Con motivo de
haber obtenido altas graduaciones
y fama mundial en la marina de Guerra española, varios
miembros de las antiguas y nobles familias del país, dando nombre y
prestigio a Cuba en el extanjero, voy a tratar de la historia de las
exclusivas Reales Compañías de Guardias-Marinas, instituto
esencialmente nobiliario, donde estudiaban los jóvenes miembros de
la primera nobleza de España y sus colonias, hijos de príncipes, de
grandes, de almirantes y de generales.
La decadencia
de la marina militar española, fue acrecentándose notablemente
durante los reinados de los últimos Hapsbourg, a tal extremo, que al
extinguirse esta dinastía al final del siglo XVII, por falta de una
marina de guerra competente, perdió España las islas que poseía en
el Mediterráneo, y sus flotas eran constantemente asaltadas por los
piratas y enemigos, que se apoderaban de las remesas de oro que se
remitían desde el Nuevo Mundo a la Península.
Al subir al
trono en 1700, el duque de Anjou, hijo segundo del Gran Delfín, con
el nombre de Felipe V, como nieto de doña María Teresa de
España y de Luis XIV, notó la deficiencia de la marina de
guerra española, por lo que no tardó en ordenar a su primer
ministro, cardenal Alberoni, la reorganización de este Cuerpo
a la altura de las primeras potencias del mundo, creando para ello
una oficialidad instruída y honorable a quienes se les pudiera
confiar el mando de la Real Armada.
Este ilustrado
príncipe francés, primer Borbón que reinó en España, educado en la
principal capital del mundo, encontró a la nobleza española sin
carrera, poco aplicada a seguir ninguna y en una y en una crianza
que no la distinguía de la plebe, y conociendo que sus genios eran a
propósito para cualesquiera facultades a que se dirigiesen, se pensó
a reducirla a términos en que pudiese aprovecharse la buena
disposición de su material, y no se propusieron otros más
proporcionados que el recogerla en una Compañía con el nombre de
Guardias-Marinas, siguiendo la máxima empleada por otros príncipes.
Desde entonces, hasta 1834, para ingresar a estudiar en esta
Academia, era requisito indispensable hacer previamente información
de nobleza, en igual forma que se acostumbra en la actualidad para
ingresar en las órdenes militares de Alcántara, Calatrava, Santiago,
Montesa y Malta, y en las Reales Maestranzas de Caballería, Ronda,
Sevilla, Granada, Valencia y Zaragoza.
Poco después,
el ministro Alberoni encomendó al competente intendente de
Marina, don José Patiño la reorganización de la Armada y el
16 de junio de 1717 fueron dadas a conocer las “Ordenanzas de
Patiño”, compuesta de noventa y nueve artículos, aunque poco antes
de publicada ésta, ya se había formado el Cuerpo de Caballeros
Cadetes, apareciendo en los libros maestros el primer asiento de
Guardia-Marina, a nombre del príncipe de Yache, hijo del príncipe de
Campo-Florido, gobernador y capitán general de la provincia de
Guipúzcoa, al que siguieron otros jóvenes que llevaban los primeros
nombres de la nación.
La primera
academia de marinos se estableció en el antiguo Castillo de la Villa
en Cádiz, llamado así por ser la fortaleza del recinto que tenía
cuando la población quedaba encerrada en lo que hoy es un pequeño
barrio de la ciudad. Orozco dice en su Historia, que lo
construyó el marqués de Cádiz, aprovechando para ello los materiales
de un coliseo romano que estaba donde hoy existen las
fortificaciones de Puerta-Tierra. Desde su creación se le
concedieron al Cuerpo de Guardias-Marinas extraordinarios
privilegios y prerrogativas, correspondientes a la clase distinguida
de los individuos que la formaban. Bien pronto esta Academia
adquirió renombre universal por la ciencia de los instructores y
perfecta disciplina, y por ello el Czar de Rusia mandó algunos
jóvenes de ilustres familias del Imperio a que adquirieran su
educación en este Cuerpo y regresados a su país, demostraron su
suficiencia alcanzando altas dignidades políticas y militares.
Don
Francisco Javier de Winthuisen, capitán de este Instituto, en
cuyos libros se hacían constar el lustre del nacimiento de los
cadetes, consiguió retratos y recuerdos de los marinos que
alcanzaron altas graduaciones, formando un curioso y prestigioso
museo, que hoy se llama “Museo Naval”.
Los expedientes
de ingreso de los Caballeros Cadetes se encuentran en la actualidad
en el archivo del Estado Mayor del Apostadero de Marina de San
Fernando, en perfecto orden y cuidadosamente guardados en cajas
metálicas. Entre ellos se encuentran los de muchísimos cubanos,
como fueron:
Los Topete,
los Gastón, los Pérez de Alderete, marqueses de
Casinas, los Valcárcel, marqueses de Medina, los
Chacón, marqueses de la Peñuela, los Montalvo,
condes de Macuriges, los Manuel de Villena, marqueses
del Real Tesoro, los Ruiz de Apodaca, condes de
Venadito, que todos alcanzaron el grado de general en la Real
Armada. Los Guiral cuentan con varios oficiales
distinguidísimos, entre ellos, don Jacinto que murió
heroicamente en la batalla de Trafalgar a bordo del “San Agustín”.
Los Mallen cuentan con doce oficiales notabilísimos, entre
ellos don Cristóbal, que fue jefe de Escuadra, mayor general
del apostadero de La Habana y capitán general de Marina del
departamento del Ferrol. Los Ambulodi, Auñon,
Basave, Baldesano, Freire de Andrade, Franchi-Alfaro,
Díaz-Pimienta, Mantilla, Morales, Espeliús,
Orozco, Matienzo, Morales de los Ríos,
Ramos-Izquierdo, Sotolongo, Ugarte, Ponce de
León, Zayas, Zuazo y otros muchos cubanos
imposible de relacionar en este pequeño artículo, que alcanzaron
todos, altas dignidades en la Real Armada española.
Aunque francés,
por haber sido el fundador en Cuba de su ilustre familia, debemos
hacer mención especial en este trabajo de don Pedro Claudio Du-Quesne
y Correur de Sercourt, cuatro marqués Du-Quesne, capitán de
navío de la Real Armada francesa, el cual encontrándose al mando de
su buque “Terme”, en la estación naval de las Antillas, se enteró de
la ejecución de Luis XVI y no queriendo servir a la República
y mucho menos a un pueblo que había decapitado a su soberano,
renunció a su cargo en la Armada, dando con ello un ejemplo de
caballerosidad, como hay pocos en la Historia. Ofreció sus
servicios a España, donde le reconocieron su grado de Capitán de
Navío. También debemos de recordar que Du-Quesne había
acompañado al general Lafayette a la guerra de independencia
de los Estados Unidos, y que por ello fue condecorado por el
general George Washinton con la orden de Cincinnatti. Esta
orden la heredan los marqueses de Du-Quesne a través de las
generaciones, en la misma forma que se hereda un título nobiliario
en España.
Cuando la
restauración borbónica en Francia, el rey Luis XVIII llamó a
Du-Quesne a su servicio, ascendiéndolo a contra-almirante de
la Armada y le otorgó el Gran Cordón de la orden de San Luis; pero
Du-Quesne continuó al servicio de España, alegando estar
casado con cubana, con quien tenía hijos, que estaban también al
servicio de esta nación.
19 Enero