Después de haber ocurrido la toma de La Habana por los ingleses, en
1762, se comprendió la necesidad de reconstruir el Morro, que había
sido destrozado durante el asedio, y hacer nuevas fortificaciones en
esta Plaza; misión que trajo a Cuba, entre otros muchos planes de
importancia, el teniente general don Ambrosio Funes de
Villalpando y Abarca de Bolea, conde de Ricla, capitán general y
gobernador de la Isla de Cuba, que con arreglo al tratado de
Versalles, vino a tomar posesión de La Habana, en nombre del rey de
España, el 8 de julio de 1763, en una escuadra de cuatro navíos de
línea, algunos buques de transportes y el regimiento de infantería
de Córdoba, que se componía de dos mil hombres.
Ricla
llegó a La Habana acompañado de un distinguido grupo de militares,
entre los cuales se encontraba el general Alejandro O’Reilly y Mc
Dowell, que como segundo de Ricla, hizo su entrada por la
calle que después se llamó O’Reilly, mientras que el inglés,
conde de Albemarle, salía por la calle de Obispo, en dirección
al puerto.
El
brigadier don Silvestre de Abarca, y el coronel don
Agustín Cramer, que también vinieron con Ricla, en unión
del habanero don Antonio Fernández Trevejo y Zaldívar,
coronel de infantería, ingenieros todos de gran reputación,
reconstruyeron el Morro, y trazaron y levantaron los castillos de
San Carlos de la Cabaña y de Atarés, con grandiosas dimensiones
estos últimos, dejando fortificado de una manera casi inexpugnable,
la derecha y el fondo de la bahía de La Habana.
En
1774 quedaron terminadas las obras en la Cabaña, que debe su nombre
a la loma sobre la que está asentado el castillo, y que se decía,
"Cerro de la Cabaña", por haber existido allí en otros tiempos, unos
bohíos o cabañas. La historia nos recuerda que el notable ingeniero
Juan Bautista Antonelli, constructor del Morro, en 1595,
subido sobre dicho cerro, dijo: que el que lo dominase, se haría
dueño de la ciudad. Profecía que se cumplió, cuando la invasión
inglesa en 1762.
Algunos años antes que se terminarán las obras en la Cabaña, fueron
concluidas las del Castillo de Atarés, sobre una loma que era
conocida por la de González, por haber pertenecido anteriormente sus
terrenos, hasta la esquina de Tejas, a un señor llamado Manuel
González.
En la
época en que fueron edificados ambos castillos, sus terrenos
pertenecían a don Agustín de Sotolongo y Pérez de las Alas,
tesorero de Cruzada, que los cedió gratuitamente al Gobierno, con
esa finalidad.
La
familia Sotolongo, a la que pertenecía el donante de los
terrenos, es tan antigua en Cuba como lo son las de Velázquez de
Cuéllar, Cepero y Roxas, parientes de estos
últimos, pues hay ramas de los Sotolongo que antepusieron el
Roxas a su apellido. Para nuestra historia tiene una gran
importancia la familia Sotolongo, pues durante los tres
primeros siglos de la dominación española, los miembros de esta
familia contribuyeron notablemente a la pacificación, fomento y
desarrollo de la Isla, donde ocuparon los primeros cargos públicos y
tomaron participación directa en su gobierno.
Los
Sotolongo remontan su nobleza, bien probada, hasta el reinado de
don Enrique IV de Castilla, en que éste armó Caballero en la
Vega de Granada, el 22 de junio de 1445, a don Juan Rodríguez de
Sotolongo, en presencia de muchos caballeros, entre los cuales
se encontraba don Fernán Álvarez de Toledo, conde de Alba, a
quien se dirigió Su Majestad para decirle: "Que verdaderamente se
echaba mucho de ver en Sotolongo, ser noble, y que lo había
demostrado en todos los encuentros que había tenido con los moros".
Agregando: "es hijo-dalgo como un gavilán, y yo le he visto".
