba el coronel William Crittenden, sobrino del abogado general de la Unión. Encontrándose en Cayo Hueso surtiéndose de carbón, se presentó un falso insurrecto que los indujo a dirigirse a la provincia de Pinar del Río, desembarcando en el sitio denominado "Las Playitas", cuatro leguas al Este de Bahía Honda, siendo batidos y apresados poco después gran número de ellos, en el lugar llamado " Las Pozas", por las tropas mandadas por el general Manuel Enna, segundo cabo de la Isla, que fue más tarde herido gravemente en el cafetal de Frías, falleciendo poco después en el vagón que lo conducía a la Habana. Don Narciso López, abandonado, con sólo dieciséis hombres de los suyos, fue sorprendido en el sitio Candelaria por un grupo de paisanos, compuesto por varios hombres a cuyo frente iba un vecino de San Cristóbal llamado Antonio Sánchez Castañeda. Conducido a la capital don Narciso López, fue sentenciado y ejecutado en garrote, a las siete de la mañana del primero de septiembre de 1851 en las faldas del Castillo de Atarés. Ciento cuarenta y siete prisioneros, fueron sentenciados a presidio.

El coronel Crittenden que se había quedado con su gente cerca de Bahía honda, en el sitio conocido por el Morrillo, fue atacado por tropas del general Enna, logrando escapar con grandes dificultades y embarcar en varios botes, pero perseguidos por el vapor Habanero, que conducía al general Bustillos jefe del Apostadero de la Habana, fue apresado con cuarenta y nueve individuos, y conducidos todos a esta capital, se les condenó a muerte, siendo fusilados en las faldas del Castillo de Atarés, el primero de septiembre de 1851.

En un folleto de aquella época, se publicó lo siguiente refiriéndose a don Narciso López: "Su fama de Guerrero enérgico no bastaba para su empresa y hubo candidez de su parte al creer que desembarcando con su espada por estandarte y un puñado de soldados, el pueblo entero de la Isla acudiría en masa a combatir bajo sus banderas". Era la verdad que en una gran parte del pueblo reinaba el descontento, pero la idea era descabellada, y había sido combatida por Saco y otros muchos cubanos de arraigo en el país; anexionistas eran la mayor parte de los invasores, y Saco había dado en tierra con el partido que pedía entonces la anexión.

Don Narciso López y Oriola, era natural de Venezuela, y se había distinguido en la guerra de sucesión española como oficial de caballería, mereciendo el renombre de "primera lanza del ejército". Más tarde, alcanzó el grado de teniente general de los Ejércitos Nacionales, y desempeñó el cargo de gobernador militar de Valencia. Llegó a Cuba a las órdenes inmediatas del capitán general don Gerónimo Valdés, quien lo nombró gobernador militar de Trinidad, pero al tomar al mando del gobierno de la isla de Cuba el teniente general O'Donell, lo destituyó de todos los cargos que su antecesor le había conferido, teniendo entonces don Narciso López que dedicarse a diversas empresas industriales. Por aquella época, año de 1848, fue cuando el general López se había hecho vecino de Cuba y casado con doña María Dolores Frías y Jacott, hija de los condes de Pozos-Dulces, (después esposa del licenciado José Antonio Saco), comenzando en sus conspiraciones, por lo que tuvo que embarcar para los Estados Unidos, para reunirse a los cubanos residentes en New York, desde donde proyectó poco después su primera expedición a nuestro país, tomando a Cárdenas, pero teniendo que huir en seguida debido a no haber correspondido el pueblo a la sublevación.

Don José Isidoro Armenteros y Muñoz, miembro de una de las más antiguas familias del país, apoyó en Trinidad a Narciso López, tomando parte muy principal en la conspiración de "La Mina de la Rosa Cubana". Poco después, fue capturado por las tropas españolas, y sometido a un consejo de guerra, fue fusilado el 18 de agosto de 1851 en el lugar conocido por "La Mano del Negro".

Don José Joaquín Agüero y Agüero, miembro de una de las principales familias de Puerto Príncipe, individuo de mérito de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana, y figura destacada de la Junta Revolucionaria de su provincia, que ayudaba a los planes del general Narciso López, y de los cubanos residentes en New York, después de haber dado la libertad a sus esclavos, se alzó en armas con otros conjurados dando el grito de independencia el cuatro de julio de 1851 en San Francisco de Jücaral. Atacado por las fuerzas del general Concha en la "Loma de San Carlos", cayó prisionero con el resto de sus compañeros que componían la "Partida de Agüero". Conducidos a Puerto Príncipe al cuartel de Lanzeros, fueron fusilados en la "Sabana de Méndez" el 12 de agosto de 1851.

La noticia de las ejecuciones de Crittenden y de sus cuarenta y nueve compañeros, se recibió en Nueva Orleans el 21 de agosto de 1851, dando lugar a una terrible explosión de ira por parte de los que simpatizaban con el movimiento. El pueblo atacó las oficinas del periódico español La Unión y las del Consulado, y en Cayo Hueso y en Mobila, tuvieron lugar escenas parecidas. El mismo Gobierno americano tuvo momentos de vacilación, y dejándose en ellos arrastrar por esa corriente, envió a la Habana al comodoro Parker, para investigar la legalidad de los fusilamientos, pero el capitán general Concha se negó a recibirlo oficialmente, es decir, en otro concepto que en el de comodoro y sólo en conversación particular le demostró que se había observado la ley.

La noticia de aquellos atropellos y de esta ingerencia, produjo gran disgusto en la Península. El Gabinete de Madrid formuló enérgicas reclamaciones por los primeros, exigiendo una amplia reparación por la ofensa hecha en él Norte al pabellón español e indemnizaciones para los españoles perjudicados. El Gobierno de Washington no se dio mucha prisa a contestar, pero al fin lo hizo dando amplias y satisfactorias explicaciones, y ofreciendo indemnizar al cónsul español, aunque, no a los demás españoles; que los funcionarios del Gobierno federal recibirían en Nueva Orleans a dicho cónsul con un saludo nacional a la bandera de su buque, "como una demostración de respeto que pueda hacerle conocer a él y a su Gobierno, la reprobación del Gobierno de los Estados Unidos de la enorme injusticia hecha a su predecesor por una turba desenfrenada, así como la ofensa e insultos inferidos por ellos a una nación extranjera, con la cual los Estados Unidos están y quieren permanecer en los términos de las más respetuosas y pacíficas relaciones". Así se conjuró el conflicto de momento, aunque quedase necesariamente en pie el origen de todas las dificultades.

El 22 de abril de 1852, cesó en su primer mando de la isla el teniente general don José Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, "en razón de cierto artículo que atacaba al Gobierno y que se supuso publicado con su autorización". Puede agregarse a los acontecimientos ocurridos en Cuba durante su gobierno, la venida del general mexicano Santana, y la causa y suplicio de Facciolo. A su llegada a Madrid, el general Concha dio a luz un libro sobre el "Estado político, gobierno y administración de la Isla de Cuba" al cual debió esta Isla un lento cambio de frente en el gobierno de España respecto de la política cubana, que culminó en la Junta de Información de 1866.

7 Septiembre 1947

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