Aprovechó Sotolongo esta benevolencia del rey, para pedirle
que lo permitiera agregar a su escudo de armas un gavilán, a lo que
hace accedió gustoso Su Majestad.
Don
Francisco de Madrid Sotolongo, fue el primero de esta familia
que pasó a la Isla de Cuba, según se comprueba por una información
hecha en Santiago de Cuba el 7 de octubre de 1519, donde consta que
era vecino y escribano de la villa de San Cristóbal de La Habana, y
su alcalde ordinario en 1532.
El
capitán Juan Bautista de Roxas Sotolongo y Laredo, desempeñó
multitud de cargos de importancia el La Habana, entre ellos, el de
alcaide del Castillo de la Fuerza y al fallecimiento de don
Francisco Carreño, gobernador de la Isla de Cuba, le sucedió
interinamente en el mando, y cuyo cargo volvió a desempeñar el 9 de
octubre de 1585, como teniente general del capital Gabriel de
Luján, gobernador de esta Isla.
Don
Diego de Sotolongo y Roxas, fue uno de los primeros pobladores
de la Isla de Cuba. Ayudó al apresto de la Armada que se hizo en La
Habana, y que había de llevar a Hernán Cortés a la conquista
de México. Desempeñó los primeros cargos en esta villa, como fueron:
oficial real de Hacienda, procurador general, Diputado y regidor del
Ayuntamiento. Cumpliendo una Real Orden, se le eligió todos los años
alcalde ordinario de La Habana. En tiempos que gobernaba esta Isla
don Diego de Mazariegos, acudió en defensa de La Habana con
sus hijos, criados, armas y caballos, cuando fue atacada esta villa
por cinco navíos franceses, sosteniendo de su peculio a todos los
vecinos que acudieron en defensa de ella. En 1574, fue nombrado
gobernador interino de la Isla, mientras el propietario, don
Gabriel de Montalvo, visitaba las poblaciones del interior, y
durante su mando, que duró hasta el 4 de marzo de 1575, se
remitieron a España cedros y caobas, para la construcción del
palacio de los reyes, el Escorial.
Don
Cristóbal de Sotolongo y Salazar, fue teniente gobernador de la
plaza de La Habana, y su hermano don Ambrosio, gobernador
político de esta Isla.
El
capitán Cristóbal de Sotolongo y González, obtuvo una Real
cédula que dice así: “El Rey.- Nuestro Gobernador de la Isla de Cuba
por parte de Cristóbal de Sotolongo residente en esta Isla se
Nos ha hecho relación que ha descubierto y traído de paz y a Nuestra
obediencia los indios macuriges que andaban por esta Isla en los
montes y sin lumbre de fe y en ello se le siguió mucho trabajo y
gasto por haberlo hecho a su costa y llevado para ello treinta y
seis personas que le ayudaron. Suplicándonos que en gratificaciones
ello le Mandaremos los ocho indios para que los hubieren como tienen
indios otras personas de las que residen en otras partes de las
Nuestras islas y como la Nuestra merced fuese e visto por el Nuestro
Consejo de las Indias por qué Queremos hacer merced competente al
dicho Cristóbal de Sotolongo vos mandamos que luego veais
esta Nuestra cédula Me aviseis de ello y en el entretanto que lo a
haceis y acá se procede lo que convinieseis tengais cuenta con el
cuidar honrar y favorecer e ser en lo que os pareciereis e tuviere
lugar. Fecho en Madrid a 4 de junio de 1576. Yo él Rey”.
Son
muchísimos los miembros de esta numerosa familia que pudiéramos
citar en esta publicación, pero temo cansar al lector con una larga
relación de grandes personajes que brillaron a través de varias
generaciones en la administración de esta Isla.
Toda
la antigua nobleza habanera desciende de los Sotolongo, y
puede sentirse orgullosa de proceder de hombres que fueron tan
útiles a la patria; figuras notables que deben ser conocidas por
nuestros contemporáneos.
1
Septiembre 1946